14-06-2026, 03:54 AM
(Última modificación: 14-06-2026, 04:09 AM por Nyxara Archeron.)
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde
Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold
─ ♚ ─
La desplazó como una pieza en ese tablero de ajedrez y eso solo trajo consigo ese orgullo de reina y ese enfado de tormenta de regreso. Su mano izquierda buscó su propia espada contra su muslo, esa que Andover la había obligado a dejar atrás, solo para debatirse entre ese impulso salvaje de arrancarle los dedos de la mano como le había asegurado que lo haría o de acortar la distancia, agarrarlo de la gabardina y estampar al espadachín contra la madera del pasillo solo para borrarle esa sonrisa de autosuficiencia de los labios a…Los dedos de la escolta se cerraron sobre su cintura, y por un instante, un maldito instante, el mundo de Nyx se redujo a ese punto de contacto. Era una flagrante declaración de guerra, una respuesta que anulaba todas sus amenazas anteriores sobre no volver a ponerle un dedo encima, el desafío directo para mantener sus dedos unidos a su mano; ese hombre arrogante no solo volvía a insultar, con descaro, su espacio personal, también invadía su terreno con ese incendio contenido detrás de esos ojos, que su cuerpo al traicionarla nuevamente, encendía bajo su piel.
Respondió al instante con esa descarga de adrenalina que la recorrió por el centro de su espina dorsal, con esa fría precisión del acero desenvainado al percibir la fuerza física de un hombre que acostumbraba a jugar al lobo. No era una señal de sumisión, al contrario, eran todos sus sentidos gritando que debía mantenerse alerta mientras compartieran el mismo espacio físico, si quería salir ilesa.
Respondió al instante con esa descarga de adrenalina que la recorrió por el centro de su espina dorsal, con esa fría precisión del acero desenvainado al percibir la fuerza física de un hombre que acostumbraba a jugar al lobo. No era una señal de sumisión, al contrario, eran todos sus sentidos gritando que debía mantenerse alerta mientras compartieran el mismo espacio físico, si quería salir ilesa.
Esa, que ahora parecía luchar para hacerse un espacio en sus recuerdos.
Uno que ella no estaba dispuesta a concederle.
Ni a él.
Ni a ningún otro.
La dualidad de ese pensamiento la golpeo con fuerza justo cuando el la soltaba y la dejaba atrás con un nombre con peso propio para saborear en la punta de la lengua, como si acabase de lanzar un nuevo desafío ante ella. Por esa fracción de tiempo Nyx observó la forma de su espalda amplia bajo el abrigo mientras el avanzaba hacia la puerta con la confianza de quien acaba de desarmar a su oponente, volviendo a nivelar el avance que ella había tomado en la escalera de manera deliberada; le quemaba el orgullo por haberla tomado desprevenida y le irritaba de sobre manera como el calor de ese roce fragmentando en el tiempo, aun se mantenía sobre su piel.
Definitivamente, le terminaría arrancando cado uno de esos dedos hábiles.
La escolta no solo era confiado, arrogante e irritante, era un desafío vivo a su control. El primer hombre que, en mucho tiempo, no retrocedia ante su tormenta, sino que, avanzaba directo hacia ella como si no tuviese sentido propio de la preservación.
¿Lo peor? La ironía cargada que acababa de soltar en el pasillo le arrancó la sombra de una sonrisa de sus labios carmesí. Su cuerpo volvía a traicionarla y aquello solo la indignó más; la mirada de la Archeron cambio a penas, un gesto sutil, un descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas. Lo suficiente para que aquella calma orgullosa adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenía de volverse tormenta antes de arrasar con todo.
Si la escolta creía que un roce en su cintura sería suficiente para relegarla a una posición pasiva, simplemente, el aun no entendía a qué tipo de depredador había metido voluntariamente en su casa. Nyxara Archeron no se movía al ritmo de otros, al contrario, era ella quien dictaba el compás de ese baile ¿estaría listo para seguirle el ritmo? No esperaría una respuesta de su parte; el calor de sus dedos impresos en su piel, sus sonrisas de autosuficiencia y su ironía cargada fueron el combustible que la hicieron avanzar por el pasillo estrecho hacia él, no iba a darle el placer de quedarse con la última palabra.
Si la quería, tendría que pelear por ella.
Y Barald Kane estaba a punto de descubrir porque la reina podía moverse en todos los ángulos.
Avanzó con esa gracia felina, silenciosa, que la caracterizaba, solo para posicionarse nuevamente justo a su lado, en el estrecho espacio que daba el marco de esa puerta abierta de la habitación. Fue sencillo para ella notar como la escolta mantenía la vista al frente, hacia Sara, como si estuviese haciendo un esfuerzo consciente por no volver la mirada y entonces, solo entonces, con esa audacia calculada Nyx volvió a invadir ese espacio que otros considerarían “personal” aún sin mirar a la niña.
Nuevamente a ese medio paso de distancia.
– Esclavos – repitió ella, saboreando la palabra con la frialdad del acero. Nyxara Archeron sabía cómo funcionaban los escasos hombres como él. Acostumbrados a esas miradas bajas, a la sumisión de cortesía, al trato fácil de quienes buscaban complacerlos o temían al fuego contenido detrás de esos parpados, y él, Barald Kane, llevaba demasiado tiempo acostumbrado a ser un depredador…
Nuevamente era, exactamente la clase de hombre que ella…
Pero Nyx, Nyx no era la presa de nadie.
– Un negocio rentable para mentes mediocres, si creías que el panorama me causaría un desmayo Kane, me has juzgado tan mal como yo a ti – porque negar algo que había estado midiendo desde que abrió los ojos en esa habitación le resultaba una tontería – Ya descubrí que puedes hablar y caminar a la vez – lentamente ladeo el rostro, obligándolo a sostener la tensión de su cercanía, obligándolo a sostenerse en pie entre su propio perfume femenino mezclado con la sal del puerto – Ahora dime ¿puedes hablar y mirarme a la vez? – El mar de sus ojos nuevamente registraron los detalles de su rostro mientras lanzaba una verdad que no pensaba dejar escondida entre los detalles, porque para sostener el pie de guerra, ese “esto” que había entre la escasa distancia de sus cuerpos, Nyxara Archeron se encargaría de demostrarle a Barald Kane que podía morder más fuerte que él.
Y, de la misma forma que el se había detenido por una fracción de momento sobre su boca, ella lo imitó. Delineó la forma de sus labios como si quisiera trazarlo en sus propios lienzos de dibujo y solo cuando sostuvo ese instante para que el lo registrase en su propia retina, para que la intención se le grabara más allá en sus recuerdos, una sonrisa mínima, afilada, hermosa, delineó los carmesí – Porque sería una lástima descubrir que te faltan agallas para hacerlo –
La provocación quedó flotando ahí, en el espacio mínimo que había entre sus cuerpos ocupados en el marco de la puerta de esa habitación. Era ese hilo invisible y tenso que Nyxara Archeron podía sostener sin parpadear con ese porte de reina que cargaba consigo y lo obligaba a él, a Barald Kane, a procesar el peso de sus palabras mientras ella permitía que la promesa de su sonrisa afilada, hermosa, fuera lo último que mirase antes de que la realidad golpeara nuevamente, en ese espacio rentado ubicado en el puerto de Samba.
El pasillo ya se había sumido en una penumbra que los cobijaba cuando la puerta de la pequeña habitación abriéndose develo a la pequeña que ahí dormía plácidamente. Allí, ajena a la guerra de egos y al peligro latente que se fracturaba entre ellos, dormía Sara, la niña de samba.
Él no había mentido.
La había protegido para dejarla a salvo en esa cama.
Y Nyx..
Nyx le concedería una paz armada por ello.
El mar de los ojos de la Archeron se posó sobre la pequeña figura cubierta por las mantas gastadas y el corazón se aceleró de la misma forma que lo había hecho cuando esa carta llegó a sus manos. Una pequeña grieta, mínima, en su orgullo de reina que suavizaba su postura mientras el eco de la palabra esclavos volvía a ella.
El peso de una realidad en la que un niño no debería formar parte.
Por un momento sus fantasmas, esos que la llevaron hasta Samba, amenazaron con revelar demasiado de sí misma trayendo consigo esa sensación gélida de la pérdida, arrebatándole cualquier calidez que la escolta podría haber causado, momentos atrás, en su piel; se apoderó de su cuerpo en una única exhalación temblorosa, una que su pecho generoso intento sostener con la misma naturalidad salvaje de quien está acostumbrada a sangrar hacia dentro.
No podría prometerle a Sara que encontraría a su hermano, de la misma forma que no podía prometerle a su madre que encontraría a Aelira viva para llevarla a casa. Y ella…ella jamás haría una promesa que no pudiese cumplir.
Su mano fue esta vez hacia la manija de la puerta, cerrándola lentamente con el cuidado de una madre que no busca despertar a su hijo, obligándolos a ambos a volver al pasillo, a esa tregua armada en medio de la penumbra – ¿Eso es todo lo que lograste extraer Kane, “esclavos”? – Su voz descendió nuevamente a ese murmullo de seda, consciente de que una niña dormía al otro lado de la puerta, pero no desprovisto de esa exigencia implacable – Una palabra de tres sílabas para resumir una red compleja…Vamos Kane, se que puedes hacerlo mejor que eso – volvió a encararlo cruzándose de brazos bajo el pecho, mientras el mar de sus ojos sostenía el fuego detrás de esos parpados con el orgullo afilado que desafiaba constantemente su resistencia – Ya me demostraste que puedes caminar, hablar y sonreír a la vez, ahora, demuéstrame que tu intelecto no se agota en el resumen – Nyx exigía respuestas, no titulares de noticas en un tablero al inicio de un pueblo – Dime si te reveló algo más de Eli o si esos infelices dijeron hacia donde se llevaban a los niños antes de que decidieras jugar con el acero sobre sus cuellos. Necesito certezas, no conjeturas si vamos a saltar juntos al mismo pozo –
Dejó que el silencio se asentara entre ambos mientras el digería sus exigencias y fue en esa pausa, en ese semblante del hombre que le regresaba la penumbra, que la sombra del cansancio volvió a posicionarse allí, tal como había visto un momento atrás en la primera planta.
El peso apenas perceptible de esos hombros masculinos, nuevamente la sombra bajo el fuego de esa mirada y el propio cuerpo decidió recordarle a ella, que aún seguía siendo humana. Que su propio cansancio también estaba latente en esos tres días de viaje en barco donde casi no había dormido, en la herida del hombro que ardía de manera constante y que Nyx mantenía a raya a puro orgullo. En la adrenalina del encuentro de la playa, en ese pie de guerra que llevaban uno contra el otro desde que ella había abierto los ojos, y sostenerlo, en ese espacio cerrado contra la escolta, contra ese hombre arrogante y confiado con su irritante forma de ser, con todas las características para convertirse en…
Sin esperar su respuesta, ella se movió por el estrecho pasillo hacia la siguiente puerta empujándola con la punta de su bota solo para encontrarse con un baño pequeño.
“Lo que faltaba”
No necesitó volver la vista hacia la primera planta para saber que el único espacio disponible de descanso para ambos era ese sofá en el que ella había despertado; esa sutil sonrisa delineó sus labios carmesí, que la maldijeran todos los dioses si llegaba a terminar compartiendo el minúsculo sofa al mismo tiempo que Barald Kane…porque ella no pretendía cometer la idiotez de cerrar los ojos al lado de un depredador.
– Haremos esto con inteligencia – sentenció, volviéndose nuevamente hacia el con ese orgullo de reina que no admitía discusiones y mucho menos negativas – Yo tomaré la primera guardia en la entrada principal – No era amabilidad, ni comodidad, era puro pragmatismo. Lentamente extendió la mano hacia él, eso solo podía significar una cosa: esperaba que la entregase la katana – Si vas a ser una escolta eficiente necesito todos tus sentidos repuestos para mañana, para seguir protegiendo a la niña que esta al otro lado de esa puerta y con algo de suerte, a un montón de otros niños – Avanzó hacia él con esa cadencia que delineaba su forma de caminar, invadiendo su espacio hasta obligarlo a registrar la simetría perfecta de su figura, de ese rostro de líneas finas y pecas dispersas. Y justo allí, en su rostro enmarcado por la cascada de sus cabellos, él podía distinguir a la perfección como la sombra de esa sonrisa sutil que delineaba sus labios, reflejaba la emoción de un depredador que sonríe a su presa antes de lanzarse a la yugular.
Se detuvo nuevamente tan cerca que las notas masculinas de su perfume volvieron a grabarse en sus sentidos atenuados de esa manera casi insolente y ella…ella se lo permitió. Se lo permitió únicamente porque sus ojos del color del mar lo obligaban a mantener el fuego de los contrarios directamente sobre ella, mientras sus dedos extendidos casi rozaban el mango del arma – Y no te preocupes, Barald – esa era la primera vez que pronunciaba su nombre, y lo hizo, como si cada letra tuviese un sabor preciso que debía probar – Recuerdo perfectamente tu sugerencia en el primer piso – ese susurro de seda pura anteponía el filo de su ataque cuando tomó el mango del arma – Estoy bastante segura que yo sabre usar el filo de tu propia katana para cortarle la cabeza a cualquiera que intente interponerse en mi camino…o en el tuyo – sostuvo el peso de la advertencia mientras volvía a tomar el terreno que le pertenecía por derecho.
No necesitaba explicarle a Barald Kane que tipo de golpe a sus habilidades acababa de darle. Solo entonces retrocedió un paso hacia atrás y hacia el lado, para dejarle el pasillo libre en dirección al sofá – Muévete y descansa, Kane. Te despertaré cuando sea necesario hacer un cambio de turno –
Léeme
