18-06-2026, 08:39 AM
Los recuerdos siempre son dolorosos, pues se suelen recordar las cosas que nos causan problemas, traumas y dolor, somos lo que recordamos y vivimos lo que lloramos. Maki actualmente tenia un dolor tan intenso en su interior que no podía soportar que alguien amenazase a sus seres queridos. una de ellas con la que montaba en furia era la propia María Merlot o el médico, Hyákinthos. Quien les amenazaba estaba condenado. Ella no se detendría hasta darle muerte a quien se atreviese a cruzar esa línea.
No se sentía bien por hacer esto, pero algo en su interior creía que era lo que se merecían. Su transformación retrocedió, volviendo a ser la mujer del principio. Aquella que parecía cansada de vivir a la sombra de los demás. Estaba algo agotada. Se limpio la barbilla de un poco de sangre y se masajeo el cuello que crujió ante su movimiento. Lo movió a cada lado y guardo sus armas, salvo su hoja de los mil recuerdos rotos que parecía no querer descansar hasta poner a salvo a su portadora. El espadón de dos manos volvió a su espalda y se volvió al camino por donde su amada hermana había ido por los niños. Miro el cuerpo inerte del enmascarado y de su amigo. Ambas basuras repugnantes que trabajaban en pos del mal. Eran merecedores de lo que les sucedió. Nada más. nada menos.
Se sacudió las manos de lo que parecían ser restos de cerebro del confiado enmascarado. —Por que nos obligan a hacer esto… es increíble. Si dejaran las armas, su ego o simplemente usaran la cabeza… la conservarían.— Dijo mientras se agachaba para quitarle sus pertenencias. —Dinero y joyas es algo que no necesitaras más amigo mío.— Dijo mientras saco unos cuantos berris, y busco algún tipo de reloj o lo que sea que pudiera sacarle una ganancia.
Cuando escucho lo que parecía ser unos sonidos bestiales se apresuro para ir por el pasillo a por su hermana. Finalmente parecía todo en control parecía que los únicos guardianes eran ellos. Maki suspiro mientras acelera el paso con un traqueteo producido por la gran cantidad de armas que llevaba encima.
Finalmente escucha los aullidos de muerte. Los reconoce. Ella misma la dispensa con regularidad. Sus pasos, su corazón y su mente todos se mueven a la misma velocidad ahora que la calma parece reinar con el suspiro ya calmo y sereno como la suave marea de un lago que apenas recibe el toque del viento, pero dispuesta a volver ese viento un huracán si alguien mas amenaza a su hermana. Pero cuando llego… hizo retroceder nuevamente las escamas. El verde esmeralda de ellas retrocedió lentamente mientras los niños comenzaban a acerase a ella a Merlot rodeándolas como si fueran grandes diosas de la guerra. Pero Maki… Maki tenía otra idea.
—Atrás… atrás pequeños o se pueden cortar con el pensamiento de mi hoja. No les recomiendo acercarse. Aun… aun no estamos a salvo… correcto Mer?— Dijo mientras alzo la espada sobre su cabeza. Los niños distintas edades. Demasiados como para encontrar a los padres de todos. Y seguro la mitad ni siquiera sabia desde donde venia. —Atención… atención linduras… vayan con tía Anchoa… salgan por donde vinimos yo buscare si no queda nadie mas que salvar. Vamos… vamos… los llevaremos a un hermoso barco donde pueden quedarse si lo desean… no??? ¿Anchoa?— Sus ojos afilados atravesaron la marea de niños y finalmente quedo de espaldas a ellos. desenvaino una segunda hoja y se encamino a adentrarse un poco mas en la oscuridad del laboratorio. No había mucho que registrar. Quizás uno que otra habitación pero era mejor asegurarse que nadie se quedaba atrás… o quizás… algo de valor quedaba atrás.
No se sentía bien por hacer esto, pero algo en su interior creía que era lo que se merecían. Su transformación retrocedió, volviendo a ser la mujer del principio. Aquella que parecía cansada de vivir a la sombra de los demás. Estaba algo agotada. Se limpio la barbilla de un poco de sangre y se masajeo el cuello que crujió ante su movimiento. Lo movió a cada lado y guardo sus armas, salvo su hoja de los mil recuerdos rotos que parecía no querer descansar hasta poner a salvo a su portadora. El espadón de dos manos volvió a su espalda y se volvió al camino por donde su amada hermana había ido por los niños. Miro el cuerpo inerte del enmascarado y de su amigo. Ambas basuras repugnantes que trabajaban en pos del mal. Eran merecedores de lo que les sucedió. Nada más. nada menos.
Se sacudió las manos de lo que parecían ser restos de cerebro del confiado enmascarado. —Por que nos obligan a hacer esto… es increíble. Si dejaran las armas, su ego o simplemente usaran la cabeza… la conservarían.— Dijo mientras se agachaba para quitarle sus pertenencias. —Dinero y joyas es algo que no necesitaras más amigo mío.— Dijo mientras saco unos cuantos berris, y busco algún tipo de reloj o lo que sea que pudiera sacarle una ganancia.
Cuando escucho lo que parecía ser unos sonidos bestiales se apresuro para ir por el pasillo a por su hermana. Finalmente parecía todo en control parecía que los únicos guardianes eran ellos. Maki suspiro mientras acelera el paso con un traqueteo producido por la gran cantidad de armas que llevaba encima.
Finalmente escucha los aullidos de muerte. Los reconoce. Ella misma la dispensa con regularidad. Sus pasos, su corazón y su mente todos se mueven a la misma velocidad ahora que la calma parece reinar con el suspiro ya calmo y sereno como la suave marea de un lago que apenas recibe el toque del viento, pero dispuesta a volver ese viento un huracán si alguien mas amenaza a su hermana. Pero cuando llego… hizo retroceder nuevamente las escamas. El verde esmeralda de ellas retrocedió lentamente mientras los niños comenzaban a acerase a ella a Merlot rodeándolas como si fueran grandes diosas de la guerra. Pero Maki… Maki tenía otra idea.
—Atrás… atrás pequeños o se pueden cortar con el pensamiento de mi hoja. No les recomiendo acercarse. Aun… aun no estamos a salvo… correcto Mer?— Dijo mientras alzo la espada sobre su cabeza. Los niños distintas edades. Demasiados como para encontrar a los padres de todos. Y seguro la mitad ni siquiera sabia desde donde venia. —Atención… atención linduras… vayan con tía Anchoa… salgan por donde vinimos yo buscare si no queda nadie mas que salvar. Vamos… vamos… los llevaremos a un hermoso barco donde pueden quedarse si lo desean… no??? ¿Anchoa?— Sus ojos afilados atravesaron la marea de niños y finalmente quedo de espaldas a ellos. desenvaino una segunda hoja y se encamino a adentrarse un poco mas en la oscuridad del laboratorio. No había mucho que registrar. Quizás uno que otra habitación pero era mejor asegurarse que nadie se quedaba atrás… o quizás… algo de valor quedaba atrás.
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