18-06-2026, 02:53 PM
Avancé hacia él mientras cambiaba de arma en los puños a la vez que procesaba sus palabras, siendo la oscuridad que había dejado la disipación de su electricidad lo suficientemente densa como para que solo pudiera distinguir su silueta y me obligara a seguir guiándome a través del haki de observación básico que mantenía expandido a cincuenta metros, el único sentido que funcionaba con fiabilidad en este momento dado que mis ojos seguían pagando el precio del lago, moviéndome con calma y sin prisa porque el combate estaba ganado y ambos lo sabíamos, siendo la distancia entre nosotros cada vez menor mientras él me decía que podría romperle el cráneo pero no su determinación, que pensara lo que quisiera sobre sus aliados, y que el Gobierno Mundial era mi mayor enemigo, que no me equivocara, esbozando una sonrisa debilitada antes de tenderse en el agua con los brazos abiertos y pedirme que le matara porque si le arrestaba se suicidaría en cuanto tuviera la mínima oportunidad.
Me detuve frente a él mientras sus palabras sobre el Gobierno Mundial calaban en mí. No era ingenuo: sabía que no todos los que llevaban el emblema de la justicia en la espalda eran dignos de él, que el mundo no era tan simple como blanco o negro, y que un gyojin podía acabar sirviendo a piratas por razones más complejas que la cobardía o la traición. – “Tendré en cuenta lo que dices sobre el Gobierno Mundial” – respondí, con menos ira que antes, observando su silueta desde menos de un metro – “No soy tonto. Sé que no todos son buenos.” – Sin más preámbulo, hundí mi puño derecho, recubierto de haki de armamento, en su estómago con un golpe seco y preciso. Luego otro. Y otro. Y un cuarto. Cada impacto estaba calculado para doblegar sin matar, para desmayar sin destruir. Era la única justicia que podía ofrecerle en ese momento y la única que me permitía seguir siendo quien era. A través del haki de observación sentí cómo su presencia se debilitaba con cada golpe, hasta que su cuerpo dejó de responder y quedó suspendido en el agua, dentro de la sala esférica de cincuenta metros de radio, rodeado por la oscuridad que él mismo había creado al apagarse su electricidad.
Guardé de nuevo aquellos puños que no mostraba a nadie en los bolsillos de la gabardina, tomé a mi rival de las manos y comencé a arrastrarlo por el pasillo acuático de cien metros que llevaba de vuelta a la sala de armas donde nos habíamos separado. Avancé despacio, guiado por el haki de observación básico expandido a cincuenta metros, mientras el agua mineral que antes había aliviado mis ojos me acompañaba ahora en silencio: sin corriente, sin vida, sin más sonido que el movimiento que dejaba a mi paso. Arrastraba conmigo a aquel gyojin inconsciente, alguien que había elegido el bando equivocado pero que, quizá en otro mundo o en otra vida, podría haber sido un marine.
Me detuve frente a él mientras sus palabras sobre el Gobierno Mundial calaban en mí. No era ingenuo: sabía que no todos los que llevaban el emblema de la justicia en la espalda eran dignos de él, que el mundo no era tan simple como blanco o negro, y que un gyojin podía acabar sirviendo a piratas por razones más complejas que la cobardía o la traición. – “Tendré en cuenta lo que dices sobre el Gobierno Mundial” – respondí, con menos ira que antes, observando su silueta desde menos de un metro – “No soy tonto. Sé que no todos son buenos.” – Sin más preámbulo, hundí mi puño derecho, recubierto de haki de armamento, en su estómago con un golpe seco y preciso. Luego otro. Y otro. Y un cuarto. Cada impacto estaba calculado para doblegar sin matar, para desmayar sin destruir. Era la única justicia que podía ofrecerle en ese momento y la única que me permitía seguir siendo quien era. A través del haki de observación sentí cómo su presencia se debilitaba con cada golpe, hasta que su cuerpo dejó de responder y quedó suspendido en el agua, dentro de la sala esférica de cincuenta metros de radio, rodeado por la oscuridad que él mismo había creado al apagarse su electricidad.
Guardé de nuevo aquellos puños que no mostraba a nadie en los bolsillos de la gabardina, tomé a mi rival de las manos y comencé a arrastrarlo por el pasillo acuático de cien metros que llevaba de vuelta a la sala de armas donde nos habíamos separado. Avancé despacio, guiado por el haki de observación básico expandido a cincuenta metros, mientras el agua mineral que antes había aliviado mis ojos me acompañaba ahora en silencio: sin corriente, sin vida, sin más sonido que el movimiento que dejaba a mi paso. Arrastraba conmigo a aquel gyojin inconsciente, alguien que había elegido el bando equivocado pero que, quizá en otro mundo o en otra vida, podría haber sido un marine.
Resumen
Haki y Pasiva
Belico
Gastos

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