Miyori no solo había soltado flechas sobre Akane con gran precisión. Sino que sus palabras empezaban a hacerla dudar aún más. La sonrisa que la violinista le dejaba ver era suficiente como para que Akane sintiera que se rechazaba a sí misma por lo que estaba haciendo. Pero por más que eso sucedía, Miyori tampoco daba su brazo a torcer y se mantenía aún desafiante y firme en sus convicciones. Y por supuesto, esto también hacía que Akane volviera a ganar el respeto que tenía por ella antes, solo que ya no solo como música, sino como una guerrera.
Se quitaría las flechas con un movimiento brusco de sus dagas y luego lanzaría un grito de desafío a la arquera. No eraa un grito con palabras, no. Era un grito gutural y primitivo. Así sin más. Y tras de ello, saltó adelante con las dagas listas mientras cruzaba los brazos rápidamente y los abría para cortar nuevamente a Miyori en un ataque con forma de "X". Y aunque bien podía atacar al arco que sostenía la mujer, no la iba a dejar sin sus armas.
El ataque fue dirigido nuevamente a Miyori, a su humanidad. Y puede que hubiese actuado como si las flechas que había recibido antes no hubieran significado nada, pero la verdad era que dolía. Y si las ropas blancas de la violinista de Baterilla estaban ahora teñidas con su sangre, las ropas de Akane también dejaban ver la marca carmesí inequívoca de la sangre. Pero aún con el dolor, la guerrera del país de Wa continuaba de pie.
Podría decirse que todos tenían sus ojos listos en aquellas dos. Pero sería faltar a la verdad. Pues mientras parecía que el duelo entre aquellas dos iba a prolongarse, quizás por sus voluntades, los espadachines que los cercaban empezaban a cansarse de ello; y es que les había parecido divertido al comienzo. Pero ya no.
—¿Es en serio, Akane? ¿De verdad estás luchando con todo lo que tienes? Me parece que nos quieres engañar. Muchachos, mátenlos a los tr-
Pero no lograría terminar de decir lo que había ordenado, pues Hiruzen lanzaba la cadena al cuello del hombre y rápidamente lo envolvía, halando inmediatamente después y rompiendo la espina del desgraciado y causando su muerte justo después con un ataque de su kusarigama directamente en el pecho. Los otros cinco, sorprendidos, se lanzaron entonces al ataque. Tras Miyori y Akane se lanzaron cuatro de los seis espadachines, mientras que el restante se quedó con Hiruzen, evitando que el viejo pudiera ayudar a las otras dos.
Los espadachines tomarían posición a unos tres metros de Akane antes de que esta se lanzara al ataque contra Miyori, y a una distancia apenas mayor a la de Miyori y Akane como tal. De esta manera, pretendían primero ocuparse de la mujer guerrera del país de Wa y luego de la pirata de cabellera anaranjada, aunque no alcanzaron a impedir el ataque de la guerrera.
Se quitaría las flechas con un movimiento brusco de sus dagas y luego lanzaría un grito de desafío a la arquera. No eraa un grito con palabras, no. Era un grito gutural y primitivo. Así sin más. Y tras de ello, saltó adelante con las dagas listas mientras cruzaba los brazos rápidamente y los abría para cortar nuevamente a Miyori en un ataque con forma de "X". Y aunque bien podía atacar al arco que sostenía la mujer, no la iba a dejar sin sus armas.
El ataque fue dirigido nuevamente a Miyori, a su humanidad. Y puede que hubiese actuado como si las flechas que había recibido antes no hubieran significado nada, pero la verdad era que dolía. Y si las ropas blancas de la violinista de Baterilla estaban ahora teñidas con su sangre, las ropas de Akane también dejaban ver la marca carmesí inequívoca de la sangre. Pero aún con el dolor, la guerrera del país de Wa continuaba de pie.
Podría decirse que todos tenían sus ojos listos en aquellas dos. Pero sería faltar a la verdad. Pues mientras parecía que el duelo entre aquellas dos iba a prolongarse, quizás por sus voluntades, los espadachines que los cercaban empezaban a cansarse de ello; y es que les había parecido divertido al comienzo. Pero ya no.
—¿Es en serio, Akane? ¿De verdad estás luchando con todo lo que tienes? Me parece que nos quieres engañar. Muchachos, mátenlos a los tr-
Pero no lograría terminar de decir lo que había ordenado, pues Hiruzen lanzaba la cadena al cuello del hombre y rápidamente lo envolvía, halando inmediatamente después y rompiendo la espina del desgraciado y causando su muerte justo después con un ataque de su kusarigama directamente en el pecho. Los otros cinco, sorprendidos, se lanzaron entonces al ataque. Tras Miyori y Akane se lanzaron cuatro de los seis espadachines, mientras que el restante se quedó con Hiruzen, evitando que el viejo pudiera ayudar a las otras dos.
Los espadachines tomarían posición a unos tres metros de Akane antes de que esta se lanzara al ataque contra Miyori, y a una distancia apenas mayor a la de Miyori y Akane como tal. De esta manera, pretendían primero ocuparse de la mujer guerrera del país de Wa y luego de la pirata de cabellera anaranjada, aunque no alcanzaron a impedir el ataque de la guerrera.
Viejas notas, nuevos sonidos

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)