[Fic-Recolección] - Cementerio Naval
#1
Día 70 de Invierno, Jaya, Año 17

El calor húmedo de Jaya se notaba incluso en la cubierta del barco, aunque el sol todavía no estaba en lo más alto, el aire ya era pesado, salado y con una sensación pegajosa que no dejaba de empeorar. Desde allí se podía ver gran parte de Mock Town extendida por las laderas de la montaña, con sus edificios de madera, tabernas y construcciones que parecían mantenerse en pie por pura suerte. Por encima de todo, la enorme silueta del Árbol de Oro dominaba el horizonte de la isla, como una montaña que hubiera brotado de la tierra.
Ubbe miró la isla un momento, apoyado en la borda. Aún recordaba bien la charla con Sigurd. Su compañero necesitaba acero para uno de sus proyectos, algo relacionado con sus armas. Los detalles no importaban tanto. Lo importante era que lo necesitaba. Ubbe ya había intentado conseguir esos materiales antes, pero como siempre, terminó metiéndose en problemas y al final se le olvidó.
Para el Buccaneer que sigurd le pidiera ayuda ya era motivo suficiente.
Los miembros de una tripulación debían apoyarse entre sí. Aunque no eran una tripulación común, Sigurd, Ubbe y sus 70 hombres podían lograr juntos lo que muchos ni siquiera soñaban; eso era el Ragnarok. Ayudarse unos a otros era algo que Ubbe siempre había entendido sin que nadie se lo enseñara. Si alguien de los suyos tenía un problema, él ayudaba. Si necesitaban protección, protegía. Si necesitaban materiales, los buscaba. Así de simple.
"No te preocupes, Baby. Voy a traerte un montón de acero", pensó mientras se preparaba para marcharse.
Tras ajustar el chaleco sobre sus enormes hombros, descendió del barco y puso rumbo hacia la ciudad.
Mock Town era tan caótica como se podía esperar de un asentamiento pirata. Las calles serpenteaban entre desniveles, obligando a subir y bajar escaleras, cruzar puentes de madera y recorrer senderos excavados en la montaña. Marineros, mercenarios, comerciantes y piratas compartían el espacio entre gritos, discusiones y risas que salían de las tabernas abiertas a cualquier hora.
La enorme figura de Ubbe pronto atrajo algunas miradas. Era difícil ignorar a un Buccaneer de ese tamaño caminando por la ciudad. Sin embargo, él apenas prestó atención a nadie mientras avanzaba.
Necesitaba encontrar algo de información, y durante la siguiente hora, fue preguntando aquí y allá a cualquiera que pareciera saber algo: comerciantes, mercaderes, un anciano que vendía herramientas usadas, incluso varios marineros con años navegando esas aguas. La mayoría daba respuestas vagas o poco útiles, pero entre todas empezó a repetirse una historia similar. Las corrientes eran traicioneras y las tormentas tropicales podían convertir aquella zona en una auténtica trampa mortal para cualquier barco desafortunado. Muchos buscadores ya habían saqueado los restos más accesibles, pero seguían existiendo restos navales abandonados entre las rocas de los bordes de la isla.
Aquello sonaba prometedor.
Con la información necesaria, Ubbe abandonó la ciudad y comenzó a internarse en las zonas más salvajes de la isla.
Esperaba que esta vez, en su búsqueda de materiales, no se encontrara de nuevo con dos agentes encubiertos que lo obligaran a ponerse serio, como la vez anterior.
A medida que se alejaba de Mock Town, la presencia humana iba desapareciendo. Los caminos se hacían más estrechos y la vegetación tropical avanzaba por todos lados. Grandes raíces cruzaban el suelo, lianas colgaban de los árboles y el sonido constante de insectos acompañaba cada paso.
El trayecto resultó largo y tedioso, pero nada que Ubbe no pudiera soportar, claro.
Durante varias horas avanzó por senderos montañosos siguiendo las indicaciones que había conseguido. El terreno se volvía más abrupto a medida que subía entre riscos y barrancos, aunque desde algunos puntos se veía el océano extendiéndose hasta el horizonte, reflejando destellos bajo el sol tropical. Finalmente, llegó a una de las crestas más altas de la zona, y allí los vio, desde donde se encontraba, podían distinguirse los restos dispersos de numerosas embarcaciones. Algunas apenas conservaban fragmentos de madera ennegrecida. Otras todavía mantenían parte de sus estructuras principales encajadas entre las rocas.
Una sonrisa satisfecha apareció en el rostro del gigantón. Por fin había encontrado lo que buscaba.
Bajar hasta la costa no fue nada fácil. Varias veces tuvo que apoyarse en salientes de roca para mantener el equilibrio mientras avanzaba por zonas muy inclinadas.Se le pasó por la cabeza rodar montaña abajo en su forma dinosaurica, pero cabaz era de tirar para adelante demasiado y acabar en el agua. Por suerte, su enorme fuerza y constitución le permitían superar obstáculos que serían peligrosos para la mayoría. Pero por suerte él no era como la mayoría, y a veces incluso ni siquiera se sentía una persona.
Cuando finalmente alcanzó la base de los acantilados, pudo examinar los restos con mayor detalle.
La vista era impresionante. Varios naufragios habían convertido esa costa en un verdadero cementerio de barcos. Grandes fragmentos de casco sobresalían entre las rocas; algunas anclas, cadenas y estructuras metálicas estaban dispersas por toda la zona. El océano golpeaba los restos, arrancando espuma blanca con cada ola.
Ubbe comenzó a explorar, y no tardó demasiado en encontrar el premio gordo.
Entre dos enormes formaciones rocosas descansaba el esqueleto de una antigua embarcación de guerra, quizá marine. Aunque gran parte de la madera se encontraba podrida por el paso del tiempo, numerosas piezas metálicas seguían conservándose en condiciones sorprendentemente buenas. Refuerzos estructurales, anclajes, placas protectoras y gruesas cadenas permanecían atrapados entre los restos del barco.
Era justo lo que Sigurd necesitaba, y si no, ya encontrarían algún uso para ello.
Sin perder tiempo, se puso manos a la obra. El trabajo era duro, pero para alguien como él no era un problema. Sujetó una enorme cadena oxidada con ambas manos y tiró con fuerza. El metal chirrió mientras las fijaciones cedían una tras otra. Al final, la cadena entera se soltó del casco con un fuerte estruendo.
- Eso servirá, Baby!
La pieza cayó con fuerza sobre las rocas. Después, siguió con las placas metálicas; algunas estaban tan incrustadas que tuvo que arrancar parte de la madera junto con ellas. Otras cedieron tras unos pocos tirones. Poco a poco, se fue formando un buen montón de acero a su alrededor.
Las horas pasaron casi sin que se diera cuenta, y el sol seguía su camino mientras el trabajo se acumulaba a sus pies. Fue entonces cuando escuchó un sonido extraño.
Un crujido, luego otro, y otro más.
Ubbe levantó la mirada.
Una pequeña parte del acantilado sobre él empezaba a resquebrajarse, y aunque no era grande, era suficiente para causar problemas. La erosión, el peso de los restos y los golpes del mar habían debilitado esa sección de roca durante años. Ahora parecía lista para derrumbarse de una vez.
- Uh... eso no parece muy bueno, baby...
Apenas terminó la frase cuando una masa de piedra comenzó a desprenderse, el derrumbe descendió rugiendo por la pared del acantilado, arrastrando consigo parte de los restos del barco.
Durante unos segundos, todo el lugar pareció temblar. Ubbe reaccionó por instinto: mientras los restos caían, empezó a transformarse en su forma híbrida de Anquilosaurio. Avanzó hacia una de las secciones que estaba a punto de caer y apoyó ambos brazos contra una enorme viga metálica. Sus músculos se tensaron mientras intentaba desviar parte del peso lejos de la zona donde había acumulado el acero.
Las piedras continuaron cayendo, y la estructura completa protestó bajo la presión.
Finalmente, con un estruendo ensordecedor, gran parte del derrumbe cayó directamente al océano, levantando una enorme columna de agua. Cuando el ruido se apagó, el Buccaneer miró el resultado.
Parte de los restos de los barcos habían desaparecido, pero otra parte había quedado completamente expuesta.
Y lo mejor era que ahora podía acceder a nuevas secciones metálicas que antes estaban ocultas bajo la roca.
- Pues mira... al final hasta me ha ayudado. ¡GAHAHAHA! - dijo mientras deshacía su transformación y chasqueaba los dedos señalando hacia el frente.
Animado por esa inesperada ayuda de la naturaleza, siguió trabajando hasta que el sol empezó a bajar.
Cuando por fin decidió terminar la búsqueda, el resultado era espectacular: había reunido una auténtica montaña de acero, probablemente más de lo que Sigurd esperaba.
El único problema era evidente: ahora tenía que transportarlo. Tras varios minutos organizando la carga, usó las propias cadenas recuperadas para sujetar todas las piezas en un solo bloque. Cuando terminó el paquete improvisado, se lo cargó a la espalda y empezó el camino de regreso.
La marcha fue lenta pero constante. Cada paso hacía sonar las cadenas y placas, y cuando por fin regresó a Mock Town, ya empezaba a anochecer.
Los habitantes de la ciudad pronto notaron a la enorme figura que bajaba de las montañas cargando una cantidad absurda de acero en la espalda. Algunos lo miraron en silencio. Otros señalaron el espectáculo entre risas y comentarios. Ubbe solo respondió con una sonrisa. Ya en el barco, dejó caer toda la carga sobre cubierta con un estruendo que seguramente pudo escucharse desde varios muelles más allá.
Satisfecho, cruzó los brazos y contempló la montaña de metal que acababa de reunir.
- Sigurd... ¡Creo que ya tienes acero para una temporada, baby! ¡Me debes una cola zero bien fría! ¡GAHAHAHA!


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[Imagen: ksMOGZu.png]


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[Fic-Recolección] - Cementerio Naval - por Ubbe - 19-06-2026, 03:00 PM

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