25-06-2026, 02:30 AM
El bosque volvió a quedar en silencio y lo que se escucharon fueron los golpes que Ryota daba al estafador cobarde. El viento arrastraba lentamente la nieve entre los árboles mientras el fuerte olor del gas utilizado para dormir a los excursionistas comenzaba a disiparse poco a poco. Los cuerpos permanecían donde habían caído durante la emboscada, todavía inconscientes en su mayoría. Gaston, golpeado y completamente superado por la situación, apenas era capaz de mantenerse consciente mientras respiraba con dificultad mirando el lugar donde estaban Morgane y Roxane.
Aquella escena habría resultado extraña para cualquiera. Y precisamente eso era lo que había llamado la atención de la Marina. Espera, ¿La puta Marina?
Resulta que durante las últimas semanas, la Base G-65 había recibido suficientes denuncias sobre robos ocurridos en los bosques del norte de Neur. Excursionistas desaparecían durante horas para despertar sin recordar lo ocurrido y con sus pertenencias desaparecidas. Los testimonios nunca eran del todo claros, pero muchos coincidían en un mismo detalle: un supuesto recorrido para encontrar a una extraña criatura conocida como Pibbles.
Las investigaciones habían llevado a varias patrullas a iniciar recorriendo constantemente aquella zona.
No habían encontrado a los responsables. O al menos no todavía, hasta que el estruendo del combate resonó entre los árboles.
—¡Por aquí!
—¡Apresúrense!
—¡No pierdan de vista esa dirección!
Las voces de los marines se escuchaban cada vez más cerca a lo que el sonido de las ramas quebrándose se hacía más evidente.
No pasó demasiado tiempo antes de que una docena de marines irrumpiera en el claro desde distintos puntos del bosque. Al frente marchaba un hombre de mediana edad, seguido por varios soldados armados con fusiles y un par de miembros del cuerpo médico. No se veía que fuera una patrulla excepcionalmente fuerte, básicamente todos eran soldados rasos, aunque se notaba que había unos con más experiencia que otros y que eran los que dirigían la patrulla.
Los marines se detuvieron apenas contemplaron la escena. Ante sus ojos, los excursionistas permanecían tendidos sobre la nieve. Tres personas presentaban heridas evidentes y el olor del somnífero todavía seguía presente en el ambiente.
El que dirigía la patrulla levantó inmediatamente una mano.
—¡Aseguren el perímetro!
Los hombres reaccionaron con rapidez. Cuatro soldados comenzaron a rodear el claro mientras otros avanzaban directamente hacia los civiles inconscientes para comprobar su estado. Los dos médicos se arrodillaron junto a los primeros cuerpos que encontraron, revisando respiración, pulso y posibles heridas.
Uno de ellos levantó la vista hacia su superior.
—¡Siguen con vida!
El oficial asintió sin apartar la vista del resto de la escena. Su atención terminó por detenerse sobre Gaston, que apenas lograba incorporarse entre gemidos.
—¿Qué ocurrió aquí?
Gaston levantó lentamente la cabeza. Pero parecía que era muy obvio lo que sucedía. El gordinflón, esforzándose por mantenerse consciente miró alrededor. Después observó a los marines y finalmente dejó escapar una sonrisa nerviosa que parecía debatirse entre el alivio y el miedo. Entonces abrió la boca dispuesto a responder.
Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, uno de los soldados llamó la atención del que estaba a cargo.
—¡Señor!
El marino sostenía entre sus manos una pequeña bolsa de tela caída sobre la nieve. Al abrirla, comenzaron a aparecer billeteras, relojes, joyas y toda clase de objetos personales. Demasiados. Muchos más de los que una sola persona podría llevar consigo durante una excursión.
Ante este hallazgo, el líder observó el contenido durante unos segundos antes de volver la mirada hacia Gaston y a Ryota. La expresión de alivio del hombre que estaba siendo sometido por el pirata desapareció casi al instante. La investigación que llevaba semanas estancada acababa, por fin, de encontrar un escenario que parecía responder muchas preguntas... aunque todavía quedaba descubrir quiénes eran realmente las víctimas y quiénes los responsables.
—Vaya que eres feo, hijo de puta. Pero he de asumir que has atrapado al responsable de varios robos... —Por raro que pareciera, la patrulla no lograba reconocer a Ryota en su forma de araña y ahora mismo lo estaban confundiendo con un buen samaritano. Y mira que ser suertudo...
Y aunque no estaban exactamente considerando a Ryota un enemigo, tampoco era como que las miradas lo evitaran. Realmente lucía bastante intimidante, pero los hombres de la G-65 estarían tratando de ser tan profesionales como pudieran.
Aquella escena habría resultado extraña para cualquiera. Y precisamente eso era lo que había llamado la atención de la Marina. Espera, ¿La puta Marina?
Resulta que durante las últimas semanas, la Base G-65 había recibido suficientes denuncias sobre robos ocurridos en los bosques del norte de Neur. Excursionistas desaparecían durante horas para despertar sin recordar lo ocurrido y con sus pertenencias desaparecidas. Los testimonios nunca eran del todo claros, pero muchos coincidían en un mismo detalle: un supuesto recorrido para encontrar a una extraña criatura conocida como Pibbles.
Las investigaciones habían llevado a varias patrullas a iniciar recorriendo constantemente aquella zona.
No habían encontrado a los responsables. O al menos no todavía, hasta que el estruendo del combate resonó entre los árboles.
—¡Por aquí!
—¡Apresúrense!
—¡No pierdan de vista esa dirección!
Las voces de los marines se escuchaban cada vez más cerca a lo que el sonido de las ramas quebrándose se hacía más evidente.
No pasó demasiado tiempo antes de que una docena de marines irrumpiera en el claro desde distintos puntos del bosque. Al frente marchaba un hombre de mediana edad, seguido por varios soldados armados con fusiles y un par de miembros del cuerpo médico. No se veía que fuera una patrulla excepcionalmente fuerte, básicamente todos eran soldados rasos, aunque se notaba que había unos con más experiencia que otros y que eran los que dirigían la patrulla.
Los marines se detuvieron apenas contemplaron la escena. Ante sus ojos, los excursionistas permanecían tendidos sobre la nieve. Tres personas presentaban heridas evidentes y el olor del somnífero todavía seguía presente en el ambiente.
El que dirigía la patrulla levantó inmediatamente una mano.
—¡Aseguren el perímetro!
Los hombres reaccionaron con rapidez. Cuatro soldados comenzaron a rodear el claro mientras otros avanzaban directamente hacia los civiles inconscientes para comprobar su estado. Los dos médicos se arrodillaron junto a los primeros cuerpos que encontraron, revisando respiración, pulso y posibles heridas.
Uno de ellos levantó la vista hacia su superior.
—¡Siguen con vida!
El oficial asintió sin apartar la vista del resto de la escena. Su atención terminó por detenerse sobre Gaston, que apenas lograba incorporarse entre gemidos.
—¿Qué ocurrió aquí?
Gaston levantó lentamente la cabeza. Pero parecía que era muy obvio lo que sucedía. El gordinflón, esforzándose por mantenerse consciente miró alrededor. Después observó a los marines y finalmente dejó escapar una sonrisa nerviosa que parecía debatirse entre el alivio y el miedo. Entonces abrió la boca dispuesto a responder.
Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, uno de los soldados llamó la atención del que estaba a cargo.
—¡Señor!
El marino sostenía entre sus manos una pequeña bolsa de tela caída sobre la nieve. Al abrirla, comenzaron a aparecer billeteras, relojes, joyas y toda clase de objetos personales. Demasiados. Muchos más de los que una sola persona podría llevar consigo durante una excursión.
Ante este hallazgo, el líder observó el contenido durante unos segundos antes de volver la mirada hacia Gaston y a Ryota. La expresión de alivio del hombre que estaba siendo sometido por el pirata desapareció casi al instante. La investigación que llevaba semanas estancada acababa, por fin, de encontrar un escenario que parecía responder muchas preguntas... aunque todavía quedaba descubrir quiénes eran realmente las víctimas y quiénes los responsables.
—Vaya que eres feo, hijo de puta. Pero he de asumir que has atrapado al responsable de varios robos... —Por raro que pareciera, la patrulla no lograba reconocer a Ryota en su forma de araña y ahora mismo lo estaban confundiendo con un buen samaritano. Y mira que ser suertudo...
Y aunque no estaban exactamente considerando a Ryota un enemigo, tampoco era como que las miradas lo evitaran. Realmente lucía bastante intimidante, pero los hombres de la G-65 estarían tratando de ser tan profesionales como pudieran.
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