21-06-2026, 06:32 AM
(Última modificación: 21-06-2026, 06:41 AM por Hyákinthos.)
En el exterior se escucharon gritos que no solo llamaron la atención de sus asistentes, si no de algunos meseros y edecanes, los más cercanos a la puerta del vestuario de los bailarines. Uno de ellos, en especial, al ver a uno de los asistentes enmascarados saliendo de aquella puerta, achinó los ojos, sentía que había visto a ese hombre antes, pero no estaba seguro de donde, además, la máscara sobre su rostro le dificultaba aún más identificarlo.
Chasqueó la lengua… ¡Malditas reglas de las máscaras! ¿Cómo querían que estuvieran atentos a gente sospechosa si todos iban en cubierto? El hombre que alcanzó a verlo y que lo siguió con la mirada, mientras veía como el enmascarado caminaba con sigilo hasta la siguiente puerta, no pudo quedarse quieto. Llamó a alguien por den den mushi. Tenía que informar sobre un posible sospechoso; sin embargo, precisamente por estar concentrado en la llamada, no se dio cuenta de que la puerta de los vestidores de los bailarines se había abierto y alguien, ataviado con una capucha larga, para ocultar la vestimenta con la que saldría al escenario, salió y se mezcló entre las personas hasta llegar a donde estaba el pirata enmascarado.
—Psst —. El bailarín, un chico que no debía tener más de 18 años, delgado y con ojos hundidos, que demostraba que quizá no comía tan bien como debía, fue quien decidió seguir al pirata y quien lo llamó con ese sonidito peculiar justo antes de tocar su hombro con su mano huesuda. —Entrar ahí por esa puerta es una estupidez. No lo hagas —. Le susurró al hombre.
¿Por qué le decía eso y cómo sabía que el pirata tenía como objetivo entrar? Simple: Conocía a Agelena.
—Sé quien eres…bueno, no es que nos hayamos visto antes —. Continuó el chico, quien se encargaba de disimular su conversación al haber pedido a un mesero antes de llegar ahí, un par de copas con champaña. Se quedó con una y la otra se la extendió al pirata. —Pero conozco a la señorita Agelena, ella consiguió que yo trabajara aquí y…conozco su intención —. Tragó saliva al decir eso y enseguida tomó un trago de su copa. —¡Tranquilo! No pienso delatarte a ti ni a nadie, estoy agradecido con ella…de hecho, se supone que era mi trabajo conseguir eh…bueno, eso… ¿sabes? Pero no soy esa clase de persona ¿Si me entiendes? —Un ladrón, el chico no era un ladrón o al menos lo evitaba.
—Creo que la decepcioné un poco, creo que contaba conmigo, pero le prometí que si me decía como lucía la persona que la ayudaría, podría guiar a esa persona desde adentro…perdón por no haberte esperado afuera, pero… ¡Ah! Soy pésimo en este trabajo de agente ¿No es así? —Sí, lo era, descuidado y poco atento, de hecho, ni siquiera se había dado cuenta que ya eran las 8 de la noche, creyó que aún tenía tiempo para recibir al enviado de Agelena, pero sea como sea, al menos tuvo suerte de que el mismo “invitado” llegó hacia él. —Perdón, me desvío del tema…Esta puerta que tienes al frente es en donde está “La viuda negra”, pero como dije antes, entrar por ahí es mala idea. Sígueme.
Sin que nadie se diera cuenta y esperando a que el pirata lo siguiera, el bailarín alzó la tela del costado del escenario, ese lado que nadie observaba y se metió bajo la estructura. Estaba oscuro, pero al final brillaba una luz amarillenta que venía desde arriba.
—Ambos cuartos tienen dos puertas, las del frente y las que dan directo al escenario. Tranquilo, nadie nos verá, la parte de atrás de la tarima está cubierta por el telón, así que estaremos a salvo. Me sé el programa y a esta hora no hay nadie tras la tela, deberíamos estar seguros —. El chico se detuvo cuando llegaron a unas escaleras de madera que daban hacia un espacio más iluminado, hizo ademán de subir, pero antes de que pusiera un pie en la escalera, su rostro pálido y sus ojos grandes se abrieron aun más, indicando que había recordado algo más.
—¡Ah! Lo olvidaba, antes de que entres debes saber que pude conseguir información sobre donde tendrían guardado el diamante esta noche. En la habitación hay varios estantes, la mayoría tienen joyas valiosas, pero comunes; sin embargo, al final, hay uno que parece una caja fuerte. Esta custodiada por varios guardias y un jefe bastante…ugh…estricto. Ese hombre me da miedo, tiene una manera de tratar a las mujeres y a los okama muy…asquerosa —. El chico se estremeció. —¿En qué iba? ¡Ah sí! La caja fuerte…Conseguí la combinación, espero que no haya cambiado, pero es…—Se puso de puntitas para acercarse al oído del pirata y susurrar cuatro números. —Cuatro, Dos, Siete, Tres. Es una caja con una rueda giratoria, mecánica…Tenlo en cuenta.
Con eso dicho, el chico subió la escalera, con tal sigilo que uno podría preguntarse ¿Qué lo detuvo de robar? Porque parecía bastante bueno para infiltrarse y obtener información, pero lo cierto es que era más cobarde de lo que parecía y cuando era un verdadero reto, podría llegar a orinarse en los pantalones.
Cuando subió hasta la parte de atrás del escenario, no había nadie y tal como le había dicho al otro hombre, la parte de atrás de la tarima estaba cubierta por el telón; sin embargo, desde ese sitio, podían verse las entradas traseras de los vestidores de los bailarines, así como la de la bodega en donde estaban los objetos valiosos.
—Es a la izquierda —. El muchacho extendió su mano y le pasó al hombre una tarjeta, el equivalente a la llave para pasar al lugar. —Buena suerte e intenta ser discreto…como te dije, el jefe de los guardias está loco…intenta que no te descubra.
Señaló la puerta y en ese instante, le quitó la copa del champaña al hombre y él se fue hacia la derecha, abrió la respectiva puerta de los vestidores y desapareció tras ella, dejando al pirata a solas y con la oportunidad de entrar a la bodega.
Debía hacerlo.
Cuando la puerta se abrió sin hacer ningún ruido, se pudo vislumbrar en el interior una iluminación escasa, no era nula, pero sí que dotaba al lugar de una atmósfera tétrica, aunque a pesar de eso, para fortuna de nuestro protagonista, la puerta estaba justo detrás de uno de los anaqueles, por lo que, desde ese lugar, era fácil ver a los guardias armados que custodiaban los objetos.
Todos tenían el rostro cubierto con una tela negra y una gorra del mismo color…de hecho, todo su uniforme era del mismo color. En lo único que había diferencia era en sus armas, algunos tenían pistolas, otros tenían espadas y otros solo guantes o botas que lucían demasiado pesados para ser parte de un outfit casual, pero…de entre todos, había un hombre que destacaba.
A diferencia del resto, quienes tenían estaturas promedio y muy normales, este sujeto llegaba a unos tres metros, además, aunque tenía su rostro también cubierto, sus ojos también lo estaban, con unos lentes de vidrio rojo, además, su vestimenta no era por completo negra. Tenía una camisa blanca con las mangas recogidas y unos guantes de cuero protegían sus manos…las que estaban cerca, muy cerca, bueno ¿Para qué engañarse? Estaban sobre una pistola que lucía bastante letal en él.
¿Lo peor?
Era ese hombre justo el que estaba a un lado de la caja fuerte al final del cuarto, la que, por lógica, debía ser aquella de la que le habló el bailarín al pirata.
Solo había una forma de salirse con la suya en este caso: Distraer a los guardias, algo que no parecía fácil de lograr o bien, enfrentarse directamente a ellos, a fin de cuentas, si uno es el primero en atacar tiene ventaja ¿No? Aunque…contra 21 personas, uno podría dudarlo un poco.
Invitación al baile
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