21-06-2026, 05:19 PM
Narrador / María Merlot (Kassandra)
MUSICA
Primavera (65).
Año 15.
4:30 a. m.
Nenúfar, en algún lugar del mar cercano a Baterilla, South Blue.
Año 15.
4:30 a. m.
Nenúfar, en algún lugar del mar cercano a Baterilla, South Blue.
— … me obligas a actuar como un monstruo — la mano entre las hebras del cabello celeste se tensó, apretando con alevosía para causar dolor al objeto de sus deseos — … nunca debes olvidar quien es tu amo — la acerco a sus labios, pero en vez de besarla paso con parsimonia la lengua morada sobre los suaves labios de la mestiza. Su sabor lo volvía loco, había algo en la hermosa mujercita que sacaba sus más bajos instintos, lo que ya era mucho decir. Desde que la vio, lo supo, sería suya por y para toda la eternidad. Quien se interpusiera entre ambos terminaría muerto, como aquel cangrejo, como los que quisieron arrebatársela alguna vez — … El bastardo de Gabriel Lucandese pago muy bien por tenerte. He escuchado que tiene fetiches peculiares. Ese será tu castigo por desobedecerme. ¿Cuándo lo entenderá esa bonita cabecita tuya? — la lengua subió por la mejilla de la fémina dejando un rastro de saliva como si buscará marcarla, aun más, como suya — … eres lo que yo quiero que sea, haces lo que yo quiero que hagas, y ahora mismo no quiero verte — llego hasta el lóbulo de la oreja, mordiéndolo con sus afiliados dientes. El dolor la hizo soltar un gemido — … esos sonidos no van a salvarte de tu castigo pero cuando regreses de tu expiación te consolaré como solo yo sé hacerlo. Sé buena chica, y no me hagas enojar — le dio un último tirón al cabello celeste lanzándola al suelo. Se paso la diestra por las trenzas y recorrió el cuerpo de su preciosa mestiza sin ocultar sus pensamientos lascivos — … tal vez, vaya yo mismo por ti. No me extrañes mucho Kassandra — se dio la media vuelta y salió de la habitación, dejando a la mujer en manos de aquellas que la iban a arreglar para llevarla ante aquel que pago, muy bien, por sus servicios de cortesana.
Primavera (65).
Año 15.
10:30 a. m.
Algún lugar de la Costa, Baterilla, South Blue.
Año 15.
10:30 a. m.
Algún lugar de la Costa, Baterilla, South Blue.
Los Piratas del Abismos tenían varios negocios en aquellos mares, uno de ellos: la trata de blanca y cortesanas de alto valor. Si podías tener un fetiche, ellos te lo harían realidad por un módico precio. Gabriel Lucandese, un hombre de mediana edad, con negocios igual de ilícitos, podía permitirse esos gustos. Y desde que vio aquellos cabellos celestes, esa sonrisa divina, esas curvas seductoras y esos ojos ámbar, solo pudo imaginarla una y otra vez en su cama. La Joya más hermosa entre la colección de los asquerosos piratas gyojines. Una combinación única entre humanas y sirena. Así fue, que puso sobre la mesa una oferta que nadie, ni siquiera el Capitán Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal, pudo rechazar. Cuando la vio llegar, babeo, literalmente. Era suya, solo suya… y así se lo demostró, esa noche y los días siguientes. Nunca experimento tal éxtasis, estaba hipnotizado, tanto que el pensamiento de robárselas por siempre cruzo su cabeza.
Primavera (67).
Año 15.
11:27 p. m.
Baterilla, South Blue.
Año 15.
11:27 p. m.
Baterilla, South Blue.
— … solo nos falta un violinista, por favor, Señorita Miyori, acepta — el hombre, quien tocaba el violonchelo, había conocido a la joven de cabellera anaranjada una tarde cuando la escucho tocar el violín. Desde entonces, a veces, la invitaba a tocar con su cuarteto de cuerdas. Ahora la buscó porque tenían un importante, y bien pagado, servicio pero su violinista se había roto el brazo — … ellos no nos harán nada, son amantes de la música, solo quieren escuchar unas agradables melodías. Y están pagando muy bien por una noche — explico, sabía que podía resultar aterrador tocar para personas de “reputación dudosa” pero todos necesitaban el dinero, esperaba que ella también.
Primavera (67).
Año 15.
6:21 p. m.
Selva, South Blue.
Año 15.
6:21 p. m.
Selva, South Blue.
La mansión de Gabriel Lucandese se ubicaba entre la densa selva que rodeaba al volcán. Oculta de los ojos indiscretos de propios y extraños. El creador de semejante estructura la hizo basada en su isla de origen: Arabasta. La cultura de allá también le fascinaba al hombre, por lo que en su pequeño (es un eufemismo) refugio todo parecía sacado de ese reino. El sujeto que se encontraba sentado en lo alto de una plataforma bordeada por fuentes y a la cual solo se ascendía por esclareas frente a él, el trono lleno de oro y piedras preciosas. A sus pies su nuevo juguete favorito, delicioso, divino.
— ¿Te gusta la música, Kassandra? — le pregunto a la mujer acariciando su cabeza como si se tratase de una mascota.
— Me gusta lo que le guste a mi amo. Si le gusta el vino, me gustará el vino. Si le gusta la música, me gustará la música. Tus deseos son los míos también. — respondió con voz alegre y encantadora, como si viviera y muriera por el hombre.
— La música me gusta mucho, el cuarteto de cuerdas acompañara nuestra velada de hoy mi hermosa sirena — le hablo con un sonrojo en sus pómulos morenos mientras la chica le sonreía y se acomodaba a sus pies, usando las piernas de él para apoyar su cuerpo.
María sentía asco por ese hombre, sentía asco por todo ese lugar… pero si algo había aprendido era que luchar contra el poderoso nunca resultaba bien para ella. Así que solo podía ser una muñeca mientras los grillos en su cabeza la llevaban lejos de ese infierno. Su largo cabello celeste estaba recogido en un moño que dejaba escapar algunos mechones, la vestimenta consistía en un top y una vaporosa falda. Le habían colocado mucha joyería, lo cierto es que se sentía como una princesa, una muy mancillada princesa. Cuando la puerta se abrió anunciando al cuarteto de cuerdas, el hombre se inclinó hacia adelante dándole un baboso beso en los labios, a lo cual respondió de manera automática. Gabriel le colocó un velo bordado en oro, que medio se transparentaba, para que nadie pudiera distinguirla bien.
La mestiza suspiro, el hombre pensó que fue por él. Tonto, solo quería regresar a su celda en el Nenúfar, y algo le decía que pronto lo haría… porque ese gyojin que hacía de mesonero, era uno de los hombres de su verdadero amo. ¿Ese día irían por ella? No lo sabía con certeza... solo le quedaba esperar, sonreír y disfrutar de esos momentos de paz, sin nadie encima de ella...
— ¿Te gusta la música, Kassandra? — le pregunto a la mujer acariciando su cabeza como si se tratase de una mascota.
— Me gusta lo que le guste a mi amo. Si le gusta el vino, me gustará el vino. Si le gusta la música, me gustará la música. Tus deseos son los míos también. — respondió con voz alegre y encantadora, como si viviera y muriera por el hombre.
— La música me gusta mucho, el cuarteto de cuerdas acompañara nuestra velada de hoy mi hermosa sirena — le hablo con un sonrojo en sus pómulos morenos mientras la chica le sonreía y se acomodaba a sus pies, usando las piernas de él para apoyar su cuerpo.
María sentía asco por ese hombre, sentía asco por todo ese lugar… pero si algo había aprendido era que luchar contra el poderoso nunca resultaba bien para ella. Así que solo podía ser una muñeca mientras los grillos en su cabeza la llevaban lejos de ese infierno. Su largo cabello celeste estaba recogido en un moño que dejaba escapar algunos mechones, la vestimenta consistía en un top y una vaporosa falda. Le habían colocado mucha joyería, lo cierto es que se sentía como una princesa, una muy mancillada princesa. Cuando la puerta se abrió anunciando al cuarteto de cuerdas, el hombre se inclinó hacia adelante dándole un baboso beso en los labios, a lo cual respondió de manera automática. Gabriel le colocó un velo bordado en oro, que medio se transparentaba, para que nadie pudiera distinguirla bien.
La mestiza suspiro, el hombre pensó que fue por él. Tonto, solo quería regresar a su celda en el Nenúfar, y algo le decía que pronto lo haría… porque ese gyojin que hacía de mesonero, era uno de los hombres de su verdadero amo. ¿Ese día irían por ella? No lo sabía con certeza... solo le quedaba esperar, sonreír y disfrutar de esos momentos de paz, sin nadie encima de ella...
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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