15-06-2026, 10:08 PM
(Última modificación: 15-06-2026, 10:12 PM por Arc A. Nine.
Razón: Me olvidé del resumen y los karmas
)
Baquella se conoce por ser un pueblo costero cuyos habitantes viven de la pesca. Por ello, incluso en invierno, las gaviotas sobrevuelan gran parte de la localidad de forma recurrente. Estas suelen robar las capturas de los pescadores sin el menor remordimiento. Con el tiempo, eso ha llegado a generar cierto rechazo hacia ellas por parte de algunos habitantes de la isla, hasta el punto de que algunos pescadores buscan ayuda para ahuyentarlas.
Nine se encontraba en el pueblo de Baquella buscando algún trabajo que pudiera ofrecerle algo de remuneración. Era relativamente nuevo en la isla y aún no conocía a nadie que pudiera proporcionarle lo que buscaba.
Mientras caminaba por las calles de aquel pequeño pueblo, el lunarian observaba atento, analizando a cada una de las personas con las que se cruzaba. Se encontraba tan ensimismado en sus pensamientos que, sin darse cuenta, acabó llegando a una playa de pescadores.
‘Seguramente alguno de estos tira cañas pueda ofrecerme algún trabajo fácil. Debería preguntar...’, pensó Nine.
Se dirigió directamente hacia un grupo de ellos. En un momento de decisión, alzó las manos para llamar su atención y se preparó para lanzar un grito que captara sus miradas. De repente, el lunarian tropezó con algo que había medio enterrado en la arena. Un instante después yacía estirado boca abajo, con la cara y la ropa cubiertas de arena, algo que no le hizo ninguna gracia.
—¡Pff, pff... Shit! —Nine escupió la arena de su boca y bajó la cabeza para observarse—. Estoy lleno de arena... ¡Nooooo! Mi ropa también...
Levantó la mirada con un enfado creciente y, sin verlo venir, se encontró rodeado de una mezcla de peces vivos y pescado muerto.
—¡Qué mal huele, jodeeer! —maldijo. — Estos putos pescadores se van a llevar una paliza.
Su mirada se dirigió hacia el grupo de pescadores que se encontraba a escasos metros de él, riéndose a carcajadas de lo que para ellos parecía un forastero un tanto perdido. El lunarian se levantó sin dudarlo y su expresión se transformó en la de una bestia preparada para lanzarse al ataque.
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH! —gritó con toda su rabia. — La Luna aún arde para vosotros, pescadores.
Furioso y sin ver más allá de sus objetivos, dio un paso contundente hacia ellos. De lo que no se había percatado era de que, en ese momento, estaba rodeado de gaviotas que habían aprovechado la oportunidad para darse un gran festín. En cuanto estas sintieron el temblor del suelo bajo sus patas, el caos se formó alrededor del lunarian. Sin darse cuenta, se había visto envuelto por una cantidad ingente de aquellas aves que, debido a su trauma, lo llevaron a un estado de nerviosismo y terror.
Lo único que se le ocurrió en aquel momento fue alzar el vuelo lo más rápido posible. Lo que no esperaba era que la bandada de gaviotas lo siguiera sin tregua. Quizá lo hacían por la confianza que les otorgaba el número o tal vez por el olor y los restos de pescado que habían quedado impregnados en él.
El lunarian se encontraba en un estado de nerviosismo impropio de él, tanto que era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera volar lo más rápido posible. Avanzaba con los ojos cerrados, evitando a toda costa hacerse consciente de la situación que estaba viviendo.
En un breve momento de lucidez, su instinto le hizo abrir los ojos para evitar chocar contra algo, pero ya era demasiado tarde. Volaba tan rápido que comenzó a atravesar ramas y hojas de palmera una tras otra. Con los ojos cerrados nuevamente, fue reduciendo la velocidad poco a poco hasta que, de manera inevitable, terminó cayendo.
Aún con el miedo recorriéndole el cuerpo, tras varios segundos de temblores, los ojos de Nine volvieron a abrirse lentamente.
‘¿Se habrán ido ya?’, pensó mientras terminaba de abrirlos.
Al comprobar que ya no quedaba ni una sola gaviota, suspiró aliviado.
—Ufff. Pensaba que no salía de esta... ¡Espera! —gritó de repente. — No me duele nada. ¡Raaahahahaha!
Ya algo más relajado y sonriendo ante lo que consideraba un golpe de buena fortuna, giró la cabeza para averiguar dónde se encontraba. Entonces, el suelo, o lo que desde su punto de vista debía ser el suelo, comenzó a moverse.
—¡Oye, oye, oye! —exclamó sorprendido — ¡¿Qué es esto?! ¡¿Dónde estoy?!
El lunarian pensó en alzar el vuelo de nuevo, pero su cuerpo aún no se había recuperado del susto con las gaviotas. Cuando el suelo bajo sus pies comenzó a inclinarse, otra caída parecía inevitable.
—¡No, no, no, no, no, no! —repitió Nine como si aquello fuera a salvarlo.
De repente, unas enormes manos aparecieron y lo atraparon en el aire, evitando así el dolor de un segundo impacto contra el suelo. En cuestión de segundos, aquellas manos elevaron al lunarian muy por encima de la altura de las palmeras. Nine permaneció sentado, incapaz de reaccionar, hasta que las manos dejaron de ascender.
Una vez arriba, sin tiempo para asimilar lo que estaba ocurriendo, vio frente a él un rostro gigante rodeado por una larga cabellera azulada que lo observaba fijamente.
—Tch. Menuda montaña con piernas. ¿Siempre eres así de enorme o hoy te has esforzado? — Vaciló Nine, como de costumbre, sin pensar en las consecuencias.
Nine se encontraba en el pueblo de Baquella buscando algún trabajo que pudiera ofrecerle algo de remuneración. Era relativamente nuevo en la isla y aún no conocía a nadie que pudiera proporcionarle lo que buscaba.
Mientras caminaba por las calles de aquel pequeño pueblo, el lunarian observaba atento, analizando a cada una de las personas con las que se cruzaba. Se encontraba tan ensimismado en sus pensamientos que, sin darse cuenta, acabó llegando a una playa de pescadores.
‘Seguramente alguno de estos tira cañas pueda ofrecerme algún trabajo fácil. Debería preguntar...’, pensó Nine.
Se dirigió directamente hacia un grupo de ellos. En un momento de decisión, alzó las manos para llamar su atención y se preparó para lanzar un grito que captara sus miradas. De repente, el lunarian tropezó con algo que había medio enterrado en la arena. Un instante después yacía estirado boca abajo, con la cara y la ropa cubiertas de arena, algo que no le hizo ninguna gracia.
—¡Pff, pff... Shit! —Nine escupió la arena de su boca y bajó la cabeza para observarse—. Estoy lleno de arena... ¡Nooooo! Mi ropa también...
Levantó la mirada con un enfado creciente y, sin verlo venir, se encontró rodeado de una mezcla de peces vivos y pescado muerto.
—¡Qué mal huele, jodeeer! —maldijo. — Estos putos pescadores se van a llevar una paliza.
Su mirada se dirigió hacia el grupo de pescadores que se encontraba a escasos metros de él, riéndose a carcajadas de lo que para ellos parecía un forastero un tanto perdido. El lunarian se levantó sin dudarlo y su expresión se transformó en la de una bestia preparada para lanzarse al ataque.
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH! —gritó con toda su rabia. — La Luna aún arde para vosotros, pescadores.
Furioso y sin ver más allá de sus objetivos, dio un paso contundente hacia ellos. De lo que no se había percatado era de que, en ese momento, estaba rodeado de gaviotas que habían aprovechado la oportunidad para darse un gran festín. En cuanto estas sintieron el temblor del suelo bajo sus patas, el caos se formó alrededor del lunarian. Sin darse cuenta, se había visto envuelto por una cantidad ingente de aquellas aves que, debido a su trauma, lo llevaron a un estado de nerviosismo y terror.
Lo único que se le ocurrió en aquel momento fue alzar el vuelo lo más rápido posible. Lo que no esperaba era que la bandada de gaviotas lo siguiera sin tregua. Quizá lo hacían por la confianza que les otorgaba el número o tal vez por el olor y los restos de pescado que habían quedado impregnados en él.
El lunarian se encontraba en un estado de nerviosismo impropio de él, tanto que era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera volar lo más rápido posible. Avanzaba con los ojos cerrados, evitando a toda costa hacerse consciente de la situación que estaba viviendo.
En un breve momento de lucidez, su instinto le hizo abrir los ojos para evitar chocar contra algo, pero ya era demasiado tarde. Volaba tan rápido que comenzó a atravesar ramas y hojas de palmera una tras otra. Con los ojos cerrados nuevamente, fue reduciendo la velocidad poco a poco hasta que, de manera inevitable, terminó cayendo.
Aún con el miedo recorriéndole el cuerpo, tras varios segundos de temblores, los ojos de Nine volvieron a abrirse lentamente.
‘¿Se habrán ido ya?’, pensó mientras terminaba de abrirlos.
Al comprobar que ya no quedaba ni una sola gaviota, suspiró aliviado.
—Ufff. Pensaba que no salía de esta... ¡Espera! —gritó de repente. — No me duele nada. ¡Raaahahahaha!
Ya algo más relajado y sonriendo ante lo que consideraba un golpe de buena fortuna, giró la cabeza para averiguar dónde se encontraba. Entonces, el suelo, o lo que desde su punto de vista debía ser el suelo, comenzó a moverse.
—¡Oye, oye, oye! —exclamó sorprendido — ¡¿Qué es esto?! ¡¿Dónde estoy?!
El lunarian pensó en alzar el vuelo de nuevo, pero su cuerpo aún no se había recuperado del susto con las gaviotas. Cuando el suelo bajo sus pies comenzó a inclinarse, otra caída parecía inevitable.
—¡No, no, no, no, no, no! —repitió Nine como si aquello fuera a salvarlo.
De repente, unas enormes manos aparecieron y lo atraparon en el aire, evitando así el dolor de un segundo impacto contra el suelo. En cuestión de segundos, aquellas manos elevaron al lunarian muy por encima de la altura de las palmeras. Nine permaneció sentado, incapaz de reaccionar, hasta que las manos dejaron de ascender.
Una vez arriba, sin tiempo para asimilar lo que estaba ocurriendo, vio frente a él un rostro gigante rodeado por una larga cabellera azulada que lo observaba fijamente.
—Tch. Menuda montaña con piernas. ¿Siempre eres así de enorme o hoy te has esforzado? — Vaciló Nine, como de costumbre, sin pensar en las consecuencias.
RESUMEN
KARMA
