Sognare | Pasado
#6
Los resquicios del golpe empezaban a ser molestos. El dolor generalizado, expandido por todo su cráneo, empezó a aminorar y centrarse en una sola área, parecía ser más cómodo, pero era molesto, como si lo golpearan repetidamente en un único punto; sin embargo, el frescor del viento marino, que mecía sus cabellos con suavidad, traía consigo un alivio inesperado para aquel molesto ardor.
 
Era una lástima que hubiera sido interrumpido, pues de otro modo, podría haber aprovechado de disfrutar mucho más de aquella estancia tranquila en la cima del faro, en la torre improvisada de un castillo solitario cuya paz se esfumaba gracias a una princesa que no pidió.
 
Cuando la escuchó hablar, disculparse y justificar su acción, el médico alzó su mirada y se encontró de nuevo con los ojos de “huevo frito”, como ya la había bautizado en su mente. Quiso abrir la boca, interrumpirla y decirle que lo dejara solo, quiso aclarar que no importaba lo que dijera, el daño estaba hecho… ¿Qué daño exactamente? Pues a su orgullo, nada más y nada menos y bueno…también a su cabeza, pero eso sanaría o eso esperaba, de todos modos, no es que eso le importara demasiado, a fin de cuentas, un golpecito tan débil no podría arruinar su mente más de lo que ya estaba, pero sea como sea, a pesar de todo lo que pensaba, no dijo nada, no de momento y luego lo agradecería, pues fue su silencio el que le permitió escuchar una pregunta que provocó una reacción de interés en el pelirrosa.
 
¿Compensación?
 
Su mente estaba tan nublada por la droga, el golpe y el susto, que ni siquiera pensó en pedirle a la chica una remuneración por “daños y perjuicios”, de hecho, ni siquiera se le ocurría algo que pudiera necesitar de ella, además de sus ojos, por supuesto, pero ni tenía sus herramientas ni las ganas para realizar una operación a una persona de la que no tenía su historial médico. Una lástima, porque no solo se verían bien en su oficina, si no que, tal vez, más de uno, pagaría por sustituir sus dañados ojos por unos de color tan bello como el océano bajo un celeste cielo de medio día.
 
Inclinó su cabeza, para este punto su cuerpo, aunque seguía sentado y recostado a la pared del faro, se irguió levemente y sus manos se apoyaron en el suelo, todo mientras miraba a la chica, intentando buscar en sus irises azules algo de ella que pudiera usar a su favor, pero, finalmente, agachó sus ojos mientras soltaba un suspiro y procedía a mover su cabeza de lado a lado.
 
—No, olvídalo, ahora mismo no hay nada que necesite que puedas darme, pero…—meditó por un momento lo que diría a la vez que relajaba su cuerpo y alzaba su cabeza para mirar hacia el horizonte mientras se mordía con fuerza su labio inferior, lo suficiente para hacer que un hilillo de sangre resbalara por su barbilla.
 
En el mar, aun algo lejos de la costa, se vislumbraba la reconocible luz de un barco que se dirigía hacia las costas de Baterilla, guiado por el inconfundible faro. Aquello hizo que el médico elevara una ceja, con curiosidad y sospecha. ¿Por qué un barco anclaría en puerto a una hora tan oscura? A las 3 a.m. la mayoría dormía y los únicos disponibles para recibir un barco comercial eran un par de trabajadores que seguramente, en lugar de trabajar, también dormitaban. Lo único que se le ocurría al médico era que o el barco acercándose era un naufragio o… ¿Piratas?
 
En ese instante el viento sopló con más fuerza y ahora el barco parecía haberse acercado más, casi pudo imaginar el sonido de la tela de las velas resonando y, en un instante, cuando la luz del faro alumbró directamente hacia el barco, el médico alcanzó a vislumbrar una bandera negra meciéndose en lo alto del mástil central.
 
Contuvo su respiración por un instante y de nuevo movió su cabeza de lado a lado. No pensaría en un posible ataque pirata cuando él estaba en la comodidad del faro… ¿La chica habría visto lo mismo que él? Bueno, daba igual, si había un ataque o no, ambos estaban en un sitio seguro, en la comodidad de un faro lejano al pueblo y que podía carecer de interés para cualquiera en busca de oro y plata.
 
—…pero…digamos que vas a deberme un favor —. Dejó de pensar en el barco que se veía a lo lejos y se centró de nuevo en la chica. —Cuando encuentre algo en lo que puedas ayudarme, seguro te llamaré —. Con eso dicho el hombre se puso de pie y sacó de su bolsillo un pequeño caracolito de tonos rosas y se lo pasó a la chica para que ella pudiera agregar su contacto, aunque en ese momento, al estirar su mano, el aprovechó a mirar hacia otro lado, específicamente hacia la salida del faro o entrada, depende de que lado estes; fue ahí cuando notó la silueta de un estuche sobresaliendo de las escaleras, había quedado en medio camino hacia abajo.
 
—Jmmm… —Se acercó y levantó aquel estuche, lo revisó por encima y volvió a acercarlo a la mujer, pero sin entregárselo. —Puedo saber ¿A qué venías a estas horas al faro? Es extraño para cualquier persona aventurarse en la madrugada a un sitio tan traicionero ¿Sabes? Nunca sabes con quien podrías encontrarte —. Levantó el estuche, estaba ligeramente pesado, aunque no demasiado para ser imposible de cargar. —Ya que interrumpiste mi paz, espero una respuesta, es lo mínimo ¿No crees? Quiero creer que eres músico y que tus intenciones aquí no involucran nada ilegal —. Sonrió de medio lado y miró a la chica directamente. —No quisiera tener que arrestarte —. ¿Podría hacerlo? Eso de fingir ser marine no estaba mal cuando recordaba que tenía ese poder para intimidar con un posible arresto…aunque, claro, no es algo que pensara hacer en verdad, eso sería llamar mucho la atención.
 
—¿Sabes? Vine aquí para buscar algo de paz —. Le extendió el estuche a la chica y esperaba que ella le devolviera el den den mushi de regreso, ahora si tenía la intención de que ella tomara el instrumento que, probablemente, estaba dentro de la maleta. —¿Eres buena tocando…eh…lo que sea que tengas ahí? Porque tal vez una buena melodía ayude a disminuir mi dolor, aunque no creas que esto anula el favor que me debes —dijo justo en el momento en que un cañonazo resonó cerca de las costas del puerto.
 
Lo sabía. Piratas.
 
Eso hacía que la música fuera más necesaria, pues ¿Qué mejor que amenizar un ataque al puerto con una buena sinfonía?
[Imagen: hyakocheja.png]
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Sognare | Pasado - por Miyori Hoshino - 18-05-2026, 07:17 AM
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