La biblioteca de Alejandría parte 2: [PR] [Segundo tema de idioma Bai]
#2
Bai se había impuesto a sí misma, de la misma manera que se lo había prometido a Zhang sin decírselo, el estudiar de forma —precariamente— autónoma los guturales fonemas de la lengua común.

¡Y vaya que si lo había intentado!

Sin embargo, entre las vicisitudes del viaje, su imperiosa necesidad de mejorarse constantemente y que realmente no sabía como estudiar algo que ni siquiera podía distinguir bien, el único progreso constatable había sido la articulación de ciertas amalgamas fonéticas que posiblemente, un verdadero nativo, ni siquiera atendería. En particular, había hecho mucho hincapié en entender y  comprender —pues la diferencia entre ambos conceptos radica en la profundización en el concepto— los sonidos complejos de la «ch» y la «tl».

El único problema era que palabras con dicho conjunto apenas se escuchaban durante el día a día.

Aún así, gracias a el hercúleo esfuerzo en solitario —también llamado terquedad—, al final, su aparato fonador ya no intercalaba pausas espaciadas entre consonantes oclusivas y líquidas como la «t» y la «l»; un logro notable solamente al pronunciar palabras tan exóticas como «Tepezcuintle» —la misma palabra que, a decir verdad, muy posiblemente jamás encontraría aplicación útil en su vida cotidiana. O al menos hasta que llegara un mink que le dijera: «Por favor, no me llames rata. Soy un Tepezcuintle».

Ahora sólo le quedaba extender su vocabulario, ya que este seguía restringido a un inventario espartano de apenas cuatro conceptos fundamentales que habían echado raíces en su memoria: Casa, Berry, Selva y Sol.

Bueno, extender el vocabulario, aprender las conjugaciones, la sintaxis, los artículos...

Y, aún con todo lo que faltaba, que hubiera aprendido algo por si misma constituía un avance significativo. Mas eso no era todo. También había logrado descifrar mediante una mezcla de observación empírica y escucha activa que «Berry» y «Berries» respondían a una misma raíz gramatical.
O en otras palabras, que una era el plural de la otra.
Además, por si todo esto no fuera suficiente, tras sus multiples incursiones comerciales en la isla —donde su tendencia natural a comprar todo aquello que le llamara la atención la obligaba a interactuar—, había logrado adaptar el vibrante sonido de la «rr» a la de la lengua común. Cosa que, em si fuero interno la inundaba de una genuina y secreta complacencia.

Sí, eran avances de una lentitud pasmosa, pero marchaban en la dirección correcta; tarde o temprano, terminaría por demoler la barrera lingüística que la aislaba del mundo.

Quizás, por eso mismo, cuando Zhang le volvió a citar para  reanudar las lecciones, Bai esperó ansiosa a que llegara la hora y, tan pronto como la minutera marcó cinco minutos antes de la cita, aferró su libreta de apuntes, su pluma y, con el semblante súbitamente iluminado, salió a buscarlo.

Sin embargo, al llegar y empujar la puerta de par en par, habiendo quedado su silueta de casi cuatro metros encuadrada bajo el dintel del marco, Bai exclamó con entusiasmo a su nakama: «¡Zhang! ¡Zhang!», mientras se aproximaba. «¡Ya soy capaz de decir Tepezcuintle!», añadió después.

Y tras hacerlo, con la mandíbula parcialmente desencajada por el asombro y las pupilas brillando por lo que veía, avanzó hacia el mink como si estuviera contemplando un milagro.

—¡Por los dioses, Zhang!

Extendió sus brazos hacia lo que había montado y, volviéndose hacia él continuó diciendo: «¿Qué es todo esto?». Después, dejó los útiles sobre la mesa y estalló de nuevo.

—¡Es sencillamente increíble!

Y, emocionándose hasta el punto de olvidar que su enorme anatomía aún se hallaba cubierta de hematomas y contusiones mal curadas, se dejó llevar por la euforia habría y abrazó al anciano. Sin embargo, al hacerlo, quizás por la posición o rápido movimiento, que tuvo de repente un súbito mareo.

El entorno pareció rotar sobre su eje por un segundo; al llevarse instintivamente la mano a la frente para estabilizarse, sus dedos tropezaron con la textura rugosa del apósito médico que protegía su herida de la infección.

—El golpe... — murmuró para luego reír con brevedad y seguir hablando—. Perdóname, Zhang —dijo mientras se obligaba a retroceder y devolverle el espacio vital—. Es solo que... la emoción ha nublado por completo el juicio.

Después, se apoyó en la mesa y observó todo aquello intentando leer pese a que no reconocía nada.

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Bai Mudan
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RE: La biblioteca de Alejandría parte 2: [PR] [Segundo tema de idioma Bai] - por Bai Mudan - 25-06-2026, 02:11 PM

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