15-06-2026, 01:52 PM
(Última modificación: 15-06-2026, 01:59 PM por Juan Sebastian.)
Esta vez Miyori no dudó, demostrando que su bondad no debía confundirse con estupidez. Sus dedos dejaron ir la cuerda de su arco, mandando a volar la flecha que tenía preparada. Billy ni siquiera alcanzó a escuchar el sonido del viento cortado por el proyectil antes de sentir cómo un punzante dolor atravesaba su pecho.
—¡Arggghh!— gritaba el diminuto hombre, agarrando la flecha que tenía en el pecho mientras se retorcía de dolor. Buscó un hueco entre sus ahogados chirridos para maldecir a Miyori, pero antes de que pudiese hablar, la pirata ya había clavado otras dos flechas en sus muslos. —¡JODERRR! ¡¡Zorra asquerosa!!— Mientras lanzaba insultos vacíos a la aguerrida pirata, Billy la miraba con los ojos llorosos de pura rabia desde el suelo. Siempre mirando hacia arriba, siendo pisoteado por unos y mirado con pena por otros, había vuelto a donde empezó.
La esclava que quedó atrás no perdió la vista de todo lo que estaba pasando ¿De verdad podía escapar? ¿Por qué esa chica luchaba por ellas en lugar de usarlas para huir? No entendía nada, pero en su pecho algo dolía al escuchar las palabras de Miyori. La libertad, que para ella dejó de ser incluso un sueño, ahora se presentaba ante ella, sería impensable dejar escapar la oportunidad.
Billy se dirigió a ella mientras se volvía a levantar sobre sus pequeños pies —¡No serás capaz! Ya sabes lo que te pasó la otra vez… ¡Tú eres un objeto! ¡Y YO SOY TU DUEÑO!— Los pasos de la joven se detuvieron en seco por unos instantes mientras su cuerpo empezaba a temblar, solo ella era realmente consciente de lo profundas que eran las heridas que aquel hombre le hizo en su alma.
Ante el quiebre de su esclava, Billy sonrió, su mente ya estaba despejada y solo tenía un obstáculo pendiente. Esta vez atacaría sin trucos sucios, ya sabía que no funcionarían sobre Miyori. Se lanzó en carrera dispuesto a acabar con ella con su fuerza, pero algo impredecible sucedió. Como si de un relámpago se tratase, la muchacha que parecía paralizada se interpuso entre Miyori y Billy, golpeando con un potente golpe en la mandíbula al tontatón.
Con una voz jadeante, y sin parar de temblar, se dirigió a su captor —No soy… Un objeto… ¡No soy tuya!— Si la existencia de Billy se había convertido en su jaula, Miyori había sido su llave, ella siempre había sido fuerte, solo necesitaba a alguien que le diera un impulso para dar el primer paso.
De forma repentina, la trampilla del sótano cayó al suelo con un fuerte estruendo, acompañado por la voz de un hombre que hablaba desde arriba —¡Somos soldados de la Marina! ¡Vamos a bajar!—. La joven esclava fue rápida en reaccionar, se arrancó parte de sus harapos y se lo pasó a Miyori por la cabeza, ocultando así el llamativo pelo de la pirata. Billy se quedó perplejo ante la situación, esas mujeres que escaparon realmente fueron a buscar ayuda en lugar de solo pensar en salvarse a si mismas.
—¡Arggghh!— gritaba el diminuto hombre, agarrando la flecha que tenía en el pecho mientras se retorcía de dolor. Buscó un hueco entre sus ahogados chirridos para maldecir a Miyori, pero antes de que pudiese hablar, la pirata ya había clavado otras dos flechas en sus muslos. —¡JODERRR! ¡¡Zorra asquerosa!!— Mientras lanzaba insultos vacíos a la aguerrida pirata, Billy la miraba con los ojos llorosos de pura rabia desde el suelo. Siempre mirando hacia arriba, siendo pisoteado por unos y mirado con pena por otros, había vuelto a donde empezó.
La esclava que quedó atrás no perdió la vista de todo lo que estaba pasando ¿De verdad podía escapar? ¿Por qué esa chica luchaba por ellas en lugar de usarlas para huir? No entendía nada, pero en su pecho algo dolía al escuchar las palabras de Miyori. La libertad, que para ella dejó de ser incluso un sueño, ahora se presentaba ante ella, sería impensable dejar escapar la oportunidad.
Billy se dirigió a ella mientras se volvía a levantar sobre sus pequeños pies —¡No serás capaz! Ya sabes lo que te pasó la otra vez… ¡Tú eres un objeto! ¡Y YO SOY TU DUEÑO!— Los pasos de la joven se detuvieron en seco por unos instantes mientras su cuerpo empezaba a temblar, solo ella era realmente consciente de lo profundas que eran las heridas que aquel hombre le hizo en su alma.
Ante el quiebre de su esclava, Billy sonrió, su mente ya estaba despejada y solo tenía un obstáculo pendiente. Esta vez atacaría sin trucos sucios, ya sabía que no funcionarían sobre Miyori. Se lanzó en carrera dispuesto a acabar con ella con su fuerza, pero algo impredecible sucedió. Como si de un relámpago se tratase, la muchacha que parecía paralizada se interpuso entre Miyori y Billy, golpeando con un potente golpe en la mandíbula al tontatón.
Con una voz jadeante, y sin parar de temblar, se dirigió a su captor —No soy… Un objeto… ¡No soy tuya!— Si la existencia de Billy se había convertido en su jaula, Miyori había sido su llave, ella siempre había sido fuerte, solo necesitaba a alguien que le diera un impulso para dar el primer paso.
De forma repentina, la trampilla del sótano cayó al suelo con un fuerte estruendo, acompañado por la voz de un hombre que hablaba desde arriba —¡Somos soldados de la Marina! ¡Vamos a bajar!—. La joven esclava fue rápida en reaccionar, se arrancó parte de sus harapos y se lo pasó a Miyori por la cabeza, ocultando así el llamativo pelo de la pirata. Billy se quedó perplejo ante la situación, esas mujeres que escaparon realmente fueron a buscar ayuda en lugar de solo pensar en salvarse a si mismas.
Contenido Oculto
Resumen
Narrador
Personajes
Bélico

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