17-06-2026, 01:13 AM
El joven cazador se mantiene alerta, puede que no conozca la zona, puede que confíe un poco demasiado en la gente creyendo que no intentarán algo estúpido con un marine, pero a pesar de eso su instinto de cazador le hace prestar atención a todo lo que le rodea, sobre todo cuando se adentra o atraviesa un bosque o una zona similar, pues es la única manera de no ser sorprendido por emboscadas de bandidos o ataques de depredadores que se esconden para atacar por sorpresa a sus presas. El joven pelirrojo mantiene su vista atenta al entorno, sus ojos avizores y atentos pues la distracción es la mayor causa de accidentes, heridas y muertes en los bosques. El joven desde el momento en el que empieza a ver esos montículos tan bien distribuidos y con una coloración extraña ya sospecha de que no sean exactamente montículos de nieve, al menos no naturales, pero el hecho de que su amigo empiece a ponerse tenso y nervioso es lo que le hace sospechar que hay algo raro en el ambiente y aumentar su atención, tanto al hombre como al entorno pues no descarta que sea una trampa organizada por alguien.
Mientras siguen avanzando el arquero ajusta sus armas en su posición y al mismo tiempo que se da la vuelta para hablar con el supuesto guía para preguntarle por el camino y buscando saber qué pretende realmente, si busca ayuda todo bien, si lo que pretende es causar algún daño al marine por el motivo que sea lo pagará caro. Los ojos del arquero comprueban que realmente esos montículos no encajan con el entorno, el silencio sepulcral en el bosque tampoco encaja para el arquero pues por mucho que entienda que con el frío las criaturas no salgan, en esa isla el clima en sí ya es frío por lo que la fauna probablemente se habrá adaptado y podrá moverse en temperaturas en las que otros seres no podrían hacer, pero esos montículos son de lejos lo que más llama la atención por desentonar por completo con el entorno. El hombre parece sorprendido por las preguntas del marine, y empieza a responder con calma a las preguntas hasta que las palabras del marine le hacen percatarse de los montículos, por lo que parece ya no conocer tan bien el entorno como dice, o más bien no esperaba que pasara eso.
Al no escuchar la respuesta completa el marine no puede estar seguro de si está mintiendo o siendo totalmente sincero, pero ese es un problema para luego, la cuestión es que el marine toma de su lugar el arco manteniendo un agarre firme en el mismo y la otra mano lista para tomar flechas mientras se fija atentamente en los montículos que empiezan a moverse a pesar de no haber una corriente de aire que lo explique. Entre ese movimiento, el hecho de que el pájaro se marche y un gruñido es más que suficiente para saber lo que está pasando, no es ni menos que una manada de depredadores cazando, y por el comportamiento y el gruñido seguramente una jauría de lobos, algo que el arquero no esperaba encontrar en la isla. Sin dudar un solo instante el marine se baja de Rasmussen de un salto alejándose unos 3 metros de su compañero y del guía que se coloca en el suelo al lado del walkie blanco, aparentemente dispuesto a protegerlo. Ver eso saca una pequeña sonrisa al arquero que avanza lentamente hasta que nota a los lobos empezar a posicionarse y rodearlo, como si no vieran una presa hace días, pero lejos de dejarse golpear, el joven aprovecha que se percató a tiempo para empezar a lanzar flechas a todos los animales, uno tras otro apuntando de forma que los acaba de un solo flechazo, y calculando la trayectoria para que al matarlos caigan y las flechas se mantengan intactas.
Una vez termina con todos los lobos se acerca uno a uno a los lobos para recuperar las flechas, no sabe cuantas podrá necesitar a futuro en el pueblo del hombre, que de momento no parece ser un enemigo, pero para el marine hay algo que o encaja. Tras terminar de recoger las flechas una a una, todas cubiertas de sangre pero aún utilizables, el joven arquero regresa junto a su compañero y el guía, acercándose a la cabeza de Rasmussen y le acaricia la cabeza para calmarlo y decirle que todo está bien, que ya no hay peligro, aunque sigue vigilando los entornos por si vuelve a pasar algo similar, pero igualmente si realmente hay un pueblo que necesita ayuda deben apurarse por lo que el joven marine mira a Krain y dice
-Creo que ya hemos resuelto el problema sir, podemos seguir y me puedes terminar de contar sobre el camino y lo que ocurre en el pueblo, cuanto más información tenga sobre lo ocurrido más fácil será prepararme y actuar para resolver el problema.-
El joven vuelve a acariciar la cabeza de Rasmussen antes de volver a subir a su espalda y esperar a que su guía se suba para continuar la marcha.
Mientras siguen avanzando el arquero ajusta sus armas en su posición y al mismo tiempo que se da la vuelta para hablar con el supuesto guía para preguntarle por el camino y buscando saber qué pretende realmente, si busca ayuda todo bien, si lo que pretende es causar algún daño al marine por el motivo que sea lo pagará caro. Los ojos del arquero comprueban que realmente esos montículos no encajan con el entorno, el silencio sepulcral en el bosque tampoco encaja para el arquero pues por mucho que entienda que con el frío las criaturas no salgan, en esa isla el clima en sí ya es frío por lo que la fauna probablemente se habrá adaptado y podrá moverse en temperaturas en las que otros seres no podrían hacer, pero esos montículos son de lejos lo que más llama la atención por desentonar por completo con el entorno. El hombre parece sorprendido por las preguntas del marine, y empieza a responder con calma a las preguntas hasta que las palabras del marine le hacen percatarse de los montículos, por lo que parece ya no conocer tan bien el entorno como dice, o más bien no esperaba que pasara eso.
Al no escuchar la respuesta completa el marine no puede estar seguro de si está mintiendo o siendo totalmente sincero, pero ese es un problema para luego, la cuestión es que el marine toma de su lugar el arco manteniendo un agarre firme en el mismo y la otra mano lista para tomar flechas mientras se fija atentamente en los montículos que empiezan a moverse a pesar de no haber una corriente de aire que lo explique. Entre ese movimiento, el hecho de que el pájaro se marche y un gruñido es más que suficiente para saber lo que está pasando, no es ni menos que una manada de depredadores cazando, y por el comportamiento y el gruñido seguramente una jauría de lobos, algo que el arquero no esperaba encontrar en la isla. Sin dudar un solo instante el marine se baja de Rasmussen de un salto alejándose unos 3 metros de su compañero y del guía que se coloca en el suelo al lado del walkie blanco, aparentemente dispuesto a protegerlo. Ver eso saca una pequeña sonrisa al arquero que avanza lentamente hasta que nota a los lobos empezar a posicionarse y rodearlo, como si no vieran una presa hace días, pero lejos de dejarse golpear, el joven aprovecha que se percató a tiempo para empezar a lanzar flechas a todos los animales, uno tras otro apuntando de forma que los acaba de un solo flechazo, y calculando la trayectoria para que al matarlos caigan y las flechas se mantengan intactas.
Una vez termina con todos los lobos se acerca uno a uno a los lobos para recuperar las flechas, no sabe cuantas podrá necesitar a futuro en el pueblo del hombre, que de momento no parece ser un enemigo, pero para el marine hay algo que o encaja. Tras terminar de recoger las flechas una a una, todas cubiertas de sangre pero aún utilizables, el joven arquero regresa junto a su compañero y el guía, acercándose a la cabeza de Rasmussen y le acaricia la cabeza para calmarlo y decirle que todo está bien, que ya no hay peligro, aunque sigue vigilando los entornos por si vuelve a pasar algo similar, pero igualmente si realmente hay un pueblo que necesita ayuda deben apurarse por lo que el joven marine mira a Krain y dice
-Creo que ya hemos resuelto el problema sir, podemos seguir y me puedes terminar de contar sobre el camino y lo que ocurre en el pueblo, cuanto más información tenga sobre lo ocurrido más fácil será prepararme y actuar para resolver el problema.-
El joven vuelve a acariciar la cabeza de Rasmussen antes de volver a subir a su espalda y esperar a que su guía se suba para continuar la marcha.
Carcaj de Bertram

