[P.R., Entrenamiento] Gestionando cuestiones
#3
Finalmente, la figura de Kibai se hizo visible en el horizonte, mientras el leopardo se aproximaba al punto de encuentro acordado allí mismo, en mitad de aquella nada abrumadora. Para cuando el Mink hubo llegado hasta allí, Stroud ya se había terminado de ceñir los guantes tachonados, y, viendo las armas que colgaban del cinturón de Kibai, resultó evidente que ambos acudían a aquel encuentro listos para darlo todo. Stroud apreciaba que el mink, como le era habitual, no se anduviese con medias tintas. En su cabeza no había resentimiento más allá de la regañina que consideraba necesaria, sino emoción por la adrenalina del combate que se avecinaba. Kibai era un luchador diestro, rápido y, sobre todo, con grandes intuiciones para el combate, algo más escaso de lo que pudiese parecer en un mundo como el de la Marina, en el que era habitual limitarse a lo aprendido y a aplicar protocolos de forma mecánica, en lugar de aprender a improvisar y fluir con el ritmo dictado por la pugna.

Stroud cazó la cantimplora al vuelo, haciendo un ademán de apreciación con la cabeza y esbozando una sonrisa. "Buenas tardes," dijo, desenroscando metódicamente el tapón y dirigiendo la cantimplora a sus labios resecos, dando un par de tragos de agua antes de continuar, "puntual como de costumbre. Gracias," agradeció antes de dar otro par de tragos. Estaba seco como un bacalao, después de tan solo aquel rato expuesto al calor del desierto, incluso si el sol se encontraba desde hacía rato bien lejos de su cénit. Cada gota de agua se convertía en una auténtica revitalización, como regar una planta marchita que lleva varios días al sol. Cerró la cantimplora de nuevo, colocándola sobre la roca que permanecía a su lado, antes de adoptar una posición más formal y, al mismo tiempo, combativa, como era su estilo, situando sus manos detrás de su espalda y abriendo ligeramente la distancia entre sus pies, clavados en el suelo de arena. Una pequeña ráfaga de viento recorrió el desierto, levantando pequeñas volutas de arena que se alzaron sobre el suelo, proyectando sus sombras momentáneamente antes de volver a desvanecerse.

"No hace falta decir, soldado Kibai, que he observado un problema de insubordinación recientemente, durante nuestra última labor en Drum," dijo, abordando finalmente el elefante en aquella figurativa habitación y absteniéndose de mayores rodeos, comenzando a caminar reflexiamente, manteniendo su postura marcial. De una manera que podría haber pasado desapercibida para un oyente casual de aquella conversación, se había referido repentinamente a Kibai con su rango, como hacía en situaciones de trabajo u oficiales, en las que mencionar el rango de un compañero de la Marina era una cuestión de protocolo básico que jamás debía saltarse. Su tono era el habitual, con aquella voz monótona, inquebrantable y serena, pero su ademán y su forma de dirigirse al mink había pasado a ser la de un comandante, no la de cualquiera que mantuviese una charla con el leopardo. Es decir, era una forma de demarcar lo que pasaba a convertirse en una conversación oficial, o casi, en la mente de Stroud. "Seré claro: acabar con la vida de aquel despojo formaba parte de mi plena potestad. Interferir de forma directa y deliberada con la acción de un oficial de servicio puede ser motivo de apertura de expediente disciplinario," razonó, por lejana que se le antojase a él mismo la posibilidad de adoptar medidas disciplinarias, si bien servía para remarcar la gravedad que percibía en los hechos acontecidos. "Y no, no se puede argüir que hubiese dejado de ser una amenaza por estar fuera de combate," se adelantó, profundizando en su razonamiento, "y más cuando la División 60 constituía la única presencia tangible de la Marina en la isla, y cuando la Guardia Real ya había demostrado poder ser sobrepasada por un tipo con esas ínfulas. Una decisión así, simplemente, queda fuera de tus competencias, y no lo estará en la próxima ocasión. ¿Me explico?," inquirió con seriedad. Consideraba que no era necesario darle más vueltas de la cuenta al asunto, ya que el Mink era, a su juicio, más que consciente de cuál había sido exactamente el problema. Ser un Marine era, en último término, servir.

Apenas dejó pasar un instante antes de detenerse en su paseo, situándose a unos quince metros de Kibai, clavando sus pies sobre la arena con firmeza. Como si hubiera dado por terminada la parte más serie de la conversación, su pose adoptó una forma ligeramente más combativa, a medida que sus rodillas se flexionaban ligeramente sobre sí mismas y sus manos abandonaban la forma en que se habían entrelazado tras su espalda, colocándose en guardia, en puños cerrados ligeramente por debajo de la cara. "Bien," dijo, dando carpetazo al asunto, "comencemos." No pudo evitar esbozar una sonrisa de anticipación, asintiendo rápidamente con la cabeza y dando por iniciada la sesión de entrenamiento formalmente —claro—.

Manteniendo al Mink fijo en su mirada, saltó como un resorte desde su punto de partida, dejando tras de sí una pequeña nubecilla de arena que se levantaba a su paso a medida que retraía su brazo derecho y su mano comenzaba a recubrirse de un mochi que circulaba a través de su brazo, materializándose y condensándose sobre sus nudillos, en anticipación al ataque que iba a efectuar. Finalmente, en el preciso instante en que se encontró a tiro del leopardo, en el momento en que el mink estaba a la distancia oportuna y su mano adoptaba la forma de una especie de martillo de mochi, dirigió su puño hacia la sien izquierda de Kibai, en un movimiento vertical y descendente, en el que la cabeza del martillo impactó contra la sien del mink, justo por debajo de su oreja. "¡Hammerfall!," exclamó simultáneamente a medida que el martillo golpeaba al mink a gran velocidad, justo antes de terminar de encadenar su movimiento con un salto hacia atrás, tomando impulso con la misma inercia producida por la potencia de su golpe y desplazándose, de un único salto, hasta el mismo punto de partida del que había salido instantes atrás, manteniendo al leopardo bajo su mirada en todo momento.

Aquella había sido una forma de tantear el terreno por parte de Stroud, una forma de comprobar la capacidad de reacción del mink, de medir a su adversario, antes de que la lucha, como era previsible, se encarnizase. Resultaba innegable que, para el humano, medirse con uno de sus propios hombres era indudablemente más emocionante, y más estimulante, que limitarse a un entrenamiento en solitario o un combate contra algún donnadie como Betrug, pero era importante no lanzarse a la piscina, y no cometer errores de cálculo era una parte importante de cualquier combatiente que se preciase y estuviese dispuesto a poner su vida en riesgo en una situación de combate real.



Off
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RE: [P.R., Entrenamiento] Gestionando cuestiones - por Stroud Nanashi - 25-06-2026, 02:53 PM

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