23-06-2026, 07:01 PM
Como todo buen caballero, Kael mantuvo silencio tan pronto como la dama decidió alzar la voz para contestarle. Es de buen saber que la contraria estaría más dispuesta a ceder ante sus encantos si, además de mostrar la etiqueta formal y adecuada del momento, también se permitía el momento de escuchar atentamente las palabras de la persona que está hablando, mostrando en tus gestos y facciones un interés por lo que está contando.
Por supuesto, Kael alzó ligeramente en un pequeño gesto, restándole importancia a la situación.
—No es para mí problema alguno, señorita. Vuestro estrés seguro que se encuentra justificado, y es mejor que no sufráis sus consecuencias en un momento tan inadecuado como lo es en esta festividad.—Lidiar con gente con aquel nivel de irascibilidad era tan solo un día más en la marina, y con un genio mucho peor apoderado de personal de mayor rango.
Kael, adornando su rostro con aquella sonrisa, mostró una hueca de impresión al oír el apellido Deschamps. No ha tenido la ocasión de estudiar como un local la importancia de aquel apellido, pero sí lo suficiente como para comprender que aquella mujer, como mínimo, era alguien que merecía la pena...o eso podría creer durante apenas un par de minutos más.
—Es un placer, señorita Margaret.—No usaría pues el apellido, entregándole dentro de su educación un momento menos formal, permitiéndola relajarse solo si así lo consideraba oportuno.
La conversación continuó su curso tal y como estaba predestinado con la dedicación del marine vestido de gala, manteniendo esa tranquilidad hasta que la tarjeta salió directamente ofrecida hasta sus manos...y cayó en el suelo de forma abrupta. No hubo sorpresa ni reacción. Tenía que mantener el disfraz de persona calmada y serena, tomando la tarjeta del suelo para poder devolvérsela a su legítima dueña, sin apuntar su nombre en la misma. No era el momento más apropiado para ponerla en una tesitura dada la situación.
Cuando tuvo la oportunidad, estiró la muñeca enguantada, devolviendo la tarjeta a Margaret tan pronto le comunicó su casi segura partida del lugar.
—No se preocupe por mí, ni se disculpe por absolutamente nada. Ocúpese de su padre; pues si el destino lo quiere nos reunirá en un futuro, cuando la situación sea más propicia.
Cuando la dama tomó la tarjeta para guardarla en su lugar, Kael se acercó un par de pasos más hacia aquel hombre que Margaret conocía como su progenitor. Por supuesto, el servicio del lugar se encargaría de ofrecerle los auxilios necesarios, pero era menester preguntar, al menos, para saber si requería de algo adicional.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudarle?—Sacó un pañuelo del interior de su chaqueta, ofreciéndosela al caballero mientras apartaba la mirada. Ningún hombre deseaba que otro pudiera observar a otro llorando, por lo que seguramente, si aquel hombre la tomaba y mantenía silencio, Phantom tendría que abandonar la escena en silencio, manteniendo la postura erguida sin entregar ni una sola palabra más.
Muchas cosas habían entretejido aquella situación, y la información, si bien en algunos casos interesante, no era demostración de inseguridad para los miembros de la marina. Los juegos, movimientos, apuestas, e intereses de los burgueses y nobles de la isla eran responsabilidad de ellos mismos, y mientras no pusiera en peligro la seguridad de sus ciudadanos, podría mantenerse completamente al margen, sin hacer absolutamente nada más.
Lo único que restaba hacer, era finalmente reunirse con el resto, al menos, antes de que verdaderamente llegasen a comenzar los bailes, y el caballero tuviese que reencontrarse con su dama pelirroja.
Por supuesto, Kael alzó ligeramente en un pequeño gesto, restándole importancia a la situación.
—No es para mí problema alguno, señorita. Vuestro estrés seguro que se encuentra justificado, y es mejor que no sufráis sus consecuencias en un momento tan inadecuado como lo es en esta festividad.—Lidiar con gente con aquel nivel de irascibilidad era tan solo un día más en la marina, y con un genio mucho peor apoderado de personal de mayor rango.
Kael, adornando su rostro con aquella sonrisa, mostró una hueca de impresión al oír el apellido Deschamps. No ha tenido la ocasión de estudiar como un local la importancia de aquel apellido, pero sí lo suficiente como para comprender que aquella mujer, como mínimo, era alguien que merecía la pena...o eso podría creer durante apenas un par de minutos más.
—Es un placer, señorita Margaret.—No usaría pues el apellido, entregándole dentro de su educación un momento menos formal, permitiéndola relajarse solo si así lo consideraba oportuno.
La conversación continuó su curso tal y como estaba predestinado con la dedicación del marine vestido de gala, manteniendo esa tranquilidad hasta que la tarjeta salió directamente ofrecida hasta sus manos...y cayó en el suelo de forma abrupta. No hubo sorpresa ni reacción. Tenía que mantener el disfraz de persona calmada y serena, tomando la tarjeta del suelo para poder devolvérsela a su legítima dueña, sin apuntar su nombre en la misma. No era el momento más apropiado para ponerla en una tesitura dada la situación.
Cuando tuvo la oportunidad, estiró la muñeca enguantada, devolviendo la tarjeta a Margaret tan pronto le comunicó su casi segura partida del lugar.
—No se preocupe por mí, ni se disculpe por absolutamente nada. Ocúpese de su padre; pues si el destino lo quiere nos reunirá en un futuro, cuando la situación sea más propicia.
Cuando la dama tomó la tarjeta para guardarla en su lugar, Kael se acercó un par de pasos más hacia aquel hombre que Margaret conocía como su progenitor. Por supuesto, el servicio del lugar se encargaría de ofrecerle los auxilios necesarios, pero era menester preguntar, al menos, para saber si requería de algo adicional.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudarle?—Sacó un pañuelo del interior de su chaqueta, ofreciéndosela al caballero mientras apartaba la mirada. Ningún hombre deseaba que otro pudiera observar a otro llorando, por lo que seguramente, si aquel hombre la tomaba y mantenía silencio, Phantom tendría que abandonar la escena en silencio, manteniendo la postura erguida sin entregar ni una sola palabra más.
Muchas cosas habían entretejido aquella situación, y la información, si bien en algunos casos interesante, no era demostración de inseguridad para los miembros de la marina. Los juegos, movimientos, apuestas, e intereses de los burgueses y nobles de la isla eran responsabilidad de ellos mismos, y mientras no pusiera en peligro la seguridad de sus ciudadanos, podría mantenerse completamente al margen, sin hacer absolutamente nada más.
Lo único que restaba hacer, era finalmente reunirse con el resto, al menos, antes de que verdaderamente llegasen a comenzar los bailes, y el caballero tuviese que reencontrarse con su dama pelirroja.
Phantom
