23-06-2026, 07:05 PM
(Última modificación: 23-06-2026, 07:06 PM por Hyákinthos.)
Día 75 de invierno
Año 17
4:58 p.m.
Su entendimiento en cuanto al funcionamiento y consecuencias de ingerir una de esas frutas del diablo era limitado, bastante limitado. No solo no comprendía como es que comer algo tan simple era capaz de otorgar capacidades que iban más allá de las habilidades de cualquier raza, si no que, se veía incapaz de buscarle una razonamiento lógico a la idea de que pudieran privar a alguien de una habilidad tan básica como el nado, más aún a un ser cuyo entorno era, claramente, el agua. Lo vio con Maki, ahora lo veía con María Merlot, quien, para su desgracia, había sido “víctima” de una de aquellas frutas.
—Estarás bien —afirmó, pero lo cierto es que no podía asegurarle eso cuando su ignorancia sobre aquellas frutas era más de la que podía admitir. Tendría que estudiarlas. —Sé que amas el agua, sirena, así que seguro que encontraremos una manera de ayudarte a volver a ella —añadió, pero no estaba seguro de cómo se supone que harían eso, de hecho, esas palabras fueron más un impulso al no saber cómo consolar a la mujer, después de todo, no era su especialidad lidiar con las emociones de otras personas. Suspiró y luego mordió sus labios con fuerza, aun no se acostumbraba a esto.
—Vamos a la cocina, encenderé la estufa para que te calientes —. Al final prefirió matar el tema ahí, no servía de nada darle vueltas, por lo que se acercó a la chica para cargarla en sus brazos, como a la princesa consentida que la estaba volviendo con esos tratos, no solo para llevarla a la cocina si no para darle calor y de paso pensar en cómo animarla. No podía dejar que una de sus mejores mercancías, un ingreso pasivo recurrente, enfermara por culpa del desgraciado clima helado de esa isla ni se deprimiera de más por una fruta del diablo, todo eso podía afectar el brillo y fortaleza de sus escamas.
Dentro de la cocina cerró la puerta tras de sí y como prometió, encendió la estufa luego de dejar a la chica sentada sobre una de las sillas más cercana al calor del fuego. El clima de esa isla lo hartó desde que llegaron, pero soportó su estancia en el lugar porque algunas cosas buenas le trajo su estadía; sin embargo, con esto que le ocurría a Merlot, no había manera de que aguantara más tiempo, debía hablar con Maki en la noche, le propondría irse de ese lugar lo más pronto posible.
—¿Te sientes mejor aquí? —Mientras una parte de su mente se centraba en ideas para escapar de Drum, otra parte intentaba buscar una manera de ayudar a la chica y, finalmente, se le ocurrió hablar en un idioma que conocía bastante bien y que animaría a cualquiera. ¿Cómo no? Estamos hablando del dinero.
Metió su mano en uno de los bolsillos de su abrigo, uno con bastante capas de tela para mantenerlo a salvo del frío, y de este sacó una bolsita que dejó escapar el tintineo de unas cuantas monedas, aunque eran las menos dentro de ella, en verdad en su interior había un fajo de billetes bien envuelto.
—Merlot, bonita, sé que esto no compensará tu nado, pero… ¿Qué tal si te compras algo que te suba el ánimo? —Le pasó la bolsa con el dinero en su interior, esperando que ella la tomara de la mesa. —Dentro hay suficiente dinero para hacerte con lo que quieras en esta isla o la siguiente —. Dicho eso, el hombre sonrió, dejando entrever un gesto amable que contradecía su naturaleza desinteresada en el bienestar de casi cualquier persona y, al final, terminó sentándose en una silla cercana a la sirena. No había dicho nada antes, pero el haber cargado a una mojada y helada Merlot había hecho que el frío se traspasara a través de unos guantes que no eran tan buenos como su abrigo. Ahora necesitaba el calor del fuego tanto como la sirena.
Día 77 de invierno
Año 17
4:58 p.m.
—¿Aaaaaaaaaaaaaaaah? ¿Qué es esta falta de respeto? ¡Oe, Maki! ¡Eres ahora la capitana, pon algo de orden dentro de este caos! —No podía aceptarlo, no...Su cerebro no estaba procesando que Thrym, el pelirrojo gigante, los dejara de un momento a otro ¿Qué clase de traición era esa? El viejo navegante del “Corona de Espinas” jamás habría traicionado a su gente de esa manera.
¿Acaso esto era lo que llamaban karma? Considerando que tiempo atrás él mismo vendió a su gente… ¿Así se habrían sentido cuando supieron que fue alguien de dentro quien los entregó a la marina? Si era el caso, esperaba no volver a encontrarse con Barnabas, el viejo navegante, ni con Azkeel, su antiguo amigo y…algo más, mucho menos con el capitán que le perdonó la vida y su libertad cuando lo encontraron, según ellos, en las costas de Dressrosa, pues la palabra “rabia” se quedaba corta para describir la manera en la que su sangre hervía.
—Tsk, en momentos como este deberíamos hacerle honor al antiguo nombre de la tripulación y cercenar sus manos, tal como lo hice con Ashveil en esa isla monstruosa en la que se atrevió a ponerles una mano encima a ustedes —. A pesar de todo, la furia que hacía que apretara los puños con fuerza tal que incluso con guantes su piel se marcaba de rojo por culpa de la presión de sus uñas en su palma, su actitud era comedida y sus palabras, aunque antes salieron como un grito incontrolable de indignación, ahora se restringieron a un murmullo entre dientes que quizá solo podría ser escuchado por la nueva capitana, Maki, quien estaba más cerca de él en ese momento.
Entonces, si tanto enojo sentía ¿Por qué no actuaba? Simple, ver a Merlot despedirse del gigante de una manera tan amistosa frenó cualquier intento de violencia. No podía mancillar su imagen delante de una persona que lo veía, prácticamente, como a un dios. No le convenía, definitivamente, sería contraproducente debilitar esa confianza casi ciega cuando obtenía tantos beneficios monetarios de aquella chica sin que ella supiera.
—Jmp…no pienso despedirme de nadie —susurró en cuanto sintió el empujón del gigante para que el barco se pusiera en marcha, alejándose con rapidez de las costas de Drum. —Llámenme cuando necesiten hacer algo útil o, en su defecto, cuando ya no vean ningún cabello rojo en el horizonte —. Sin decir más que eso, de nuevo solo a Maki, el médico avanzó por la cubierta hasta entrar en la cocina del Royal Flush, se encerró en el lugar, estrellando la puerta a sus espaldas y luego, dejando que uno de sus puños chocara con fuerza contra la mesa, la suficiente para resquebrajar parte de la madera.
Quería confiar en Merlot, pero… ¿De verdad los llevaría a salvo a la siguiente isla? A fin de cuentas, por lo que había visto hasta ahora, su capacidad de orientarse era casi tan nula como la suya propia.
Se sentó en una de las sillas, cerca del fuego, llevó sus manos a su cara y se cubrió esta hasta refregarse los ojos con brusquedad, no se lastimó porque apreciaba demasiado su belleza para hacerlo, pero si que su piel quedó algo roja, no solo por el frío, si no por la fricción. No podía más, necesitaba aliviarse con algo, así que terminó por levantarse de la silla para buscar un frasco con hojas de menta en uno de los estantes de la cocina, abrió el mismo y sacó una hoja que terminó llevando a su nariz. El olor lo relajó y esperaba que siguiera haciéndolo hasta que el paso de los días lo hiciera olvidar aquel acontecimiento.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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