25-06-2026, 03:54 AM
La cocina era un lugar ejemplar y de alta cocina con los utensilios de mayor calidad puesto que no había presupuesto que no valiera la pena gastar, y claro, al ser un lugar con grandes cantidades de pelotones de soldados todos los días, la cafetería y la cocina siempre debían estar preparados para cualquier hambruna que atacaran las panzas de sus admirables reclutas.
Habían varas estufas pulidas y enceradas, recién limpias pero también habían enormes ollas humeantes que parecían desprender un aroma semejante a especias y pimientas, se trataba de guisos preparados para la hora del almuerzo, el mosaico del suelo tenía unos toques azulados en tonalidad zafiro como también se podía apreciar los acabados de madera adornando la cocineta, alacena, percheros, almacenes y entre otros espacios preparados para optimizar el área de cocina. Contaban con un enorme horno antiguo creado ladrillo por ladrillo muy característico de las épocas antiguas, olía deliciosamente dulce y evidentemente se trataba de pan casero realizado por las damas que tenían la admirable labor de cocinar para más de quinientas personas a diario. En este momento Kagura encontraría aquel lugar completamente solo, únicamente una olla humeante y la iluminación de una llama ardiente tras la ventana de una puerta de madera de aquel horno.
Nuestra soldado no se equivocaba, aquel juguete que había recogido de la fuente en verdad le pertenecía a la fugitiva niña extranjera, lo había lanzado para pedir un deseo añorando algo que llevaba mucho tiempo queriendo tener y es por eso que en cada fuente que la pequeña infante encontraba… terminaba lanzando sus objetos de gran valor. ¿Qué deseo podría esconder el corazón de un niño mimado?
Tras unos minutos de silencio y de haber inspeccionado cada parte de aquella cocina, pronto Kagura se daría cuenta que no sirvió de nada el haber venido hasta aquí, pero no todo estaba perdido porque las señoras cocineras regresaron y se encontraron con nuestra niñera desesperada. Eran en total cinco mujeres vestidas de chef con su uniforme blanco pulido, todas venían cargando cajas de cartón con ingredientes en su interior, al parecer venían de haber realizado compras en el muelle mercantil de Baquella, y al entrar por aquel umbral se asombraron de ver a la Marine.
—-- ¿Necesitaba algo, soldado? —-- diría una señora mayor de edad, de pelo azabache y ondulado, ojos verde, su cuerpo era corpulento, y cargaba una caja llena de remolachas. Por su uniforme parecía ser jefe de cocina y también tenía mayor rango que nuestra protagonista, y es que claro, los soldados podían escalar en sus puestos de diferentes maneras, nuestra señora brindaba servicio en la cocina.
Habían varas estufas pulidas y enceradas, recién limpias pero también habían enormes ollas humeantes que parecían desprender un aroma semejante a especias y pimientas, se trataba de guisos preparados para la hora del almuerzo, el mosaico del suelo tenía unos toques azulados en tonalidad zafiro como también se podía apreciar los acabados de madera adornando la cocineta, alacena, percheros, almacenes y entre otros espacios preparados para optimizar el área de cocina. Contaban con un enorme horno antiguo creado ladrillo por ladrillo muy característico de las épocas antiguas, olía deliciosamente dulce y evidentemente se trataba de pan casero realizado por las damas que tenían la admirable labor de cocinar para más de quinientas personas a diario. En este momento Kagura encontraría aquel lugar completamente solo, únicamente una olla humeante y la iluminación de una llama ardiente tras la ventana de una puerta de madera de aquel horno.
Nuestra soldado no se equivocaba, aquel juguete que había recogido de la fuente en verdad le pertenecía a la fugitiva niña extranjera, lo había lanzado para pedir un deseo añorando algo que llevaba mucho tiempo queriendo tener y es por eso que en cada fuente que la pequeña infante encontraba… terminaba lanzando sus objetos de gran valor. ¿Qué deseo podría esconder el corazón de un niño mimado?
Tras unos minutos de silencio y de haber inspeccionado cada parte de aquella cocina, pronto Kagura se daría cuenta que no sirvió de nada el haber venido hasta aquí, pero no todo estaba perdido porque las señoras cocineras regresaron y se encontraron con nuestra niñera desesperada. Eran en total cinco mujeres vestidas de chef con su uniforme blanco pulido, todas venían cargando cajas de cartón con ingredientes en su interior, al parecer venían de haber realizado compras en el muelle mercantil de Baquella, y al entrar por aquel umbral se asombraron de ver a la Marine.
—-- ¿Necesitaba algo, soldado? —-- diría una señora mayor de edad, de pelo azabache y ondulado, ojos verde, su cuerpo era corpulento, y cargaba una caja llena de remolachas. Por su uniforme parecía ser jefe de cocina y también tenía mayor rango que nuestra protagonista, y es que claro, los soldados podían escalar en sus puestos de diferentes maneras, nuestra señora brindaba servicio en la cocina.
Resumen
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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