16-06-2026, 04:36 AM
(Última modificación: 16-06-2026, 01:34 PM por Yuuki.
Razón: Olvidé mis karmas :P
)
Y allí llegaba Barald. Yuuki sabía que era él porque... bueno... digamos que su nariz sabía muy bien que era él. Aunque a esas alturas, el aroma de Barald era uno al que ya se había acostumbrado y daba gusto tenerlo cerca. Era uno de sus mejores amigos, y siempre encontraba algo divertido que hacer cuando estaban juntos. Incluso estaba llevando los anillos que ella le había regalado, cosa que hizo que la pelirrosa dejara ver una sonrisa alegre que hacía mucho no dejaba ver realmente. Quiso responder a lo que el Olor-Osito le dijo, pero justo allí aparecía una vieja a quien no distinguía realmente.
Y ahora la estaban acusando de robo. Y sí, había robado. Pero no había robado en el invierno. Lo podía jurar. O al menos no en esa zona de la ciudad. Vieja mentirosa y cenil. Seguro la robaban a menudo por dejar las cosas sueltas y listas para que otro más avispado las tomara. Pero claro, la mala era Yuuki ahora. Y quiso decir algo, sin embargo las cosas parecían suceder totalmente fuera del control de Yuuki.
Lo primero fueron los marines que aparecieron. Con sus uniformes y su arrogancia. Cómo los odiaba. Y luego fue la gente abucheándolos y tirándoles nieve. Ante las primeras bolas, al igual que Barald, no hizo nada. Vio a Barald moverse y... ¿Qué había hecho? ¿Porqué ahora los marines estaban de rodillas frente a él? Y como si se tratara de una película, ahora entraba Tezca. Y vaya forma de entrar.
El golpe que Tezca le dio al sujeto que tenía más cerca hizo que Yuuki apenas pudiera sentir como si todo se pusiera lento. Y ella simplemente no podía hacer nada, las cosas realmente sucedían tan rápido que no sabía qué estaba pasando. Pero en las memorias de la birkaniana, podría reconstruir la escena con música incluso.
El marine golpeado por Tezca caía abatido tras el poderoso golpe. Y era más que seguro que los otros dos, aunque habrían sido afectados de alguna manera por Barald, iban a reaccionar. O eso pensaba Yuuki. Así que mientras el puño de Tezca terminaba de hundirse en la cara de ese marine y todos allí abrían los ojos, sorprendidos, una pistolera estaba tomando sus dos armas y apuntaba a otro de los marines, con el objetivo claro de terminar con la posible amenaza a la vez que se ponía al alcance máximo de sus armas a unos dieciocho metros.
Apretó los gatillos luego de apuntar a las caderas del marine y las balas salieron sin más, impactando al hombre y dejándolo fuera de combate. No lo había matado. Pero el daño era suficiente como para que no pudiera caminar hasta recibir atención médica. Yuuki sabía muy bien dónde acomodar sus balas y dónde debía de hacer daño. Esa vez no sería la excepción. Aunque sí que ansiaba poder dañarlos más, solo por atreverse a portar esas armas.
Pero no estaría feliz. Ella no. Por simplemente no podía estarlo. Y aprovechando la munición, le dio otro tiro al marine restante, apuntando esta vez con rabia al abdomen de este. El impacto de la bala podría haberse llegado a alojar en la columna de aquél hombre... quizás. Lo llegaría a saber el médico que lo fuera a revisar después. Pero la intención de Yuuki fue hacerle tanto daño como para que no caminara más.
—¡YA ESTUVO! ¡ME ROBÉ UN PARAGUAS! ¡CIERTAMENTE DISPARÉ A LOS MARINES! ¡LO HICE! ¡Y LO DISFRUTÉ! ¡ME ENCANTÓ! ¡ESTOY PARADA AQUÍ, TENGO GANAS! ¡ME MUERO DE GANAS POR VOLVER A HACERLO!
Sus dedos tamborileaban sobre el mango de las pistolas mientras ella miraba a todos alrededor. No tenía consigo esa apariencia amable y hermosa que solía llevar a todas partes. Se notaba violenta y llena de ira. Y seguramente había exagerado sobre querer volver a disparar a los marines... o quizás no. Yuuki se ponía bastante loca cuando la provocaban, tornándose colérica y poco razonable. Para empeorarlo, había marines. No iba a comportarse como una señorita. Y además había que impresionara a Barald y a Tezca. Ella también era parte del equipo. Ella también era peligrosa.
—¿Y ENTONCES? ¿QUIÉN MÁS QUIERE? ¡Y TU, VIEJA LOCA! ¡TU PARAGUAS ESTABA BIEN FEO! —Y luego gritó a una solitaria Francesca para que el papel de loca quedara completo. ¿Qué pasaría ahora? Seguramente más problemas. La última vez que tuvo un tiroteo por la ciudad, el problema no hizo más que agrandarse. Así que miró a sus dos compañeros.
—Mejor nos vamos de aquí rápido. Los tejados son una ruta rápida de escape... si quieres puedo llevarte conmigo, Barald... —Y justo luego de decir aquello, se ruborizó, avergonzándose de su propia locura instantes antes.
Y ahora la estaban acusando de robo. Y sí, había robado. Pero no había robado en el invierno. Lo podía jurar. O al menos no en esa zona de la ciudad. Vieja mentirosa y cenil. Seguro la robaban a menudo por dejar las cosas sueltas y listas para que otro más avispado las tomara. Pero claro, la mala era Yuuki ahora. Y quiso decir algo, sin embargo las cosas parecían suceder totalmente fuera del control de Yuuki.
Lo primero fueron los marines que aparecieron. Con sus uniformes y su arrogancia. Cómo los odiaba. Y luego fue la gente abucheándolos y tirándoles nieve. Ante las primeras bolas, al igual que Barald, no hizo nada. Vio a Barald moverse y... ¿Qué había hecho? ¿Porqué ahora los marines estaban de rodillas frente a él? Y como si se tratara de una película, ahora entraba Tezca. Y vaya forma de entrar.
Tezca el Magnifico
El golpe que Tezca le dio al sujeto que tenía más cerca hizo que Yuuki apenas pudiera sentir como si todo se pusiera lento. Y ella simplemente no podía hacer nada, las cosas realmente sucedían tan rápido que no sabía qué estaba pasando. Pero en las memorias de la birkaniana, podría reconstruir la escena con música incluso.
El marine golpeado por Tezca caía abatido tras el poderoso golpe. Y era más que seguro que los otros dos, aunque habrían sido afectados de alguna manera por Barald, iban a reaccionar. O eso pensaba Yuuki. Así que mientras el puño de Tezca terminaba de hundirse en la cara de ese marine y todos allí abrían los ojos, sorprendidos, una pistolera estaba tomando sus dos armas y apuntaba a otro de los marines, con el objetivo claro de terminar con la posible amenaza a la vez que se ponía al alcance máximo de sus armas a unos dieciocho metros.
Apretó los gatillos luego de apuntar a las caderas del marine y las balas salieron sin más, impactando al hombre y dejándolo fuera de combate. No lo había matado. Pero el daño era suficiente como para que no pudiera caminar hasta recibir atención médica. Yuuki sabía muy bien dónde acomodar sus balas y dónde debía de hacer daño. Esa vez no sería la excepción. Aunque sí que ansiaba poder dañarlos más, solo por atreverse a portar esas armas.
Pero no estaría feliz. Ella no. Por simplemente no podía estarlo. Y aprovechando la munición, le dio otro tiro al marine restante, apuntando esta vez con rabia al abdomen de este. El impacto de la bala podría haberse llegado a alojar en la columna de aquél hombre... quizás. Lo llegaría a saber el médico que lo fuera a revisar después. Pero la intención de Yuuki fue hacerle tanto daño como para que no caminara más.
—¡YA ESTUVO! ¡ME ROBÉ UN PARAGUAS! ¡CIERTAMENTE DISPARÉ A LOS MARINES! ¡LO HICE! ¡Y LO DISFRUTÉ! ¡ME ENCANTÓ! ¡ESTOY PARADA AQUÍ, TENGO GANAS! ¡ME MUERO DE GANAS POR VOLVER A HACERLO!
Sus dedos tamborileaban sobre el mango de las pistolas mientras ella miraba a todos alrededor. No tenía consigo esa apariencia amable y hermosa que solía llevar a todas partes. Se notaba violenta y llena de ira. Y seguramente había exagerado sobre querer volver a disparar a los marines... o quizás no. Yuuki se ponía bastante loca cuando la provocaban, tornándose colérica y poco razonable. Para empeorarlo, había marines. No iba a comportarse como una señorita. Y además había que impresionara a Barald y a Tezca. Ella también era parte del equipo. Ella también era peligrosa.
—¿Y ENTONCES? ¿QUIÉN MÁS QUIERE? ¡Y TU, VIEJA LOCA! ¡TU PARAGUAS ESTABA BIEN FEO! —Y luego gritó a una solitaria Francesca para que el papel de loca quedara completo. ¿Qué pasaría ahora? Seguramente más problemas. La última vez que tuvo un tiroteo por la ciudad, el problema no hizo más que agrandarse. Así que miró a sus dos compañeros.
—Mejor nos vamos de aquí rápido. Los tejados son una ruta rápida de escape... si quieres puedo llevarte conmigo, Barald... —Y justo luego de decir aquello, se ruborizó, avergonzándose de su propia locura instantes antes.
Combo de pollito frito con papas

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