20-06-2026, 03:01 AM
Silencio. Eso predomina por parte de Kiyoshi cuando Uker comienza a hablar, sobre todo estando a su lado. Permitirle expresarse es la mejor idea, un médico lo sabe, e interrumpirlo solo podía lograr que esa valentía que le inspira ahora, se desvanezca. Lo que le cuenta es importante. Le gusta saberlo. Conocer más de él, de su compañero, intentar entender su personalidad debido al trasfondo que hay detrás de la imagen que se muestra en el día a día.
Curiosidad le da que la muerte siempre esté presente en la historia a escuchar. ¿Tan horrible es el mundo? ¿Tan dura es la vida? Dura gran parte de su vida, Kiyoshi estuvo apartado del exterior, encerrado en la seguridad de su casa. Pasó mucho hasta que pudo salir de esa burbuja tan bien diseñada que crearon sus padres, por lo que recién en estos tiempos, llegando a los casi 30 años, es que entiende realmente cómo es la vida. Por mucho que siempre sufrió de su salud, y muchas veces se sintió inferior al resto por sus condiciones, fue feliz. Con sus progenitores, con su mayordomo, pudiendo tener lo que quisiera en casa, realmente fue criado con alegría.
Escapar a la fuerza, o más bien obligado por el destino, de ese lugar, es lo que le enseñó el dolor. La ira. La venganza. El resentimiento.
Como médico, como profesional, entiende lo que quiso transmitir el maestro de Uker. Era lo más sensato, y realmente merece respeto por ello. Incluso podemos decir que era una figura digna de admirar. Sin embargo, en la vida, no todo puede resolverse con lo que lees en un libro o aprendes estudiando a otros. Desde la teoría a la práctica, hay un largo trecho. Le molesta aceptarlo, pero no le queda de otra.
Aun así, sus labios permanecen sellados. Uker habla bastante, eso es positivo. Su médico. No, su compañero no lo interrumpe. Al ser una ocasión especial, entromete la mano diestra dentro de su chaqueta, específicamente en un bolsillo interno, y extrae de ahí una cajetilla de cigarrillos. Toma solamente uno y, usando un encendedor que también oculta, lo prende. Da una leve calada, cuyo humo retiene unos segundos dentro suyo para luego dejarlo escapar. Se asegura de que el viento no lo lleve al rostro de Uker; no desea distraerlo. Solo busca calmarse. A sí mismo. Aclarar sus ideas, intentar comprender qué está bien y qué no. Qué decir y qué callar.
Pasado el tiempo, finalmente le llega el turno de hablar. Aun así, cuando Uker termina, Kiyoshi se toma unos segundos. Sigue fumando, continúa pensando.
— Es correcto, tonto, no tiene sentido que persigas el odio y la venganza. Eso es lo que debo decirte como médico. — El final del diálogo es clave, pues no es dicho porque sí; tiene un propósito específico. Kiyoshi no está hablando al azar. Selecciona expresamente sus palabras. — Pero como persona, no soy quién para decirte eso. — Sería hipócrita de su persona, hasta podría tomarse como una falta de respeto para con una persona que acaba de abrirse sentimentalmente, dando a conocer su historia y los múltiples pensamientos que atacan su cabeza a diario. — Yo vivo para vengarme. Lo que me ha impulsado a seguir adelante cuando siento que no seré capaz, es el odio que siento hacia aquellos que mataron a mis padres. Por más que esté mal, no puedo cambiar lo que siento. — Crea una de sus burbujas, la cual se dirige hacia la punta del cigarrillo, apagándolo.
Se toma una nueva pausa.
— Entiendo lo que dices. Temes que tus sentimientos, lo que quieres hacer, vayan en contra de lo que te transmitió tu maestro. Créeme que te entiendo más de lo que piensas. — Pues por su parte, también tiene claro que sus padres jamás habrían querido que siguiese este camino. Sin embargo, ya es demasiado tarde. — Supongo que deberemos trabajar mucho, en cuerpo y espíritu—, lo que es obvio. Pero a algo apunta. — Tendremos que hallar la respuesta sobre cómo conseguir nuestros objetivos sin convertirnos en iguales a aquellos que tanto daño nos hicieron.
El mar está tranquilo, observarlo transmite paz. Ojalá situar los ojos en él sirviese para leer las páginas que contienen las respuestas que buscan. Lamentablemente, por mucho que viajen por el océano, el verdadero camino debe encontrarlo interiormente cada uno. — Estoy seguro que, cuando sea el momento, los tontos de Eros y Varo nos ayudarán a no descarrilarnos del camino en que se encuentran nuestros valores. Lamentablemente, para saber qué respuesta es la correcta, solo nos queda seguir avanzado. Seguir viviendo.
Curiosidad le da que la muerte siempre esté presente en la historia a escuchar. ¿Tan horrible es el mundo? ¿Tan dura es la vida? Dura gran parte de su vida, Kiyoshi estuvo apartado del exterior, encerrado en la seguridad de su casa. Pasó mucho hasta que pudo salir de esa burbuja tan bien diseñada que crearon sus padres, por lo que recién en estos tiempos, llegando a los casi 30 años, es que entiende realmente cómo es la vida. Por mucho que siempre sufrió de su salud, y muchas veces se sintió inferior al resto por sus condiciones, fue feliz. Con sus progenitores, con su mayordomo, pudiendo tener lo que quisiera en casa, realmente fue criado con alegría.
Escapar a la fuerza, o más bien obligado por el destino, de ese lugar, es lo que le enseñó el dolor. La ira. La venganza. El resentimiento.
Como médico, como profesional, entiende lo que quiso transmitir el maestro de Uker. Era lo más sensato, y realmente merece respeto por ello. Incluso podemos decir que era una figura digna de admirar. Sin embargo, en la vida, no todo puede resolverse con lo que lees en un libro o aprendes estudiando a otros. Desde la teoría a la práctica, hay un largo trecho. Le molesta aceptarlo, pero no le queda de otra.
Aun así, sus labios permanecen sellados. Uker habla bastante, eso es positivo. Su médico. No, su compañero no lo interrumpe. Al ser una ocasión especial, entromete la mano diestra dentro de su chaqueta, específicamente en un bolsillo interno, y extrae de ahí una cajetilla de cigarrillos. Toma solamente uno y, usando un encendedor que también oculta, lo prende. Da una leve calada, cuyo humo retiene unos segundos dentro suyo para luego dejarlo escapar. Se asegura de que el viento no lo lleve al rostro de Uker; no desea distraerlo. Solo busca calmarse. A sí mismo. Aclarar sus ideas, intentar comprender qué está bien y qué no. Qué decir y qué callar.
Pasado el tiempo, finalmente le llega el turno de hablar. Aun así, cuando Uker termina, Kiyoshi se toma unos segundos. Sigue fumando, continúa pensando.
— Es correcto, tonto, no tiene sentido que persigas el odio y la venganza. Eso es lo que debo decirte como médico. — El final del diálogo es clave, pues no es dicho porque sí; tiene un propósito específico. Kiyoshi no está hablando al azar. Selecciona expresamente sus palabras. — Pero como persona, no soy quién para decirte eso. — Sería hipócrita de su persona, hasta podría tomarse como una falta de respeto para con una persona que acaba de abrirse sentimentalmente, dando a conocer su historia y los múltiples pensamientos que atacan su cabeza a diario. — Yo vivo para vengarme. Lo que me ha impulsado a seguir adelante cuando siento que no seré capaz, es el odio que siento hacia aquellos que mataron a mis padres. Por más que esté mal, no puedo cambiar lo que siento. — Crea una de sus burbujas, la cual se dirige hacia la punta del cigarrillo, apagándolo.
Se toma una nueva pausa.
— Entiendo lo que dices. Temes que tus sentimientos, lo que quieres hacer, vayan en contra de lo que te transmitió tu maestro. Créeme que te entiendo más de lo que piensas. — Pues por su parte, también tiene claro que sus padres jamás habrían querido que siguiese este camino. Sin embargo, ya es demasiado tarde. — Supongo que deberemos trabajar mucho, en cuerpo y espíritu—, lo que es obvio. Pero a algo apunta. — Tendremos que hallar la respuesta sobre cómo conseguir nuestros objetivos sin convertirnos en iguales a aquellos que tanto daño nos hicieron.
El mar está tranquilo, observarlo transmite paz. Ojalá situar los ojos en él sirviese para leer las páginas que contienen las respuestas que buscan. Lamentablemente, por mucho que viajen por el océano, el verdadero camino debe encontrarlo interiormente cada uno. — Estoy seguro que, cuando sea el momento, los tontos de Eros y Varo nos ayudarán a no descarrilarnos del camino en que se encuentran nuestros valores. Lamentablemente, para saber qué respuesta es la correcta, solo nos queda seguir avanzado. Seguir viviendo.
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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