22-06-2026, 05:37 PM
El Rufino filipino, al parecer, apenas se había inmutado por mis golpes, le acababa de dar una patada directa a las bolas mágicas y nada, el tipo mantenía la compostura como si tan solo le hubiera hecho cosquillas. Eso y que además, de la cantidad de operaciones que llevaba en la cara, parecía resultarle bastante difícil ser capaz de gesticular algo.
—Qué dolor de huevos eh, ya me jodería ser tan, pero taaaan feo, que no tuviera otra que darme pinchaditas para ser guapo, en cambio yo, mírame —y sin que pudiera terminar la frase, el condenado se me lanzó empuñando fuertemente aquella espada (de mi tamaño prácticamente, y es que el tipo medía 3 metros… Maldito gigantón), y realizando un tajo simple, sin decoraciones, un corte que proyectó con fuerza me atravesó el cuerpo.
—No puede ser… ¿Otra cicatriz en mi pechito lobo? —pensé mientras me atragantaba con mi saliva al ver salir más sangre de mi cuerpo. Y OTRO MÁS. Este giro pero no torio. Un giro cortante que realizó sobre sí mismo, un giro de 360º grados que no entendía como no había conseguido marearle teniendo en cuenta su tamaño y su diminuto cerebro. Sin duda, no era tonto, pero lo parecía. Se rió y se movió aprovechando la inercia del corte hacía las cajas de madera.
—Maldita sea, qué más… ¿No le consigo hacer nada y él me hace este destrozo? No tiene sentido, es alto, pero no parece tan fuerte —estaba confuso, no entendía nada de esta pelea. Me había lanzado con todo, pero le había alcanzado con todo yo también, y el tipo se reía, sin ni siquiera una mueca de dolor… Y para colmo había sido capaz de abrirme en canal con los tajos de sus dos cortes… ¿Tan pocos reflejos tenía? ¿Mi cuerpo y mi mente se movían más rápido que mis ojos? ¿Mi percepción del entorno era tan mala? Si yo era rápido… Mierda… Ser rápido no es suficiente… A ver si el tonto voy a ser yo y no Rufino… Esto tengo que mejorarlo… ¿Qué venía ahora? ¿Dónde estaba Rufino? Ah, allí… Seguía avanzando con la inercia hacia las lanzas pero… ¿De qué estaba hablando? No le llegaba a entender del todo…
—Pero a este… ¿Qué le pasa? —e ignorando por completo lo que me quería decir Rufino matutino, a pesar de haberlo escuchado medio balbucear debido a la desorientación que me había provocado con sus dos ataques, lo que hice fue devolverle la sonrisa picarona al ver diferenciar como me halagaba el pelo, todo lleno de barro, pero del cual era su fan número uno, y le lancé un beso al aire. Tras eso y una fuerte concentración, puse una de mis dos lindas orejitas en lo que parecía una comunicación por den den, una conversación que había cortado un disparo de rifle por parte del melenas pinchudo de Kiloc, y cuya víctima parecía ser la mamá Ursulinda.
Pero primero lo primero: el tentador. Exprímete el cerebro, sacúdete la cabeza y deja de estar tan confuso y desorientado—. Vamos Akira, tú puedes… ¿Trigonometría? Habrá que intentarlo, ¿no? Trayectoria de tiro del melenas, trayectoria de movimiento del Rufino, trayectoria de empuje del… —pensamiento rápido—. ¡BUTO KAITEN! —y con un veloz movimiento y un posicionamiento rápido, ya por fin sin sentir esa confusión y desorientación, pues me había dado mi tiempo para recuperarme en lo que veía como Rufino se alejaba en dirección a las lanzas, me lancé más rápido de lo que él era capaz de moverse de cabeza contra el suelo y empecé a dar vueltas, haciendo un giro en espiral para que, al golpear a Rufino con mi tornado de puños y patadas, el empuje de la técnica lo mandara directo entre Kiloc y Ursulinda, tal vez funcionara y si el maldito jefe de estos traficantes terminaba por ejecutar su disparo, la víctima sería Rufino y no mamá osa. Tal vez también se lanzaría contra mí con un nuevo giro de su espada, en cualquier caso, si llegaba a alcanzarme con uno de sus golpes, eso significaría que también habría recibido el mío. ¿Win win? Una cicatriz más, una menos… Marcas de guerra que me harían parecer más poderoso y curtido en el combate, sí señor. No todos aguantan los cortes de espada, y menos los tipos como yo que no nos centramos especialmente en la resistencia. ¡¡Estaba hecho un toro!!
Intención de Rufino de llegar a las cajas cancelada, y posible disparo a mamá osa también truncado. Pero no me podía quedar quieto, y con un un nuevo salto en dirección a Rufino, también a una velocidad prácticamente imperceptible para él, me lancé, rebotando de nuevo entre las cajas para que no pudiera darme un nuevo tajo gira pero nunca torio, y oculto por su enorme cuerpo para usarlo de escudo buccannero por si Kiloc disparaba, no llevarme yo el tiro. Coloque ambas de mis manos alrededor de su cabeza, y las junté en un fuerte chasquido que si no le dejaba sordo, no podía dejarlo más tonto de lo que ya era—. Mi cabello me lo cuido yo corazón, y ¡OLÉ CÓMO ME BRILLA! —castañazo, vibración y rebote de sus sesos en el interior de su cráneo, ¿rebotarían de verdad? ¿Me lo habré cargado? Yo no quiero matar a nadie a conciencia… Pero los malos son malosos, y los buenos somos buenosos, y si me quieren matar a mi primero pues no me voy a dejar, corazón.
Y tras esa brutal palmada en la cabeza del buccanner, recuperé mi postura simia marcial e impulsándome en su cuerpo con manos y pies flexionados en su pecho, y antes de que cayera al suelo, si es que lo iba a hacer, me impulsé para alejarme de ese área de combate lo máximo posible, lejos de la dirección en la que apuntaba Kiloc, lejos de Rufino y, por el contrario, mucho más cerca de Masami y la cuernos de cabra. De nuevo subido a una de las múltiples jaulas y en posición de spiderman, como buen héroe que era.
—Hola tesoro, hola cabrita. ¿Qué tal vamos por aquí, qué estáis haciendo? —miré a ambas desde la altura de la caja, que era poco más o menos a la altura de la cabeza de la cazadora y algo más alta que Masami. Y taponándome como podía el corte del torso, observe con atención el escenario. Un carnicero reventado, una rastreadora reventada, decenas de cazadores locos y asustados intentando apagar el fuego y que no se escaparan los animales, y el jefe jefazo hablando por den den y con el rifle con el que apuntaba a mamá osa, sin apuntarla directamente.
—Qué dolor de huevos eh, ya me jodería ser tan, pero taaaan feo, que no tuviera otra que darme pinchaditas para ser guapo, en cambio yo, mírame —y sin que pudiera terminar la frase, el condenado se me lanzó empuñando fuertemente aquella espada (de mi tamaño prácticamente, y es que el tipo medía 3 metros… Maldito gigantón), y realizando un tajo simple, sin decoraciones, un corte que proyectó con fuerza me atravesó el cuerpo.
—No puede ser… ¿Otra cicatriz en mi pechito lobo? —pensé mientras me atragantaba con mi saliva al ver salir más sangre de mi cuerpo. Y OTRO MÁS. Este giro pero no torio. Un giro cortante que realizó sobre sí mismo, un giro de 360º grados que no entendía como no había conseguido marearle teniendo en cuenta su tamaño y su diminuto cerebro. Sin duda, no era tonto, pero lo parecía. Se rió y se movió aprovechando la inercia del corte hacía las cajas de madera.
—Maldita sea, qué más… ¿No le consigo hacer nada y él me hace este destrozo? No tiene sentido, es alto, pero no parece tan fuerte —estaba confuso, no entendía nada de esta pelea. Me había lanzado con todo, pero le había alcanzado con todo yo también, y el tipo se reía, sin ni siquiera una mueca de dolor… Y para colmo había sido capaz de abrirme en canal con los tajos de sus dos cortes… ¿Tan pocos reflejos tenía? ¿Mi cuerpo y mi mente se movían más rápido que mis ojos? ¿Mi percepción del entorno era tan mala? Si yo era rápido… Mierda… Ser rápido no es suficiente… A ver si el tonto voy a ser yo y no Rufino… Esto tengo que mejorarlo… ¿Qué venía ahora? ¿Dónde estaba Rufino? Ah, allí… Seguía avanzando con la inercia hacia las lanzas pero… ¿De qué estaba hablando? No le llegaba a entender del todo…
—Pero a este… ¿Qué le pasa? —e ignorando por completo lo que me quería decir Rufino matutino, a pesar de haberlo escuchado medio balbucear debido a la desorientación que me había provocado con sus dos ataques, lo que hice fue devolverle la sonrisa picarona al ver diferenciar como me halagaba el pelo, todo lleno de barro, pero del cual era su fan número uno, y le lancé un beso al aire. Tras eso y una fuerte concentración, puse una de mis dos lindas orejitas en lo que parecía una comunicación por den den, una conversación que había cortado un disparo de rifle por parte del melenas pinchudo de Kiloc, y cuya víctima parecía ser la mamá Ursulinda.
Pero primero lo primero: el tentador. Exprímete el cerebro, sacúdete la cabeza y deja de estar tan confuso y desorientado—. Vamos Akira, tú puedes… ¿Trigonometría? Habrá que intentarlo, ¿no? Trayectoria de tiro del melenas, trayectoria de movimiento del Rufino, trayectoria de empuje del… —pensamiento rápido—. ¡BUTO KAITEN! —y con un veloz movimiento y un posicionamiento rápido, ya por fin sin sentir esa confusión y desorientación, pues me había dado mi tiempo para recuperarme en lo que veía como Rufino se alejaba en dirección a las lanzas, me lancé más rápido de lo que él era capaz de moverse de cabeza contra el suelo y empecé a dar vueltas, haciendo un giro en espiral para que, al golpear a Rufino con mi tornado de puños y patadas, el empuje de la técnica lo mandara directo entre Kiloc y Ursulinda, tal vez funcionara y si el maldito jefe de estos traficantes terminaba por ejecutar su disparo, la víctima sería Rufino y no mamá osa. Tal vez también se lanzaría contra mí con un nuevo giro de su espada, en cualquier caso, si llegaba a alcanzarme con uno de sus golpes, eso significaría que también habría recibido el mío. ¿Win win? Una cicatriz más, una menos… Marcas de guerra que me harían parecer más poderoso y curtido en el combate, sí señor. No todos aguantan los cortes de espada, y menos los tipos como yo que no nos centramos especialmente en la resistencia. ¡¡Estaba hecho un toro!!
Intención de Rufino de llegar a las cajas cancelada, y posible disparo a mamá osa también truncado. Pero no me podía quedar quieto, y con un un nuevo salto en dirección a Rufino, también a una velocidad prácticamente imperceptible para él, me lancé, rebotando de nuevo entre las cajas para que no pudiera darme un nuevo tajo gira pero nunca torio, y oculto por su enorme cuerpo para usarlo de escudo buccannero por si Kiloc disparaba, no llevarme yo el tiro. Coloque ambas de mis manos alrededor de su cabeza, y las junté en un fuerte chasquido que si no le dejaba sordo, no podía dejarlo más tonto de lo que ya era—. Mi cabello me lo cuido yo corazón, y ¡OLÉ CÓMO ME BRILLA! —castañazo, vibración y rebote de sus sesos en el interior de su cráneo, ¿rebotarían de verdad? ¿Me lo habré cargado? Yo no quiero matar a nadie a conciencia… Pero los malos son malosos, y los buenos somos buenosos, y si me quieren matar a mi primero pues no me voy a dejar, corazón.
Y tras esa brutal palmada en la cabeza del buccanner, recuperé mi postura simia marcial e impulsándome en su cuerpo con manos y pies flexionados en su pecho, y antes de que cayera al suelo, si es que lo iba a hacer, me impulsé para alejarme de ese área de combate lo máximo posible, lejos de la dirección en la que apuntaba Kiloc, lejos de Rufino y, por el contrario, mucho más cerca de Masami y la cuernos de cabra. De nuevo subido a una de las múltiples jaulas y en posición de spiderman, como buen héroe que era.
—Hola tesoro, hola cabrita. ¿Qué tal vamos por aquí, qué estáis haciendo? —miré a ambas desde la altura de la caja, que era poco más o menos a la altura de la cabeza de la cazadora y algo más alta que Masami. Y taponándome como podía el corte del torso, observe con atención el escenario. Un carnicero reventado, una rastreadora reventada, decenas de cazadores locos y asustados intentando apagar el fuego y que no se escaparan los animales, y el jefe jefazo hablando por den den y con el rifle con el que apuntaba a mamá osa, sin apuntarla directamente.
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