23-06-2026, 06:53 PM
Me encontraba cocinando una sopa de almejas en la playa, cerca del barco. Me gustaría poder hacerlo en el barco, pero, por algún motivo, no disponía de cocina. —Tenemos que hablar de esto los cinco… ¡No puedo cocinar siempre en una hoguera!— dije frustrado intentando controlar la temperatura de la olla. ¿Qué clase de barco no tenía cocina? Era un sin sentido, para comer en alta mar tendríamos que recurrir a comida precocinada de la isla, un despropósito…
Tras revisar que la comida se estuviera haciendo bien, saqué el último periódico que tenía guardado de hace tiempo con la intención de revisar las recompensas de los criminales que surcaban estas aguas. Como era normal, empecé con los carteles de menor recompensa. —Ni idea… No me importas… Bonito cabello…— dije con una insoportable parsimonia. Como era de esperar, los menos buscados no eran nada relevante, al menos por el momento…
Al oír el burbujear de la sopa, me acerqué para probar cómo estaba de sabor, agarré el cucharón de madera y lo deslicé con una precisión quirúrgica por la superficie del caldo, llevándomelo al momento al borde de mi boca. Soplé con delicadeza antes de probarlo para rebajar la temperatura y, tras probarla, continué leyendo los carteles de búsqueda. Al pasar a la siguiente imagen, no pude evitar escupir con fuerza la comida que tenía en la boca. —*Cough* *Cough* ¡¿MIYOOO?!— dije tremendamente sobresaltado.
Había vuelto a pasar… Primero fue Dharma, aquel siniestro pero bondadoso muchacho, cuando le conocí, podría haber jurado que era una persona de buen corazón. Luego María y Maki, cuyas circunstancias la verdad es que desconocía, no podían ser malvadas piratas, debía llegar a la verdad del asunto. Y en esta ocasión le tocó a la alegre y bondadosa Miyori, era incapaz de verla como una asesina de sangre fría. —¿El problema seré yo?— pensé por un momento —Toda la gente que conozco se acaba volviendo pirata…—
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por un enorme grito que provenía del barco. Su voz era inconfundible para mí. —¡¿Sigrid?!— dije preocupado antes de levantarme y salir corriendo, tirando por el camino el caldero de la sopa a la arena. Mis pies se hundieron en la arena antes de dar un poderoso salto que me llevó a la cubierta del barco, haciendo rechinar la madera con el peso de mi cuerpo. Me dirigí sin dudar al camarote de mi querida compañera y, tras abrir la puerta de una patada, pude ver cómo se encontraba de rodillas dando su espalda a la puerta.
Al ver que no estaba siendo atacada, me paré por un momento, me acerqué lentamente y pude observar una carta arrugada entre sus dedos, no era difícil suponer que no eran buenas noticias. Impotente y sin saber muy bien qué hacer, terminé de acercarme a ella y le acaricié el hombro con cuidado. Seguramente no era consuelo para ella, pero personalmente era algo que me reconfortaba cuando mis padres me lo hacían.
Tras revisar que la comida se estuviera haciendo bien, saqué el último periódico que tenía guardado de hace tiempo con la intención de revisar las recompensas de los criminales que surcaban estas aguas. Como era normal, empecé con los carteles de menor recompensa. —Ni idea… No me importas… Bonito cabello…— dije con una insoportable parsimonia. Como era de esperar, los menos buscados no eran nada relevante, al menos por el momento…
Al oír el burbujear de la sopa, me acerqué para probar cómo estaba de sabor, agarré el cucharón de madera y lo deslicé con una precisión quirúrgica por la superficie del caldo, llevándomelo al momento al borde de mi boca. Soplé con delicadeza antes de probarlo para rebajar la temperatura y, tras probarla, continué leyendo los carteles de búsqueda. Al pasar a la siguiente imagen, no pude evitar escupir con fuerza la comida que tenía en la boca. —*Cough* *Cough* ¡¿MIYOOO?!— dije tremendamente sobresaltado.
Había vuelto a pasar… Primero fue Dharma, aquel siniestro pero bondadoso muchacho, cuando le conocí, podría haber jurado que era una persona de buen corazón. Luego María y Maki, cuyas circunstancias la verdad es que desconocía, no podían ser malvadas piratas, debía llegar a la verdad del asunto. Y en esta ocasión le tocó a la alegre y bondadosa Miyori, era incapaz de verla como una asesina de sangre fría. —¿El problema seré yo?— pensé por un momento —Toda la gente que conozco se acaba volviendo pirata…—
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por un enorme grito que provenía del barco. Su voz era inconfundible para mí. —¡¿Sigrid?!— dije preocupado antes de levantarme y salir corriendo, tirando por el camino el caldero de la sopa a la arena. Mis pies se hundieron en la arena antes de dar un poderoso salto que me llevó a la cubierta del barco, haciendo rechinar la madera con el peso de mi cuerpo. Me dirigí sin dudar al camarote de mi querida compañera y, tras abrir la puerta de una patada, pude ver cómo se encontraba de rodillas dando su espalda a la puerta.
Al ver que no estaba siendo atacada, me paré por un momento, me acerqué lentamente y pude observar una carta arrugada entre sus dedos, no era difícil suponer que no eran buenas noticias. Impotente y sin saber muy bien qué hacer, terminé de acercarme a ella y le acaricié el hombro con cuidado. Seguramente no era consuelo para ella, pero personalmente era algo que me reconfortaba cuando mis padres me lo hacían.

![[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]](https://i.ibb.co/DX21hrt/Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg)
