25-06-2026, 07:48 AM
(Última modificación: 25-06-2026, 07:50 AM por Runin D. Kitay.)
¿Una escueta nota abandonada sobre la madera? ¿Quién se cree? ¿Ryota Miyamoto? Un bufido escapa de los labios de la fémina percatándose de las malas mañas que empiezan a pegarse de un miembro de la tripulación a otro; incluso la amazona debe aceptar algunas cosas: apostar se ha vuelto una actividad divertida, no puede escuchar la palabra “entender” sin recordar a Tezca en el proceso, Barald parece que se queda sin cajetillas de cigarrillo a diario porque jamás lo ve y, cuando lo hace, siempre se lleva a Cardan consigo.
¡Runin bien podría enfadarse! De no ser por los pequeños obsequios en forma de dulces que el azabache deja atrás, incluso, de vez en cuando, encuentra faldas y vestidos nuevos en su ropero. Si, la ropa que lleva ese día es cortesía de Barald; sabe que el mentecato de Tezca no gastaría un centavo en ropa para ella y Yuuki, bueno, tienen gustos diferentes.
—Al fin robaremos algo bueno, me estaba cansando de verle la cara a los dependientes de las tiendas y al casero de la posada. —Asiente sin remordimiento alguno, escuchando a sus compañeros. En su diestra lleva un libro pequeño sobre tipos de madera, cierra el mismo en alguna página que deberá volver a buscar después.

—Fufufu, a ti nunca se te ha caído la cara por la vergüenza ¿Verdad, cariño?
Sin pensarlo golpea la cabeza de su capitán con la cubierta del manuscrito. —El día que me compres ropa de diseñador dejarás de perder todas las apuestas. —Con la izquierda aprieta la mejilla del castaño, asintiendo ante las palabras de Tezca, no lo suelta hasta que una nueva voz se abre paso. La fémina se endereza, primero el entrecejo se contrae, los labios se fruncen y la mano libre libera a Ryota para ponerla en puño contra su cadera. Está a punto de preguntar dónde ha estado cuando cierta palabra cambia cada expresión de su rostro hasta transformarse en una asombrada sonrisa.
—Define millonarios, cariño. —¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde ha estado? ¿Con quién? ¡AH! El puto traidor está con Barald, le apretaría su pequeño cuello de serpiente de no ser por la revelación del azabache. —Fu… —Un sonido escapa desde su garganta. —Fu…fu… —Una risa contenida que le hace temblar los hombros. —FUFUFU ¡¿Qué es esa figura en medio de nuestro barco?!
Lejos de parecer molesta, confundida o dudosa; una sonrisa se apodera de los labios de la morena. El barco es gigante, extravagante, hay un montón de trabajadores, se puede ver incluso desde abajo las plantas que lo decoran, los cañones dan la bienvenida. “Aloha Kai” suena fácil en los labios de cualquiera. Se da cuenta al relamer suavemente sus labios antes de susurrar el nombre del barco.

—Es la primera vez que veo un barco así, tan… nosotros.
A pasos largos y estilizados llega hasta Barald, incluso su aura, su ropa, algo en él es diferente. —¿A cuántos asesinaste o a quién estafaste?. —Sin perder el tiempo se coloca al costado derecho del azabache. —Da igual, cuéntanos mientras nos enseñas la nueva adquisición. —Lo apresura, sintiendo a Cardan acariciar su rostro, pasando junto a sus demás compañeros.
—Oh, mi querido capitán. —La afilada mirada divertida navega hasta encontrar a Ryota. —¿Lloras de la emoción? Fufufufu. —Aún si no lo hace, siempre es momento perfecto para compartir emociones, al final quizá es ella quien siente una extraña emoción en su interior, tan extraña como el enorme hombre sonriente de madera que los saluda con fascinación.
¡Runin bien podría enfadarse! De no ser por los pequeños obsequios en forma de dulces que el azabache deja atrás, incluso, de vez en cuando, encuentra faldas y vestidos nuevos en su ropero. Si, la ropa que lleva ese día es cortesía de Barald; sabe que el mentecato de Tezca no gastaría un centavo en ropa para ella y Yuuki, bueno, tienen gustos diferentes.
—Al fin robaremos algo bueno, me estaba cansando de verle la cara a los dependientes de las tiendas y al casero de la posada. —Asiente sin remordimiento alguno, escuchando a sus compañeros. En su diestra lleva un libro pequeño sobre tipos de madera, cierra el mismo en alguna página que deberá volver a buscar después.

—Fufufu, a ti nunca se te ha caído la cara por la vergüenza ¿Verdad, cariño?
Sin pensarlo golpea la cabeza de su capitán con la cubierta del manuscrito. —El día que me compres ropa de diseñador dejarás de perder todas las apuestas. —Con la izquierda aprieta la mejilla del castaño, asintiendo ante las palabras de Tezca, no lo suelta hasta que una nueva voz se abre paso. La fémina se endereza, primero el entrecejo se contrae, los labios se fruncen y la mano libre libera a Ryota para ponerla en puño contra su cadera. Está a punto de preguntar dónde ha estado cuando cierta palabra cambia cada expresión de su rostro hasta transformarse en una asombrada sonrisa.
—Define millonarios, cariño. —¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde ha estado? ¿Con quién? ¡AH! El puto traidor está con Barald, le apretaría su pequeño cuello de serpiente de no ser por la revelación del azabache. —Fu… —Un sonido escapa desde su garganta. —Fu…fu… —Una risa contenida que le hace temblar los hombros. —FUFUFU ¡¿Qué es esa figura en medio de nuestro barco?!
Lejos de parecer molesta, confundida o dudosa; una sonrisa se apodera de los labios de la morena. El barco es gigante, extravagante, hay un montón de trabajadores, se puede ver incluso desde abajo las plantas que lo decoran, los cañones dan la bienvenida. “Aloha Kai” suena fácil en los labios de cualquiera. Se da cuenta al relamer suavemente sus labios antes de susurrar el nombre del barco.

—Es la primera vez que veo un barco así, tan… nosotros.
A pasos largos y estilizados llega hasta Barald, incluso su aura, su ropa, algo en él es diferente. —¿A cuántos asesinaste o a quién estafaste?. —Sin perder el tiempo se coloca al costado derecho del azabache. —Da igual, cuéntanos mientras nos enseñas la nueva adquisición. —Lo apresura, sintiendo a Cardan acariciar su rostro, pasando junto a sus demás compañeros.
—Oh, mi querido capitán. —La afilada mirada divertida navega hasta encontrar a Ryota. —¿Lloras de la emoción? Fufufufu. —Aún si no lo hace, siempre es momento perfecto para compartir emociones, al final quizá es ella quien siente una extraña emoción en su interior, tan extraña como el enorme hombre sonriente de madera que los saluda con fascinación.
BOLSA DE ESTRELLITAS
