Un problema de inventario [Aventura P.R.][Enji & Juan] T3
#18
Por orden y capricho de quién parecía ser el líder, la voz cantante del grupo, una lluvia de balas cayó sobre la entrada de la cueva. Las detonaciones ocurrieron en simultáneo, docenas de ellas. Volaron trozos de piedra arrancados de la pared, polvo y casquillos de bala mientras la balacera se producía. hasta que los rifles y pistolas se cansaron de escupir plomo. Vacíos quedaron sus estómagos y cargadores. La sala se inundó de olor a pólvora, un aroma penetrante y, para muchos, adictivo. Enji sonrió a espaldas de Juan. “¿Por qué?”, se preguntarán. ¿Qué motivo podría tener para sonreír después de que su compañero fuera baleado a quemarropa?

El motivo estaba escondido en la verdad de un sonido peculiar, camuflado bajo las detonaciones: el ruido de las balas cayendo derrotadas a los pies de Juan Sebastian, partidas o abolladas después de intentar, sin éxito, atravesar su defensa. Su férrea coraza.

«¡Ja! Les falta mucho pollo en la sopa si lo que quieren es lastimar a Juan. —Contuvo la risa detrás de sus dientes apretados—. ¡Se están sobreestimando!»

El sonido de un golpe seco y el tañido del metal que lo siguió demostraron su punto, y revelaron a su vez, para horror de sus enemigos, la triste realidad:

”—¡Débil!”
«¡Muy débil!»

El veneno empezaba a impacientarse. Reverberaba en su pecho, burbujeante. Crecía y se extendía buscando el permiso o, en su defecto, el punto de fuga. Estaba cansado de obedecerlo, cansado de limitarse por culpa de su voluntad, harto de las cadenas de su consciencia. Como toda cosa, tenía un propósito y un anhelo. Era veneno y quería hacer aquello para lo que había nacido en el mundo, fuera dentro de un laboratorio o en la glándula especializada de un animal: hacer daño.

Juan se apartó, se movió a un lado, y dejó la entrada de la escalera descubierta. La luz de las antorchas lo alcanzó en ese momento. Para todos los presentes, se volvió visible. Un hombre de casi dos metros, cabello blanco, semi desnudo, sudando gruesas gotas de un líquido violáceo que burbujeaba al atravesar sus poros.

La sonrisa de Enji se ensanchó al toparse la escena.

“¡Ahora, Enji!”

—¡ G A L O P A !

Y, eufórico, el veneno erupcionó de su cuerpo. Enji extendió los brazos, como ofreciéndose a sus enemigos, mientras el espeso líquido explotaba en todas direcciones. Litros y litros se vertieron, inundaron el pasillo y se volcaron tanto hacia la habitación como escalera abajo. Galopa era eso. Un cataclismo indiscriminado que corría presuroso, saltaba en todas direcciones, se precipitaba contra todo y todos. Una ola de veneno concentrada y a presión por el tamaño y forma de la entrada golpeó al jefe de la banda, empujándolo cuatro metros hacia atrás. El ataque siguió avanzando, se estampó contra el fondo de la cueva y salpicó en todas direcciones. Se llevó consigo cajas, literas y parapetos de todos los tipos. El ácido quemaba y carcomía, provocaba tal dolor que cualquiera poco preparado podía desmayarse en el acto.

Enji entró a la habitación dando un paso al frente. La espalda recta, la mirada filosa, los labios curvados en una sonrisa arrogante.

—¡Así se siente! —gritó marcando la vena de su cuello por la presión del rugido—. ¡Ahora ustedes están en las fauces de la bestia!

Su presencia, como un pesado velo, cayó sobre la habitación entera. El brillo de las antorchas reflejado en sus pupilas se tiñó de morado y, como el suspiro de una vela apagada, ascendió. Los puños apretados clamaban venganza y sudaban dolor, el mismo que ahora lloraban las paredes. Toda la sala se había convertido en su infierno particular.

Un infierno venenoso.

—¡Espina!

Saltó hacia adelante; la distancia que lo separaba del líder, sesgada en un parpadeo. Su puño derecho se abanicó desde abajo hacia arriba y al frente, convertido, en un parpadeo, en una bola. Un constructo venenoso de pinchos que se hundió en el estómago del peleador, tras una finta que apuntaba a la cabeza.

El hombre voló otros tres metros hacia atrás. La ropa que llevaba yacía hecha jirones y en su abdomen ahora la huella del puño de Enji permanecería. La había imprimido con el fuego de su ácido veneno, como una marca de ganado.

Se acercó de nuevo, sin darle tiempo ni lugar a pedir tregua, clemencia o piedad. Plantado delante suyo, hundió esta vez el puño izquierdo entre las costillas del líder.

—¡Esta será la primera y última oferta que les haré! Ríndanse ahora y no tendrán que pasar por lo mismo que este idiota —dijo, erguido en el centro de la sala—. ¡Si es que alguno de ustedes sigue consciente para aceptarlo! ¡Shihahahaha!

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2422 + 0 = 2422
Energia: 2404 - 1014 = 1390
Espiritu: 1012 - 600 = 412


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RE: Un problema de inventario [Aventura P.R.][Enji & Juan] T3 - por Enji - 24-06-2026, 07:53 AM

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