[Presente Absoluto - Aventura Tier 9] - Las segundas partes nunca fueran buenas II
#23
Nadaba de vuelta por el pasillo acuático arrastrando a mi rival inconsciente de las manos cuando las paredes empezaron a temblar, una sacudida que se transmitió a través del agua hasta mis huesos con una violencia que no esperaba, seguida de un sonido afilado colisionando contra la roca por encima de mi cabeza. Un instante después el techo del taller que tenía frente a mí al final del pasillo se dividió en dos con un corte tan limpio y profundo que por él se podía ver la noche exterior y la luna en lo más alto de la bóveda estrellada de Risky Red, y el agua que había estado llenando la guarida comenzó a redistribuirse por el espacio adicional que aquella brecha colosal había generado, dejando de ser el problema que había sido hasta ese momento y confirmándome que alguien nos había salvado. Agarré con más firmeza las manos de mi rival y nadé hacia arriba siguiendo la grieta, ascendiendo por el corte en la roca durante los metros que separaban el taller del exterior hasta salir a la superficie donde la noche del Yermo Carmesí se extendía sobre el Lago Rubí con una frialdad que contrastaba brutalmente con todo lo que habíamos vivido bajo tierra, encontrando a Karl y Apolo ya en la orilla junto a las dos antorchas que seguían ardiendo.
 
Me acerqué a Karl y Apolo arrastrando a mi rival de las manos hasta quedar a un metro de ellos – “Me alegro de verles bien. Esta desgracia para mi estirpe es uno de los esbirros de Leyos” – les dije señalando al gyojin inconsciente que flotaba a mi lado – “Es hora de que responda por lo que ha hecho.” – levante la cabeza y vi a unos diez metros más allá de las antorchas las miradas familiares de Colt, Billy y Jolly que habían llegado con provisiones y utensilios médicos. Me giré hacia Colt y caminé los diez metros que nos separaban hasta él para entregarle a mi rival, dejándolo en sus manos antes de volver junto al grupo en la orilla luego de explicar rápidamente quien era y lo ocurrido. El agua chorreaba aun desde la gabardina verde esmeralda mientras miraba a mi alrededor tomando aire de la noche abierta por primera vez desde que nos habíamos adentrado en aquella guarida. Fue entonces cuando Viktor apareció desde la grieta, su pelaje normalmente de un blanco inmaculado completamente manchado de sangre carmesí que contrastaba de forma extraña con las tierras rojizas del yermo como si el propio paisaje lo hubiera reclamado como suyo por un momento, y antes de que pudiera decir nada alargó los brazos y nos envolvió a los tres en un abrazo que no esperaba de él, diciéndonos que se alegraba de que estuviéramos bien con una sinceridad que no dejaba lugar a dudas, y correspondí al abrazo sin pensarlo, sintiendo el peso de todo lo que había ocurrido en ese día disolverse ligeramente en aquel gesto simple y genuino – “Yo también me alegro de haber salido de esta ilesos.” – aseveré. Cuando Viktor nos soltó le pregunté por aquella presencia que había sentido con él bajo tierra a través del haki de observación expandido a trescientos metros, poderosa como pocas que hubiera detectado antes y sin embargo completamente no hostil hacia nosotros, que había desaparecido antes de que pudiéramos reunirnos todos, queriendo saber quién era esa persona con la que había estado y qué había pasado en aquella sala del tiburón mientras nosotros nos las veíamos con el agua y los esbirros de Leyos – “¿De que le conoces?” – le pregunte al peliblanco, pero me pidió esperar a partir rumbo a Marineford para hablar con soltura, y yo acepte de buena gana su petición.
 
Miré al grupo reunido junto al lago a unos metros de las antorchas, a Colt con el esbirro inconsciente en sus manos, a Billy y Jolly con las provisiones, a Karl y Apolo de pie junto a mí, y pensé que éramos fuertes, que lo habíamos demostrado ese día, pero que también habíamos tenido suerte, que había momentos en los que la diferencia entre salir caminando y no salir era más delgada de lo que ninguno de nosotros quería admitir, y entonces pensé en Jack, el apostador de la taberna al que había pagado cuatrocientos mil berries para conseguir la moneda con el tiburón grabado que había resultado ser la clave de todo, y me pregunté si el hombre habría pensado alguna vez que la suerte era algo que se gastaba, porque yo estaba cada vez más convencido de que la nuestra no la habíamos gastado apostando en aquella mesa sino aquí, saliendo vivos de las fauces de Nimda Leyos, y que eso valía bastante más que cualquier cosa que Jack hubiera podido ganar o perder en su vida sentado frente a una máquina tragaperras.
 

 
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RE: [Presente Absoluto - Aventura Tier 9] - Las segundas partes nunca fueran buenas II - por Fuguwu - 22-06-2026, 04:10 PM

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