15-06-2026, 07:52 AM
Había muchas cosas que un hombre podía detestar, sentir vergüenza era una muy común: La cuestión con la vergüenza es que solo puedes sentirla si no estás seguro de ti mismo. Mis sentimientos eran diferentes, quería matar a alguien, hacerle tragar todos los pescados del mundo hasta convertirlo en el acuario humano más grande ¿Podía hacerlo? Por supuesto que no, tenía que aguantar y meditar pero eso significaba que sentía vergüenza, no importa a qué huela: me veo maravilloso, soy maravilloso y a cierta distancia me sigo viendo hermoso sin oler a pescado, el problema era la sensación del agua fría y la interrupción del dulce momento que tenía con aquel pelirrosado, eso sí era lamentable.
El camino parecía eterno con el húmedo sonar de mis zapatos mientras caminaba volteando de vez en cuando a mi acompañante, lucía peor, incluso más estresado. Alrededor, a esa hora había muy poca gente pero sentía que nos miraban si era honesto: probablemente lo alucinaba.
La verdad es que el hombre, ahora mucho más sobrio que hace poco, era alguien inusual… Si podía ser honesto, me daba una pequeña vibra a una persona que no anhelaba recordar y sin embargo no podía evitar pensar. Había dicho que se llama Hyákinthos ¿verdad? Su cabello era hermoso, la verdad es que tenía un porte de rico, no creía que fuera un noble pero tampoco que estuviera en la miseria. Su voz me sacó de mis pensamiento, volteando rápidamente para mirarlo. — Si, está cerca, si no puedes más puedo cargarte ¿Me entiendes? Ya casi llegamos, Hyákinthos, piensa en el baño caliente.— Solté una pequeña risa, acercándome un poco más a él para intentar darle calor corporal; la verdad es que tenía razón, era una mierda pero sin duda sería algo chistoso que contar a futuro. — ¿No es una fortuna haberme conocido? Ah, una desgracia, una acción de un hombre tan tonto que la vida ha de perdonar su existencia pero un poco de mugre nunca arruinará la belleza del hombre, ni su noche. Eso aplica para nosotros, flor de noche.— Si, era tan atractivo como una flor y simplemente pase a guiñarle, antes de que cualquiera pudiera darse cuenta ya le había estaba abriendo la puerta al hotel, esperando que entrara para ir detrás de él.
El pequeño y acogedor hotel nos recibía con luces tenues, era tarde y la única persona era aquella recepcionista que parecía reconocerme de unas horas atrás, simplemente pude sonreírle esperando pasar con cierta rapidez para poder terminar con la situación de una vez: saqué las llaves de mi habitación, abriéndola para dejar que el chico pasara primero.
La habitación estaba exactamente como la había dejado: la cama hecha, el aroma del mi perfume seguía en el ambiente y la ropa sobre una silla, la calidez de la luz en una habitación mediana que daba de ventana a la calle. Rápidamente encendí la calefacción, buscando entre las cosas una toalla. —Puedes ducharte primero, ahí hay de todo así que no te preocupes. Me ducharé después de ti—
El camino parecía eterno con el húmedo sonar de mis zapatos mientras caminaba volteando de vez en cuando a mi acompañante, lucía peor, incluso más estresado. Alrededor, a esa hora había muy poca gente pero sentía que nos miraban si era honesto: probablemente lo alucinaba.
La verdad es que el hombre, ahora mucho más sobrio que hace poco, era alguien inusual… Si podía ser honesto, me daba una pequeña vibra a una persona que no anhelaba recordar y sin embargo no podía evitar pensar. Había dicho que se llama Hyákinthos ¿verdad? Su cabello era hermoso, la verdad es que tenía un porte de rico, no creía que fuera un noble pero tampoco que estuviera en la miseria. Su voz me sacó de mis pensamiento, volteando rápidamente para mirarlo. — Si, está cerca, si no puedes más puedo cargarte ¿Me entiendes? Ya casi llegamos, Hyákinthos, piensa en el baño caliente.— Solté una pequeña risa, acercándome un poco más a él para intentar darle calor corporal; la verdad es que tenía razón, era una mierda pero sin duda sería algo chistoso que contar a futuro. — ¿No es una fortuna haberme conocido? Ah, una desgracia, una acción de un hombre tan tonto que la vida ha de perdonar su existencia pero un poco de mugre nunca arruinará la belleza del hombre, ni su noche. Eso aplica para nosotros, flor de noche.— Si, era tan atractivo como una flor y simplemente pase a guiñarle, antes de que cualquiera pudiera darse cuenta ya le había estaba abriendo la puerta al hotel, esperando que entrara para ir detrás de él.
El pequeño y acogedor hotel nos recibía con luces tenues, era tarde y la única persona era aquella recepcionista que parecía reconocerme de unas horas atrás, simplemente pude sonreírle esperando pasar con cierta rapidez para poder terminar con la situación de una vez: saqué las llaves de mi habitación, abriéndola para dejar que el chico pasara primero.
La habitación estaba exactamente como la había dejado: la cama hecha, el aroma del mi perfume seguía en el ambiente y la ropa sobre una silla, la calidez de la luz en una habitación mediana que daba de ventana a la calle. Rápidamente encendí la calefacción, buscando entre las cosas una toalla. —Puedes ducharte primero, ahí hay de todo así que no te preocupes. Me ducharé después de ti—

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