23-06-2026, 10:06 AM
Probablemente estemos frente a la mayor jaqueca de la historia del ser humano. El agente A, tras tremendo cabezazo nuclear, todavía no recupera el sentido. Todo para él está borroso. Figuras sin forma danzan frente a sus ojos como sombras difuminadas. Los oídos perciben un chirrido constante agudo, al igual que una radio cuando no recibe señal. La confusión y el mareo le persiguen mientras se intenta recuperar de un dolor punzante en la zona frontal del cráneo.
Los brazos siguen presos y comprimidos frente a las costillas, que cada vez se sienten más sueltas. Sin embargo, las piernas ya no le responden correctamente. No están paralizadas, pero las nota pesadas y lentas, como dos chorizos colgando. Ahí está, derrotado. Peleando por escapar de un agarre ineludible y maldiciendo en lo más profundo de su ser por no conseguirlo.
Ubbe, la bestia, es diferente a los demás guerreros. Es un monstruo despiadado e implacable, un cazador con la fuerza de un titán y la resistencia de un acorazado de la Marina. Sin embargo, tiene corazón para aquellos que muestran coraje y valores en el campo de batalla. A diferencia de su hermano de otra madre, que vive por y para la masacre, Ubbe disfruta de la pelea sin la necesidad de torturar a sus rivales, y con un alma noble y clemente para aquellos que presentan una batalla entretenida. Pero aún con ese espíritu compasivo, no deja de ser un orgulloso Bucanero hijo del Ragnarok, y su brutalidad no conoce límites.
Con un gesto rápido, engancha al tirador del dúo cómico al que se está enfrentando. Este ha salido de su escondite a defender a su camarada, pero sin éxito, pues el aguante del coloso es tan masivo que apenas ha percibido el aluvión de plomo perforante. Con ambos tipos bajo su merced, juega con ellos como si fueran ridículas figuras de acción, y estampa sus cabezas una contra la otra.
El kaiju se divierte torturando a los agentes con su particular forma de pelear, pero es plenamente consciente de que esto está visto para sentencia. En un alarde de humanidad, tras valorar positivamente la voluntad acérrima de los soldados y la lealtad que se procesan el uno al otro, les propone una tregua. Por poder, cumplir su amenaza no sería molestia alguna, al contrario. Con un simple bocado los puede decapitar. Pero antes sus ojos vive el reflejo de lo que representa el Ragnarok. Pasión por la batalla, coraje y lealtad.
El agente V ha actuado más por instinto que por coherencia. Ser un estratega precavido y calculadora es algo que lo caracteriza, sobretodo en mitad del campo de batalla. Pero cuando tú compañero de armas es un suicida desquiciado con la capacidad intelectual de un ariete de guerra, los momentos de subterfugio y razón brillan por su ausencia. Y esta clase de acciones pasan factura. Porque un tío con iniciativa es bueno. Pero un imbécil con demasiada iniciativa es peligroso.
Completamente expuesto, sufre la las consecuencias del agarre del coloso. Sus brazos se retuercen sobre su pecho, presionando las costillas y dificultando la respiración. Sus pies se elevan del suelo y puede sentir el vértigo al alzarse a gran velocidad. La violenta sacudida lo marea por completo, y como guinda del pastel, el coscorrón contra A deja claro que de esta no va a salir airoso. Y puede que no con vida.
Sin embargo, le sorprende la actitud de su rival tras este viaje turbulento. Lejos de matarlo a estampadas contra el suelo, les da una oportunidad de sobrevivir, de rendirse. Tenía entendido que los miembros del Ragnarok eran una de las bandas criminales más peligrosas del Gran Line. Pese a tenerlos ocultos del ojo mediático para no causar revuelo innecesario, este tipo ha matado al aprendiz del cazarrecompensas más relevante del siglo. ¿Y a ellos les va a dejar con vida? Lo que sí que no le sorprende es la respuesta del karateca, que no duda en responder tal y como es él. -¿Y porqué no mejor me comes los huevos y me dices a qué saben? ¡¡JAJAJAJA...!!- le vacila, mientras se descojona con esa risa aguda que lo caracteriza. La ha oído mil veces. Nunca se cansa. Sabe que es hombre muerto. Y el Agente A morirá con una sonrisa antes de suplicar a un pirata. V sonríe con una mueca dulce. Si este ha de ser el final del camino, mirará a la parca con orgullo. -Si te lo comes a él, te va a dar una indigestión de lo podrido que está. ¡¡JAJAJAJA!! Empieza conmigo, mis cojones saben mejor.-
Porque así son ellos. Así funciona la hermandad de verdad. No saliendo del útero de la misma madre. Sino desafiando la diversidad juntos. En las buenas y en las malas, cerca o lejos, siempre. Vivirán con honor y morirán con gloria. ¿Y es que acaso Unbe y Sigurd no harían lo mismo?
Los brazos siguen presos y comprimidos frente a las costillas, que cada vez se sienten más sueltas. Sin embargo, las piernas ya no le responden correctamente. No están paralizadas, pero las nota pesadas y lentas, como dos chorizos colgando. Ahí está, derrotado. Peleando por escapar de un agarre ineludible y maldiciendo en lo más profundo de su ser por no conseguirlo.
Ubbe, la bestia, es diferente a los demás guerreros. Es un monstruo despiadado e implacable, un cazador con la fuerza de un titán y la resistencia de un acorazado de la Marina. Sin embargo, tiene corazón para aquellos que muestran coraje y valores en el campo de batalla. A diferencia de su hermano de otra madre, que vive por y para la masacre, Ubbe disfruta de la pelea sin la necesidad de torturar a sus rivales, y con un alma noble y clemente para aquellos que presentan una batalla entretenida. Pero aún con ese espíritu compasivo, no deja de ser un orgulloso Bucanero hijo del Ragnarok, y su brutalidad no conoce límites.
Con un gesto rápido, engancha al tirador del dúo cómico al que se está enfrentando. Este ha salido de su escondite a defender a su camarada, pero sin éxito, pues el aguante del coloso es tan masivo que apenas ha percibido el aluvión de plomo perforante. Con ambos tipos bajo su merced, juega con ellos como si fueran ridículas figuras de acción, y estampa sus cabezas una contra la otra.
El kaiju se divierte torturando a los agentes con su particular forma de pelear, pero es plenamente consciente de que esto está visto para sentencia. En un alarde de humanidad, tras valorar positivamente la voluntad acérrima de los soldados y la lealtad que se procesan el uno al otro, les propone una tregua. Por poder, cumplir su amenaza no sería molestia alguna, al contrario. Con un simple bocado los puede decapitar. Pero antes sus ojos vive el reflejo de lo que representa el Ragnarok. Pasión por la batalla, coraje y lealtad.
El agente V ha actuado más por instinto que por coherencia. Ser un estratega precavido y calculadora es algo que lo caracteriza, sobretodo en mitad del campo de batalla. Pero cuando tú compañero de armas es un suicida desquiciado con la capacidad intelectual de un ariete de guerra, los momentos de subterfugio y razón brillan por su ausencia. Y esta clase de acciones pasan factura. Porque un tío con iniciativa es bueno. Pero un imbécil con demasiada iniciativa es peligroso.
Completamente expuesto, sufre la las consecuencias del agarre del coloso. Sus brazos se retuercen sobre su pecho, presionando las costillas y dificultando la respiración. Sus pies se elevan del suelo y puede sentir el vértigo al alzarse a gran velocidad. La violenta sacudida lo marea por completo, y como guinda del pastel, el coscorrón contra A deja claro que de esta no va a salir airoso. Y puede que no con vida.
Sin embargo, le sorprende la actitud de su rival tras este viaje turbulento. Lejos de matarlo a estampadas contra el suelo, les da una oportunidad de sobrevivir, de rendirse. Tenía entendido que los miembros del Ragnarok eran una de las bandas criminales más peligrosas del Gran Line. Pese a tenerlos ocultos del ojo mediático para no causar revuelo innecesario, este tipo ha matado al aprendiz del cazarrecompensas más relevante del siglo. ¿Y a ellos les va a dejar con vida? Lo que sí que no le sorprende es la respuesta del karateca, que no duda en responder tal y como es él. -¿Y porqué no mejor me comes los huevos y me dices a qué saben? ¡¡JAJAJAJA...!!- le vacila, mientras se descojona con esa risa aguda que lo caracteriza. La ha oído mil veces. Nunca se cansa. Sabe que es hombre muerto. Y el Agente A morirá con una sonrisa antes de suplicar a un pirata. V sonríe con una mueca dulce. Si este ha de ser el final del camino, mirará a la parca con orgullo. -Si te lo comes a él, te va a dar una indigestión de lo podrido que está. ¡¡JAJAJAJA!! Empieza conmigo, mis cojones saben mejor.-
Porque así son ellos. Así funciona la hermandad de verdad. No saliendo del útero de la misma madre. Sino desafiando la diversidad juntos. En las buenas y en las malas, cerca o lejos, siempre. Vivirán con honor y morirán con gloria. ¿Y es que acaso Unbe y Sigurd no harían lo mismo?
Cajita feliz
