Se libró de ese par de gemelos cómicos con la excusa de salir a buscar a alguien que pudiera indicarle que pasaba en ese entorno tan solitario y hostil. Menudo problema si nadie venía a hacerles caso, pues entonces su tarea iba a ser un fracaso y podría perjudicar a su reputación en la marina. Si hubiera estado sola lo más seguro es que se hubiera largado de buenas a primeras para después usar su don de la mentira, sin embargo ahora había testigos y no estaba segura de si ella podía convencer a altos cargos. Tiene que hacer un esfuerzo para mantenerse en esa tarea. Viéndolo por el lado positivo, al menos no tenía que pelear ni usar las armas. Solamente era darle de comer a los pobres que no tenían la misma suerte que ella, ¡y encima de todo quedaba ella bien! Mataba dos pájaros de un tiro, si señor.
Para ser la más brillante, debes de querer brillar con intensidad.
Seraphim caminó unos pasos tranquila hasta que de fondo escuchó una voz susurrante, ronca y lejana. Eso la hizo detenerse y mirar a todos lados, intentando agudizar de dónde venía el llamado. Había una casa a lo lejos, pero aún estaba todo despejado y sin gente. ¿Acaso no habían sido notificados de su llegada?
Aunque en su interior tenía una sensación extraña y amarga, finalmente tuvo que hacer de tripas corazón para aguantar su inseguridad. Tenía que demostrar que era de la marina así que inspiró hacia dentro y, quitándose la vergüenza, alza su tono de voz para sacar una dulce tonalidad en su habla:
— ¡Gente de este poblado! ¡Hemos venido a ofrecerles alimentos y cuidados! ¡Yo, Seraphim, agente de la Marina, junto a mis compañeros, hemos venido a ayudar! ¡Sean libres de acudir a nuestra tienda para buscar ayuda! —Gritaría con toda potencia y repetiría eso dos veces de la misma forma, queriendo llamar la atención de quienes pudieran estar escondidos en la casa o de quien le acababa de llamar de fondo.
Quizá se había expuesto demasiado al hacer conocer su posición, pero como Marine debe de ofrecer la ayuda así que no le queda más remedio que llamar la atención. Ella estaba protegida por las leyes, así que si un civil quiere hacerle algo acabaría muy mal parado… o eso es lo que se da en la teoría. En la práctica es otra cosa.
Ella quedó con los brazos en jarra en medio de esas casas donde no parecía que nadie quisiera salir al momento que ella gritó con dulzura, mirando de un lado a otro de ese pequeño poblado por si alguna alma se atrevía a darse a conocer. Ante todo estaba sonriendo, engañando a los demás con su aspecto atractivo, dulce y adorable… pero también se mentía a sí misma para mantener la calma. Eso sí: su arma siempre estaba consigo en su funda con su pistola dentro cargada.
Para ser la más brillante, debes de querer brillar con intensidad.
Seraphim caminó unos pasos tranquila hasta que de fondo escuchó una voz susurrante, ronca y lejana. Eso la hizo detenerse y mirar a todos lados, intentando agudizar de dónde venía el llamado. Había una casa a lo lejos, pero aún estaba todo despejado y sin gente. ¿Acaso no habían sido notificados de su llegada?
Aunque en su interior tenía una sensación extraña y amarga, finalmente tuvo que hacer de tripas corazón para aguantar su inseguridad. Tenía que demostrar que era de la marina así que inspiró hacia dentro y, quitándose la vergüenza, alza su tono de voz para sacar una dulce tonalidad en su habla:
— ¡Gente de este poblado! ¡Hemos venido a ofrecerles alimentos y cuidados! ¡Yo, Seraphim, agente de la Marina, junto a mis compañeros, hemos venido a ayudar! ¡Sean libres de acudir a nuestra tienda para buscar ayuda! —Gritaría con toda potencia y repetiría eso dos veces de la misma forma, queriendo llamar la atención de quienes pudieran estar escondidos en la casa o de quien le acababa de llamar de fondo.
Quizá se había expuesto demasiado al hacer conocer su posición, pero como Marine debe de ofrecer la ayuda así que no le queda más remedio que llamar la atención. Ella estaba protegida por las leyes, así que si un civil quiere hacerle algo acabaría muy mal parado… o eso es lo que se da en la teoría. En la práctica es otra cosa.
Ella quedó con los brazos en jarra en medio de esas casas donde no parecía que nadie quisiera salir al momento que ella gritó con dulzura, mirando de un lado a otro de ese pequeño poblado por si alguna alma se atrevía a darse a conocer. Ante todo estaba sonriendo, engañando a los demás con su aspecto atractivo, dulce y adorable… pero también se mentía a sí misma para mantener la calma. Eso sí: su arma siempre estaba consigo en su funda con su pistola dentro cargada.
Resumen y demás
