25-06-2026, 04:53 PM
No tenía idea de que las armas de fuego podían aguantar un golpe de esa magnitud, tesoro. Honestamente esperaba ver el metal doblarse o salir despedido por los aires después de conectar aquella patada, pero no ocurrió, aparentemente todavía no he entrenado lo suficiente como para destrozar armas como esas de un solo golpe y eso me costó caro, muy caro. Mi pierna acababa de terminar el movimiento cuando ella aprovechó la apertura. Ni siquiera tuve tiempo de procesar lo que estaba pasando. No vi el cañón apuntarme, no vi el dedo apretar el gatillo, solo escuché el disparo y un instante después sentí el impacto. —¡WAAAAAAAA!—El proyectil atravesó uno de mis muslos con una violencia que me hizo perder el equilibrio en el acto. El dolor llegó un segundo más tarde, quemando desde la herida hacia el resto de la pierna como si me hubieran clavado una barra de hierro al rojo vivo.
Lo peor fue darme cuenta de que no había podido hacer nada, ni esquivarlo, ni bloquearlo, ni siquiera pude verlo venir. Mis ojos bajaron hacia la sangre que comenzaba a correr por la pierna mientras apretaba los dientes para no dejar escapar otro grito. —Ay, tesoro, eso sí dolió. —murmuré entre respiraciones agitadas, no era una herida suficiente para detenerme, pero sí una excelente forma de recordarme que seguía siendo demasiado confiado y que aquella mujer era bastante más peligrosa de lo que había querido admitir. Mis alas se abrieron ligeramente para ayudarme a recuperar el equilibrio mientras volvía a levantar la vista hacia ella, ignorando el dolor todo lo que podía.
Y entonces hizo algo que consiguió irritarme todavía más, tesoro, me ignoró como si el disparo hubiera sido suficiente para dejarme fuera de combate, como si yo fuera a quedarme tirado en el suelo lamentándome por una herida, claramente no sabía con quién estaba tratando. La mujer saltó hacia una de las jaulas y giró el arma apuntando hacia otro punto del campamento. No tardé en entenderlo, su objetivo ya no era yo, era alguien más y por la dirección era Aki-chan. —Ay, no, honey., eso sí que no. —murmuré. Apreté los dientes contra el dolor del muslo y llevé la mano a la funda de mi cintura. Mi revólver apareció en un movimiento rápido y casi automático porque no tenía tiempo para apuntar con calma ni para calcular demasiado solo necesitaba una oportunidad. Respiré, apunté y disparé, la bala impactó directamente contra la cerradura de la jaula donde se encontraba apoyada. El metal cedió y la puerta se abrió de golpe. El osezno, completamente aterrado por el fuego, los disparos y los gritos, reaccionó de inmediato. Comenzó a agitarse frenéticamente dentro de la estructura hasta que la propia jaula perdió estabilidad y se volcó.
Justo a tiempo, lo suficiente para arruinar su puntería. —¡Estoy aquí, maldita! ¡Tus asquerosas balas no van a tocar a mi querido Aki-chan! —grité mientras volvía a apuntarle, mi corazón latía con fuerza, mi pierna me dolía, el fuego seguía extendiéndose.
Y justo entonces me di cuenta de una cosa, tesoro, si caos quería causar entonces caos tendría. Mis ojos recorrieron rápidamente las jaulas restantes mientras el fuego seguía creciendo a nuestro alrededor. Los traficantes estaban perdiendo el control de la situación poco a poco y yo estaba más que dispuesto a ayudarlos a perderlo por completo, apreté los puños y corrí hacia dos de las jaulas que se encontraban más abajo. No me detuve a pensar demasiado golpeé y se escuchó un crack. Las cerraduras cedieron bajo la fuerza de mis puños, las puertas se abrieron y los oseznos, aterrados por el humo, las llamas, los disparos y los gritos, salieron disparados en distintas direcciones buscando cualquier lugar que pareciera seguro. Algunos chocaron contra cajas, otros contra traficantes que intentaban organizarse y varios simplemente corrieron sembrando aún más confusión en el campamento.
—Corran todo lo que puedan, Little bears. —murmuré. No pensaba quedarme ahí para descubrir si aquellos pequeños confundían a un marine con uno de sus captores, así que me alejé varios metros de inmediato, apoyándome en mis alas para ganar distancia antes de que alguno decidiera atropellarme en medio del pánico y honestamente funcionó mejor de lo que esperaba. Los hombres comenzaron a gritar órdenes contradictorias, algunos intentaban controlar el incendio, otros perseguían a los oseznos escapados y varios parecían haber olvidado por completo que yo existía, menos la estúpida esa.
Lo peor fue darme cuenta de que no había podido hacer nada, ni esquivarlo, ni bloquearlo, ni siquiera pude verlo venir. Mis ojos bajaron hacia la sangre que comenzaba a correr por la pierna mientras apretaba los dientes para no dejar escapar otro grito. —Ay, tesoro, eso sí dolió. —murmuré entre respiraciones agitadas, no era una herida suficiente para detenerme, pero sí una excelente forma de recordarme que seguía siendo demasiado confiado y que aquella mujer era bastante más peligrosa de lo que había querido admitir. Mis alas se abrieron ligeramente para ayudarme a recuperar el equilibrio mientras volvía a levantar la vista hacia ella, ignorando el dolor todo lo que podía.
Y entonces hizo algo que consiguió irritarme todavía más, tesoro, me ignoró como si el disparo hubiera sido suficiente para dejarme fuera de combate, como si yo fuera a quedarme tirado en el suelo lamentándome por una herida, claramente no sabía con quién estaba tratando. La mujer saltó hacia una de las jaulas y giró el arma apuntando hacia otro punto del campamento. No tardé en entenderlo, su objetivo ya no era yo, era alguien más y por la dirección era Aki-chan. —Ay, no, honey., eso sí que no. —murmuré. Apreté los dientes contra el dolor del muslo y llevé la mano a la funda de mi cintura. Mi revólver apareció en un movimiento rápido y casi automático porque no tenía tiempo para apuntar con calma ni para calcular demasiado solo necesitaba una oportunidad. Respiré, apunté y disparé, la bala impactó directamente contra la cerradura de la jaula donde se encontraba apoyada. El metal cedió y la puerta se abrió de golpe. El osezno, completamente aterrado por el fuego, los disparos y los gritos, reaccionó de inmediato. Comenzó a agitarse frenéticamente dentro de la estructura hasta que la propia jaula perdió estabilidad y se volcó.
Justo a tiempo, lo suficiente para arruinar su puntería. —¡Estoy aquí, maldita! ¡Tus asquerosas balas no van a tocar a mi querido Aki-chan! —grité mientras volvía a apuntarle, mi corazón latía con fuerza, mi pierna me dolía, el fuego seguía extendiéndose.
Y justo entonces me di cuenta de una cosa, tesoro, si caos quería causar entonces caos tendría. Mis ojos recorrieron rápidamente las jaulas restantes mientras el fuego seguía creciendo a nuestro alrededor. Los traficantes estaban perdiendo el control de la situación poco a poco y yo estaba más que dispuesto a ayudarlos a perderlo por completo, apreté los puños y corrí hacia dos de las jaulas que se encontraban más abajo. No me detuve a pensar demasiado golpeé y se escuchó un crack. Las cerraduras cedieron bajo la fuerza de mis puños, las puertas se abrieron y los oseznos, aterrados por el humo, las llamas, los disparos y los gritos, salieron disparados en distintas direcciones buscando cualquier lugar que pareciera seguro. Algunos chocaron contra cajas, otros contra traficantes que intentaban organizarse y varios simplemente corrieron sembrando aún más confusión en el campamento.
—Corran todo lo que puedan, Little bears. —murmuré. No pensaba quedarme ahí para descubrir si aquellos pequeños confundían a un marine con uno de sus captores, así que me alejé varios metros de inmediato, apoyándome en mis alas para ganar distancia antes de que alguno decidiera atropellarme en medio del pánico y honestamente funcionó mejor de lo que esperaba. Los hombres comenzaron a gritar órdenes contradictorias, algunos intentaban controlar el incendio, otros perseguían a los oseznos escapados y varios parecían haber olvidado por completo que yo existía, menos la estúpida esa.
Mi off
![[Imagen: xFGuWOj.jpeg]](https://i.imgur.com/xFGuWOj.jpeg)
