25-06-2026, 07:34 AM
La intención del monstruo era eliminarlo. Quizás no con los primeros golpes, pero sí con el último. Justo cuando el obeso se quebrara frente a las mujeres que no quiso defender y que, a ojos del castaño, tan solo obedecieron las indicaciones de quien creían, era su compañero.
Ryota no podría perdonar a Gastón por el mero hecho de no apoyarlas, por no enojarse realmente o armarse de valor para defender a las hermosas señoritas que lo acompañaban. “¿Qué clase de hombre no luchaba por sus amigos?” Era lo que pensaba enfurecido mientras elevaba su diestra, a punto de asestar el golpe final para poner fin a la miseria vivida.
No obstante, los caprichos del destino llamarían a la puerta. El sonido a lo lejos de varias pisadas haría que el arácnido desviara su atención y en menos de lo que pudo calcular, el sitio en el que se encontraban se llenó de un pequeño pelotón de marines.

“¿Qué vergas?”
Fue la única expresión que pasó por su mente cuando los uniformados parecieron ignorarlo con cierto recelo; al igual que esas ocasiones en las que sabes que hay algo chungo en lo oscuro, pero decides obviarlo mientras haces lo que tienes que hacer. Igual a como debe sentirse la chica no agraciada del baile, cuando todos están buscando a quién invitar y ella se queda observando.
Tal vez por eso nadie lo reconoció, o porque era un híbrido entre humano y araña horrible al que preferían no ver.
“Siguen con vida”
Fueron las palabras de quien parecía el médico del pelotón, luego de que revisara los signos a las mujeres frente a Ryota. “…” Este último no sintió alivio, ni molestia, tan solo aceptó la noticia, creyendo que, de todas formas, si hubiesen muerto, el mundo no habría cambiado en absoluto para mal o para bien. No obstante, el líder de los marinos hizo la pregunta que ni siquiera él podría responder.
¿Qué había pasado?
-Estos tontos me atacaron cuando buscaba a un perro waton y les enseñe cuantos pares son tres moscas. -Pudo haber dicho, sin embargo, el miedo que dominaba su cuerpo le impidió poder iniciar su diálogo. Resultando en un extraño tartamudeo. “E..e..es…est…e…e…es… %$#uta madre…” Por suerte, la pregunta fue respondida por otro de los oficiales.
La bolsa de tela en sus manos mostraba el botín que aquellos ladrones lograron acumular. Fue entonces que tuvo sentido porque los demás estaban inconscientes y los diálogos cliché que Gastón le dedicó.
“Aaaaamigo… tu…tuve que haberlo vi…vi…visto cuando dijo que les co…co…cobraba por caminar bro...” Hizo mención del estúpido modelo de negocio en el que pensó que solo la gente más idiota podía caer, es más, se preguntaba si realmente en alguna realidad externa había gente que pagaba por ir a caminar.

“¿Por qué todos me recuerdan lo feo que me veo así…?”
“Seh, los des…descubrí y co…como soy un ciu…ciu…civil de bien, use la fuerza en le…le…legítima defensa. Nada muy gra…gra…serio, mi intención solo era que to…to…tomaran escarmiento.” Mintió sin siquiera pensárselo dos veces y piso el pie de Gastón en forma amenazante, para que este entendiera con ese gesto, el valor de su silencio: salvar su propia vida.
Ryota pudo haber iniciado el conflicto contra los marines, sin embargo, los uniformados tan solo hacían su trabajo y no iban a por él, así que no tuvo ninguna razón para recurrir a la violencia. Además, su enojo ya había pasado a segundo plano con la situación y su desagradable sensación de agobio.
“Bu…bu…bueno, mi trabajo aquí te…te…termino. No obstante, he de pre…pre…preguntar ¿Habia una re…re…recompensa por estos cri…criminales?” Agachó ligeramente su cabeza hacia el hombre de mayor rango con una curiosidad avariciosa. “No es que me im..im…interés, pensaba, dar…dar…ofrecérsela a los más ne…necesitas.” Siendo el mismo el hombre mas necesitado que conocía, porque quería ir a algún casino para olvidar el día de mierda.
Ryota no podría perdonar a Gastón por el mero hecho de no apoyarlas, por no enojarse realmente o armarse de valor para defender a las hermosas señoritas que lo acompañaban. “¿Qué clase de hombre no luchaba por sus amigos?” Era lo que pensaba enfurecido mientras elevaba su diestra, a punto de asestar el golpe final para poner fin a la miseria vivida.
No obstante, los caprichos del destino llamarían a la puerta. El sonido a lo lejos de varias pisadas haría que el arácnido desviara su atención y en menos de lo que pudo calcular, el sitio en el que se encontraban se llenó de un pequeño pelotón de marines.

“¿Qué vergas?”
Fue la única expresión que pasó por su mente cuando los uniformados parecieron ignorarlo con cierto recelo; al igual que esas ocasiones en las que sabes que hay algo chungo en lo oscuro, pero decides obviarlo mientras haces lo que tienes que hacer. Igual a como debe sentirse la chica no agraciada del baile, cuando todos están buscando a quién invitar y ella se queda observando.
Tal vez por eso nadie lo reconoció, o porque era un híbrido entre humano y araña horrible al que preferían no ver.
“Siguen con vida”
Fueron las palabras de quien parecía el médico del pelotón, luego de que revisara los signos a las mujeres frente a Ryota. “…” Este último no sintió alivio, ni molestia, tan solo aceptó la noticia, creyendo que, de todas formas, si hubiesen muerto, el mundo no habría cambiado en absoluto para mal o para bien. No obstante, el líder de los marinos hizo la pregunta que ni siquiera él podría responder.
¿Qué había pasado?
-Estos tontos me atacaron cuando buscaba a un perro waton y les enseñe cuantos pares son tres moscas. -Pudo haber dicho, sin embargo, el miedo que dominaba su cuerpo le impidió poder iniciar su diálogo. Resultando en un extraño tartamudeo. “E..e..es…est…e…e…es… %$#uta madre…” Por suerte, la pregunta fue respondida por otro de los oficiales.
La bolsa de tela en sus manos mostraba el botín que aquellos ladrones lograron acumular. Fue entonces que tuvo sentido porque los demás estaban inconscientes y los diálogos cliché que Gastón le dedicó.
“Aaaaamigo… tu…tuve que haberlo vi…vi…visto cuando dijo que les co…co…cobraba por caminar bro...” Hizo mención del estúpido modelo de negocio en el que pensó que solo la gente más idiota podía caer, es más, se preguntaba si realmente en alguna realidad externa había gente que pagaba por ir a caminar.

“¿Por qué todos me recuerdan lo feo que me veo así…?”
“Seh, los des…descubrí y co…como soy un ciu…ciu…civil de bien, use la fuerza en le…le…legítima defensa. Nada muy gra…gra…serio, mi intención solo era que to…to…tomaran escarmiento.” Mintió sin siquiera pensárselo dos veces y piso el pie de Gastón en forma amenazante, para que este entendiera con ese gesto, el valor de su silencio: salvar su propia vida.
Ryota pudo haber iniciado el conflicto contra los marines, sin embargo, los uniformados tan solo hacían su trabajo y no iban a por él, así que no tuvo ninguna razón para recurrir a la violencia. Además, su enojo ya había pasado a segundo plano con la situación y su desagradable sensación de agobio.
“Bu…bu…bueno, mi trabajo aquí te…te…termino. No obstante, he de pre…pre…preguntar ¿Habia una re…re…recompensa por estos cri…criminales?” Agachó ligeramente su cabeza hacia el hombre de mayor rango con una curiosidad avariciosa. “No es que me im..im…interés, pensaba, dar…dar…ofrecérsela a los más ne…necesitas.” Siendo el mismo el hombre mas necesitado que conocía, porque quería ir a algún casino para olvidar el día de mierda.
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