[Aventura T3][P.R] Marines: La Mascarada [Div. 75]
#19


La musica de ambiente seguia inundando el salón sin resultar demasiado presente, de modo que las conversaciones podían llevarse cabo sin grande sesfuerzos de audición y sin tener que levantar la voz. El servicio, al menos media decena de gentilhombres y doncellas circulaban constantemente entre los diferentes grupos, portando sus bandejas plateadas con relucientes copas y retirando las cucharas de cerámica que se iban acumulando en las mesas a medida que los invitados hacían su paso (en algunas ocasiones, hasta por tercera o cuarta ocasion) por la mesa del chef Ferrano Adriano para degustar la gran creación que el artista había traído al mundo con motivo de la celebración de Le Chevalier.

La expectación inicial y los saludos habituales habían dado paso a la segunda fase de todo evento social que se preciase. Los jóvenes como los que se habían acercado a Nyra charlaban en grupos, retándose animadamente entre ellos a presentarse ante las asistentes objeto de su interés para solicitarles un baile, mientras que ellas, agrupadas también en pequeños cónclaves, intercambiaban miradas y veladas sonrisas, o por el contrario algunas de ellas, cosechando a la vez miradas de reporbación por las asistentes de mayor edad y más tradicionales y otras de admiración por las más jóvenes y aún fuera de la edad apropiada para tales cortejos, se envalentonaban en acercarse ellas mismas hacia alguno de los invitados, volviendo las tornas de aceptar el baile en su favor.

Kael Omuyaga

Tras el encuentro con Mirage, Kael volvió a su rutina de mezclarse entre las sombras. Imitando la conducta del sobrenombre de "Phantom" que le había dado a la joven de cabellos escarlatas, el marine fue pasando de grupo en grupo, procurando escuchar retazos de las conversaciones que se producían a su alrededor. Extrañado, comprobó que la misteriosa joven que había logrado abrir las grietas en las murallas de su castillo con apenas unas palabras aportunamente susurradas no se encontraba en el salón, a pesar de que multiples veces se cruzó con miembros del servicio portando bandejas repletas de copas.

El marine de pelo azabache dedicó un rato a recorrer el salón, hasta finalmente situarse, aún con la copa en la mano, junto a uno de los balcones que asomaban al exterior del salón. Allí, una joven, vestida con un recatado vestido negro sostenía su propia copa con manos temblorosas, mientras otra chica de su misma edad, aunque era complicado de apreciar debido a las máscaras que ambas portaban, le acariciaba el brazo en un ademán de consuelo.

— Vamos, Margaret, no te preocupes, estoy segura de que tu padre conseguirá razonar con ese hombre.

— No lo entiendes... — dijo la chica del vestido negro con una voz que a todas luces luchaba por contener el llanto. — Mi hermano... ese inconsciente habrá bebido más de la cuenta, y ahora es muy posible que debido a su mala cabeza vaya a acabar como esclavo!

— Pero sabes de sobra que tu padre es un gran jugador, de los mejores de la isla como mínimo, incluso puede que el mejor. Si alguien es capaz de recuperar la libertad de su hermano es él.

La joven dio un largo trago a su copa, apretándola tan fuete que cualquiera diría que estallaría en cualquier momento.

— Eso es lo que me da miedo de verdad. Para lograr tener la oportunidad de rescatarle de una vida de esclavitud, ha tenido que hacer una apuesta de doble o nada... Si pierde, deberemos ceder la casa, los terrenos y la licencia de exportación de flores. Nos arruinaremos... Sin duda era lo que ese bastardo buscaba en primer lugar, por eso ha ido a por mi hermano. 

La otra muchacha abrazó cuidadosamente a la joven a la que se había referido como Margaret, tratando de animarla, susurrándole en voz demasiado baja como para que Kael siguiese escuchando, aunque sin duda el marine había oído lo más preocupante desde que había entrado al salón.

Margaret


En ese momento, las puertas principales se abrieron, y una gran cantidad de gente pareció agolparse en la entrada, al punto de que Kael solo pudo ver como una cabeza de pelo rojo y una cabeza de pelo del tono del cobre bruñido y una máscara a juego accedían a la estancia.

Por otro lado, al volver la vista, pudo comprobar como la amiga de Margaret había accedido al interior de nuevo, sin duda con la intención de comprobar a qué se debía el jaleo, mientras que la joven de vestido negro aún permanecía en el balcón, abrazándose a si mismas alrededor del pecho mientras miraba hacia el horizonte.

Nyra Kuroshiro

La cuchara de cerámica era tan ligera que parecía casi inmaterial, fruto sin duda de ser totalmente hueca por dentro. Al morder las esferificaciones, un torrente de líquido inundó la boca de Nyra, esparciendo el sabor floral por cada una de sus papilas. Tras tragarse aquel dulce néctar, su primera bocanada de aliento la transportó directamente al centro de un campo de flores en plena primavera, tal y como el chef Adriano le había asegurado.

Sin embargo, apenas había logrado recuperarse de tamaña impresión cuando vio que Choi y Dimitri se separaban de su lado, sin duda en pos de lo que había comentado la joven de pelo plateado acerca de investigar las partidas que se estaban llevando a cabo en la sala de billar. Por otro lado, Shin al fin parecía haber atraído la antención del público femenino, pues se encontraba en su habitual charla que era a medias coqueteo a medias autosatisfacción con un par de jóvenes que se le habían acercado mostrando abiertamente sus tarjetas de baile.

Casi al mismo tiempo, el desarrollado oído de Nyra captó los murmullos a su alrededor.

— Al fin ha aparecido...

— Esta vez no parece traer a nadie con él...

— Desde luego menudas pintas que me trae. Parece que siempre necesita llamar la antención...


— Calla, que ya se acerca...

Los murmullos fueron a apagándose a medida que unos pasos resonaban en las baldosas a su espalda. Una voz barítona carraspeó levemente a espaldas de la joven humink. Cuando esta si giró, vio a un hombre bien parecido, vestido con un conjunto rojo y dorado que brillaba como si tuviese piedras preciosas incrustadas entre los hilos (lo cual era cierto). No parecía aparentar ser demasiado mayor, en ningún caso una edad superior a unos treinta años, a lo sumo. Su rostro deprovisto de barba quedaba oculto a medias por una máscara roja con filigranas de oro y una gema escarlata en el centro. Su cabello era corto y de color del cobre bruñido, y dos pendientes de oro rojo retorcidos en una complicada filigrana colgaban de sus orejas.

Imagen del joven


— Mis disculpas, señorita. No he podido evitar fijarme en que en este momento os encontráis sola... Tal vez podamos ayudarnos mutuamente.


El joven dio un paso más hacia la mink, bajando el tono a medida que giraba su propio lapiz, que no era plateado sino de dorado, en la mano derecha, mientras sostenía una copa en la izquierda.

— Le confieso que llevo esquivando peticiones de baile toda la velada y alguna que otra tarjeta que ha volado hacia mi como si se tratase de una zapatilla de mi difunta abuela, y con mayor precisión si cabe. De modo que, si me concede el honor de dedicarme unos momentos en los que finjamos charlar como conocidos, podré tomar aliento e inventarme un par de excusas para ellas.


Al parecer las palabras del hombre eran muy ciertas, pues Nyra, con cierta dificultad debido a que si repentino interlocutor le sacaba facilmente una cabeza, pudo comprobar como algunas miradas se clavaban en la espalda del joven o se cruzaban con la suya, en una mezcla de reacciones que iban desde la sorpresa y el interés a la envidia y la manifiesta inquina.

El hombre pareció darse cuenta de la dirección de las miradas de la Humink, pues soltó una breve risa, haciendo un ademán con la mano.

— Bah puede ignorarlas, al fin y al cabo, si no me equivoco usted no es de por aquí, así que debe de ser una de las invitadas sorpresa del anfitrión que siempre suelen presentarse para aumentar las comidillas de la sociedad de la isla. No es una jugada muy limpia que digamos, pero supongo que es la manera de mantener siempre la expectación en este tipo de fiesta. La mayoría de los que nos rodean están hartos de verse las caras y criticarse a las espaldas, de modo que lo único que los saca de su insulsa y triste monotonía son estos eventos.


El hombre dio un largo trago a su copa antes de colocarla casi sin mira en una de las bandejas que ciruclaban sostenidas por el servicio a su alrededor. Mirando por encima de la cabeza de Nyra hacia un reluciente reloj de pared que adornaba una de las esquinas del salón, soltó un suspiro, a medias resignado, a medias de agotamiento.

— Lo cierto es que me encantaría quedarme, pero mi padre me matará si no cumplo con mis deberes sociales. Aún así, y a riesgo de abusar mucho de su tiempo, me gustaría pediros un baile para después si es posible.


Con garbo, el joven extrajo una lista como la de la propia Nyra, aunque en esta ocasión era mucho más pequeña, de tal forma que apenas cabía un nombre, y era plateada, no dorada. Tras garabetear algo en ella, se la entregó a Nyra, la cual pudo leer que, en caracteres de un brillante tono púrpura, había escrito el nombre de Carlisle Dumont.

— Lo sé, es raro dar el nombre en un baile de máscaras. — dijo el joven encogiéndose de hombros. — pero digamos que en mi caso, no supondría ninguna diferencia, así que ni me molesto. Señorita, ha sido un auténtico placer. Gracias por su colaboración.


Con una grácil reverencia, el interlocutor de Nyra se retiró, dirigiéndose hacia una de las puertas que partían del salón, dónde un miembro del servicio el estaba esperando con un sobre en las manos.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]


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RE: [Aventura T3][P.R] Marines: La Mascarada [Div. 75] - por Kibai - 16-06-2026, 05:17 PM

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