[Fic-Pasado] I'll become the monster
#1
Continuación de este tema
22 de Verano, Año 17, Arabasta

Cuando Ubbe por fin despertó de verdad, el sol ya llevaba horas brillando sobre el mar. La luz entraba por una de las pequeñas ventanas del camarote y se extendía sobre las tablas del suelo, iluminando motas de polvo que flotaban despacio con el vaivén del barco. Pasó varios minutos quieto en la cama, sin apuro por levantarse, escuchando el sonido del mar mientras intentaba desperezarse mentalmente. Había dormido más de lo normal, mucho más de lo que recordaba haber dormido nunca después de un combate, y aun así no se sentía del todo descansado. El cansancio físico casi había desaparecido, pero en su lugar quedaba una extraña pesadez difícil de explicar, como si durante esa larga noche algo hubiera seguido moviéndose dentro de él mientras estaba inconsciente.

Su mente volvió inevitablemente al combate. No pensó en el calor sofocante ni en el mar de arena que rodeaba la ciudad, sino en los últimos momentos de aquel combate absurdo que terminó siendo una de las peleas más duras de su vida. Todavía recordaba el peso de cada golpe, cómo sus músculos se quejaban con cada movimiento y la sensación creciente de que, si cometía un solo error, acabaría enterrado en ese desierto. Pero entre todos esos recuerdos, uno siempre se imponía. Cada vez que cerraba los ojos, incluso ahora, veía la misma imagen. Burrich. O mejor dicho, en lo que Burrich se había convertido.
No importaba cuánto lo analizara. No importaba cuántas veces repasara la escena en su cabeza. Seguía siendo imposible olvidar el momento exacto en que ese hombre dejó de parecer humano. La transformación fue brutal, casi antinatural, como si una criatura antigua hubiera estado escondida bajo su piel esperando salir. Cuanto más lo pensaba, más extraña le parecía la sensación que ese recuerdo le provocaba, porque no era miedo, ni admiración, ni siquiera la emoción de haber visto algo increíble. Era otra cosa. Una sensación mucho más incómoda. Una familiaridad inexplicable que volvía cada vez que recordaba a esa bestia rugiendo en medio del desierto.
Con el ceño fruncido, se incorporó y apoyó los antebrazos en las rodillas, mirando sus manos durante unos segundos. Eran las mismas de siempre: grandes, ásperas, llenas de pequeñas cicatrices de años de peleas, entrenamientos y trabajos que habrían destrozado a cualquiera. Nada parecía distinto. No había cambios visibles ni cosas extrañas. Sin embargo, cuanto más las miraba, más seguro estaba de que algo había cambiado desde que sobrevivió a aquella pelea.
En ese momento, el recuerdo de la asquerosa fruta volvió a su mente.
Aquella maldita fruta.
Ubbe frunció el gesto al recordar el sabor. En su vida había comido cosas terribles sin quejarse mucho. Había sobrevivido a guisos dudosos en tabernas, a carne que llevaba días al sol y a recetas cuya composición prefería ignorar. Pero eso era distinto. Era como si alguien hubiera puesto todo el mal sabor del mundo en una sola fruta y se la hubiera dado en broma al primero que se atreviera a morderla.
Y justo ahí empezaba el problema.
Desde que despertó, cada vez que pensaba en la fruta, acababa recordando a Burrich.
Y cada vez que recordaba a Burrich, terminaba pensando en la fruta.
La conexión era tan constante que ya era difícil ignorarla. Es curioso que aun así, aun dándole tantas vueltas, no pudiera recordar ni el propio nombre del que casi le arrebata la vida.
Ubbe soltó un largo suspiro y se levantó despacio, notando cómo sus articulaciones se quejaban al volver a cargar con sus más de cuatro metros de altura. Quizá todo eso no significaba nada. Quizá solo le estaba dando demasiadas vueltas a una coincidencia absurda por el cansancio. Al fin y al cabo, no tenía pruebas de que ambas cosas estuvieran relacionadas. No había pasado nada raro desde que comió esa porquería. No había desarrollado ningún poder extraño. No había sentido ninguna transformación. No había cambiado nada.
Sin embargo, mientras caminaba hacia la puerta del camarote, no pudo evitar sentir de nuevo esa extraña sensación recorriéndole el cuerpo; no era dolor, ni siquiera era una emoción concreta.
Era algo mucho más difícil de explicar. Algo que seguía escondido en algún rincón de su interior y que parecía reaccionar cada vez que los recuerdos de la pelea volvían a su mente. Una presencia silenciosa. Paciente. Instintiva. Como si una parte de él hubiera despertado en medio del desierto y aún esperara el momento de mostrarse.

La sensación no desapareció al salir a cubierta. Si acaso, el aire fresco del mar pareció hacerla todavía más evidente, como si al alejarse del silencio del camarote ya no tuviera ninguna otra cosa en la que concentrarse aparte de aquel extraño malestar que llevaba acompañándolo desde que despertó. Después de todo, había pasado por una pelea infernal, había terminado prácticamente inconsciente y había dormido durante horas. Lo raro habría sido despertarse como si nada hubiese ocurrido.
Con esa idea en mente, terminó apoyando ambos antebrazos sobre la borda, observando las olas romper contra el casco mientras dejaba escapar un largo suspiro. Cuanto más lo pensaba, más razonable parecía la explicación más simple. Estaba cansado. Le dolía medio cuerpo. Probablemente había recibido más golpes de los que era capaz de recordar. Incluso una pequeña sonrisa terminó apareciendo en su rostro al recordar la sensación de adrenalina en la pelea; había sido una barbaridad, así que la respuesta más sencilla y facil parecía ser la correcta en este caso. 
- Yeah... seguramente sea eso...
La frase apenas había abandonado sus labios cuando el recuerdo volvió a aparecer.
No llegó acompañado de ninguna explicación ni de ninguna revelación repentina. Simplemente regresó. Burrich. Aquella transformación imposible que seguía ocupando algún rincón de su cabeza por mucho que intentara olvidarla. Cuanto más pensaba en ello, más extraño le resultaba que una imagen tan concreta hubiese decidido quedarse grabada entre todos los momentos de aquella pelea. Había recibido golpes más duros, había estado más cerca de perder y había vivido situaciones bastante más absurdas durante sus viajes. Sin embargo, por alguna razón, siempre terminaba regresando a aquel instante.
Tal vez fue precisamente mientras pensaba en ello cuando notó un tirón recorriéndole el brazo.
No llegó a ser doloroso. Ni siquiera especialmente intenso. Fue más parecido a un escalofrío extraño que nació en algún punto cercano al hombro y descendió hasta la punta de los dedos antes de desaparecer tan rápido como había aparecido. La sensación fue suficiente para hacerle bajar la mirada de forma instintiva, observando la mano que seguía apoyada sobre la madera de la borda mientras intentaba comprender qué demonios acababa de sentir.
Al principio no vio nada, después creyó ver algo.
Y finalmente ya no estuvo seguro de ninguna de las dos cosas.
Durante una fracción de segundo habría jurado que sus uñas parecían diferentes. No mucho. No lo suficiente como para señalar exactamente qué había cambiado. Simplemente distintas. Más largas. Más oscuras. Más parecidas a las garras de algún animal que a las manos de un hombre. Sin embargo, cuanto más las observaba, más normales parecían volverse, hasta el punto de que terminó dudando de si realmente había visto algo o si su cerebro estaba empezando a jugarle malas pasadas después del combate.
- What the fuck... Baby, me estoy volviendo crazy ya... 
Murmuró para sí mismo mientras giraba la mano varias veces delante de sus ojos.
Seguía siendo su mano, grande, callosa, llena de pequeñas cicatrices. La misma de siempre.
Aquello debería haber sido suficiente para zanjar el asunto, pero justo cuando empezaba a convencerse de que todo había sido producto del cansancio, un sonido seco llamó su atención desde algún punto situado bajo sus propios dedos.
La madera había cedido.
No de la forma habitual. No como cuando alguien aplicaba demasiada fuerza y terminaba partiendo algo por accidente. Aquello era diferente. Al bajar la vista, descubrió varios surcos profundos atravesando la superficie de la borda, marcas irregulares que parecían haber sido abiertas por algo contundente y que recorrían la madera exactamente detrás de sí. 
Durante varios segundos permaneció observándolas sin moverse, después miró su mano, volvió a mirar la madera y, finalmente, regresó otra vez a la mano.
No encontraba ninguna explicación que tuviera sentido.
Era perfectamente consciente de la fuerza que poseía. Había roto cosas mucho más resistentes que aquello a lo largo de su vida, pero las marcas que tenía delante no parecían el resultado de la fuerza. Parecían... ¿Golpes? Como si alguien enorme hubiese aporreado el suelo con algún arma. 
Aquella idea hizo que el recuerdo de Burrich volviera a cruzar su cabeza una vez más. Concretamente, de Burrich y su cola. No la cola zero, sino la cola de su espalda. 
Y esta vez la sensación regresó con él; más intensa, más cercana, más difícil de ignorar.
Fue como si algo respondiera desde el fondo de su propio cuerpo, despertando lentamente cada vez que aquellos pensamientos aparecían. No sabía cómo describirlo. No era una voz. No era una presencia real. Era simplemente una impresión. Un instinto extraño que parecía moverse bajo su piel cada vez que recordaba aquella transformación.
Sus dedos volvieron a cerrarse alrededor de la borda, la madera crujió.
Y durante un instante tan breve que ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar, la silueta de su propia sombra cambió.
No hubo explosiones de energía, no hubo luces, no hubo nada espectacular.
Solo un cambio repentino. Su cuerpo entero palpitó, y por un momento era grande, más grande de lo normal. Se notaba más pesado, más... bestial. 
El cambio duró tan poco que, cuando terminó, Ubbe seguía exactamente en la misma posición, se quedó observando sus propios dedos, buscando cambios, indicios de qué coño le estaba pasando, y preguntándose si acababa de imaginarlo todo.

Movido más por curiosidad que por cualquier otra cosa, Ubbe volvió a cerrar el puño mientras mantenía la vista fija sobre su propia mano, intentando reproducir aquella extraña sensación que había aparecido al recordar a Burrich y su forma animal. Durante unos segundos no ocurrió absolutamente nada y estuvo a punto de rendirse, convencido de que todo aquello no había sido más que una mezcla de cansancio y golpes en la cabeza, hasta que aquella familiar oleada de calor volvió a recorrerle el brazo desde el hombro hasta la punta de los dedos.
Esta vez no desapareció; algo estaba ocurriendo. 
Los músculos de su antebrazo se tensaron de golpe, la piel oscureció ligeramente y unas placas endurecidas empezaron a brotarle en el brazo. El cambio apenas alcanzaba una parte de su brazo, una transformación incompleta e inestable que todavía estaba lejos de ser perfecta, pero era más que suficiente para dejar claro que aquello era real.
Ubbe se quedó mirándolo durante varios segundos.
Después giró la mano, la abrió y la cerró, observando todos los cambios de su brazo. 
Y una sonrisa enorme comenzó a extenderse lentamente por su cara.
- No fucking way...baby
La garra volvió a cerrarse delante de él mientras una carcajada escapaba de su garganta. Ya no había confusión. Ya no había dudas. Ni siquiera le preocupaba entender cómo funcionaba aquello. Lo único que veía era una mano que parecía pertenecer a una bestia gigantesca y prehistórica, y la certeza absoluta de que, si aquello era solo el principio, la fruta más asquerosa que había probado en toda su vida acababa de convertirse también en la mejor que probaría jamás. 

Tras un buen rato practicando esa "concentración", consiguió acabar transformándose todo el cuerpo en una especie de forma parcial entre Ubbe y un dinosaurio, y lógicamente, le flipaba. 

Al final había terminado completamente estirado sobre cubierta, ocupando bastante más espacio del que debería y sin la más mínima intención de volver a su aspecto normal por el momento. La enorme cola acorazada descansaba detrás de él, moviéndose ocasionalmente de un lado a otro mientras sostenía una botella de cola zero sobre el pecho y observaba las nubes avanzar lentamente por el cielo, lo mejor de todo era que se sentía natural.
No había ninguna incomodidad, ninguna sensación extraña; cuanto más tiempo permanecía transformado, más claro tenía que aquello no era una armadura ni una habilidad que estuviera utilizando. Era simplemente otra parte de él. Las placas que cubrían sus brazos, hombros y espalda parecían haber estado allí toda la vida, y la fuerza que recorría su cuerpo resultaba tan agradable que empezaba a costarle recordar cómo se sentía antes.
Una carcajada escapó de su garganta mientras levantaba uno de los brazos para observar las enormes placas pétreas que lo cubrían.
- GAHAHAHAH - This is so fucking cool Baby! Qué ganas tengo de enseñárselo al melenas, ¡le va a turboflipar seguro!
Chasqueó los dedos señalando; en esa forma corporea era aún mas gracioso ese gesto. 
Todavía le costaba creer que todo aquello hubiera salido de aquella fruta infernal que había arrancado de un árbol cualquiera en mitad del desierto. Había pasado de estar peleando por su vida contra una bestia prehistórica a convertirse él mismo en una, y cuanto más lo pensaba, más divertida le parecía la situación.
Quizá debería preocuparle, quizá debería estar preguntándose si acabaría igual que Burrich, quizá cualquier persona con dos dedos de frente estaría inquieta después de descubrir que podía transformarse en un monstruo de varias toneladas.
Pero cada vez que intentaba tomárselo en serio, terminaba sonriendo, porque la realidad era mucho más simple: era enorme, resistente y fuerte. Y ese poder solo aumentaba todas esas capacidades. 

Y aquello era solo el principio.
Sus ojos descendieron un instante hacia una de las placas que cubrían su antebrazo antes de que una sonrisa todavía mayor apareciera bajo la perilla.
Si Burrich se había convertido en un monstruo y había acabado muerto... 
Entonces él iba a convertirse en uno todavía más grande.

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[Imagen: ksMOGZu.png]
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[Fic-Pasado] I'll become the monster - por Ubbe - 22-06-2026, 02:40 PM

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