25-06-2026, 10:15 PM
Nyra Kuroshiro
— Debo admitir que no soy un gran bailarín, lo siento, querida. En parte por eso estoy aquí. Siempre he estado más cómodo ante un tablero que ante un montón de personas esperando a ver como muevo los pies. Pero lo que haremos será lo siguiente. Os apostaré vuestra compañía durante el discurso de nuestro querido afitrión, Le Chevalier. Debo admitir que asistir a un acto tan protocolario, y por lo tanto tan indudablemente insulso será menos agotador para mi ser pudiendo tomar del brazo a alguien como vos. Pero ahora, a lo importante, sentaos.
La partida fue breve, pero divertida. Aquel joven se esforzaba sin duda en no abrumar a la joven humink, aunque era a todas luces mejor que ella. Incluso se permitió un par de veces levantarse para, desde detrás de ella, extender el brazo por encima de su hombro para señalarle algún movimiento.
— Lo ves? Si juegas la torre hasta este punto, bloqueas los movimientos de varias de mis piezas o me obligas a sacrificar una de ellas.
En la última vez que hizo aquella maniobra, la mano del joven se posó delicadamente encima de la de Nyra, guiandola en su movimiento de un alfil.
— Lo veis? — dijo susurrándole con la cabeza junto a su hombro mientras sus ojos se fijaban en los de la marine. — Ahora me tenéis en jaque... Creo que estoy siendo muy gentil con vos, señorita.
No obstante, el momento fue interrumpido por un toque de corneta.
— ATEEEEEEEEEEEENCION!! EL DISCURSO DE LE CHEVALIER DARÁ COMIENZO ENSEGUIDA. POR FAVOR, COMIENCEN A AVANZAR TODOS HACIA LOS JARDINES DELANTEROS.
Nyra notó como la mano del joven se crispaba levemente sobre la suya.
— Vaya que inoportuno... Técnicamente aún no os he ganado pero... podemos fingir que han pasado tres turnos más y que os he dado jaque mate? Honestamente me gustaría acompañaros en el discurso.
Separándose de la humink, el joven extendió la mano para ayudarla a levantarse.
— O en todo caso, para ayudaros a volver con quién sea que haya tenido la suerte de acompañaros en esta fiesta.
Kael Omuyaga
— Gracias joven, pero no es necesario. No deseo que usted se vea implicado en esto. Le agradezco su amabilidad con mi hija, le aseguro que estará encantada de tener un baile con usted esta noche.
Tras aquel breve y protocolario agradecimiento, el hombre volvió a juntar su cabeza con la de Margaret, y Kael, conocedor de sobra del valor de la intimidad, regresó al salón. Para su sorpresa, ni Dimitri ni Choi estaban visibles por ninguna parte, y Shin parecía haber encontrado también sus propios quehaceres, pues el peliblanco también se había esfumado de la estancia.
De hecho, a ojos de Kael, todo el salón aparentaba estar bastante más vacío que cuando lo había abandonado en dirección al balcón. Varios de los grupos que aún quedaban en la estancia, así como aproximadamente una docena de personas que estaban saliendo de una puerta lateral haciendo cometnarios entre si y mirando de reojo a la puerta mientras se cerraba, cambiaron rapidamente sus copas medio vacías por otras llenas de las bandejas que varios sirvbientes continuaban paseando por el salón, antes de consultar el ornamentado reloj de pared y dirigirse hacia las puertas principales del salón.
— Mucho has tardado, Phantom.
El susurro sobresaltó a Kael, que dirigió su mirada a su izquierda. Mirage, cruzada de brazos, con una copa medio llena en la mano y apoyada en una de las columnas con una expresión de aburrimiento, había vuelto a hacer gala una vez más de la habilidad que honraba su nombre de aparecer y desaparecer ante los sentidos del marine sin que este pudiese percibirla.
— Lo reconozco, se escuchaban las lágrimas de esa chica desde aquí. Resulta sorprendente la cantidad de gente que en un evento así, y con la motivación apropiada, acaba metida por su propia voluntad en situaciones... como las llamaría yo...
La joven se acercó a Kael, levantando una mano para colocar dos dedos bajo el esternón del joven marine, que fue subiendo lentamente hacia arriba describiendo un paseo que acabó en un pequeño capirotazo en su mentón.
— Demasiado duras para poderlas morder.
En ese momento, un sonido de trompeta sacudió la estancia, haciendo que Mirage pusiese los ojos en blanco.
— ATEEEEEEEEEEEENCION!! EL DISCURSO DE LE CHEVALIER DARÁ COMIENZO ENSEGUIDA. POR FAVOR, COMIENCEN A AVANZAR TODOS HACIA LOS JARDINES DELANTEROS.
Negando con la cabeza, la joven se engarzó del brazo de Kael, apoyando la cabeza suavemente contra su hombro.
— Juro que voy a arrojar a ese enano gritón por la ventana la próxima vez que lo vea. Anda, vamos afuera. Cuanto antes termine el discurso, antes podremos bailar...
El patio exterior de la mansión estaba en ese momento lleno de gente. Sin embargo, ambos marines, cada uno con su respectivo acompañante, encontraron que les era relativamente fácil encontrar un buen sitio. Nyra vería que la gente se apartaba a su paso, y sus agudas orejas en esta ocasión no captaron ningún tipo de comentario hacia ella, aunque muchas miradas se dirigían tanto hacia la humink como a su acompañante. Kael, por su parte,encontró que Mirage parecía haberle envuelto a él en su propio hechizo de intangibilidad, pues sorteaban a grupos, parejas y sirvientes como fluiría el agua de un río alrededor de una roca.
Casi como su fuese una maniobra del destino, ambos marines acabaron bastante cerca el uno del otro, aproximadamente a unos ocho metros de distancia entre sí y a siete metros de la puerta de entrada al salón, con todos los invitados mirando hacia el balcón de la primera planta.
Al cabo de apenas unos segundos, una nuevia fanfarria de trompetas precedió a una auténtica algarabía de luces y estruendos cuando decenas de fuegos artificiales de todos lso colores estalló en el cielo. Círculos de luces blancas, rojas y azules, girándulas de chispas doradas que llenaban el aire con sus silbidos, enormes paraguas de bengalas que covnertían el cielo en una cascada de colores hasta desvanecerse poco a poco. Cada nuevo estallido arrancaba aplausos y gritos de asombro de los invitados y de la población que se agolpaba fuera de los muros, que resultaban audibles incluso desde la mansión.
Tras la finalización del espectáculo, una figura se hizo presente en el salón, agradeciendo los vítores y las alabazas con un gesto de la mano. Nyra, de estar mirando hacia el balcón, se sorprendería enormemente al ver a Carlisle, el cual sonrió hacia los invitados que se congregaban bajo él.
— Gracias, gracias a todos por venir. Como todos los años, y como mi padre y mi abuelo antes que yo, es un orgullo daros la bienvenida a nuestro baile!
Una nueva oleada de aplausos silenció su siguente frase.
— Si, desde luego, mi familia está sumamente orgullosa de llevar tantos años siendo el inicio de la temporada en nuestra preciosa isla. Lamentablemente, por motivos de su salud, mi padre en esta ocasión no ha podido realizar este discurso, así que disculpadme si soy breve y os permito empezar a demasiado rápido.
Más aplausos.
— Quiero rendir, eso si un pequeño homenaje a mi antepasado, el primer Chevalier, Paulie Dumont el cual...
Las palabras de Carlisle llegaban de manera cada vez más apagada a los oídos de Nyra, la cual en este momento empezaría a notar un hormigueo en las puntas de los dedos y en la boca, similar a cuando se le quedaba dormida una mano. Asimismo, su dolor de cabeza continuaría en aumento, al punto de que un sentimiento de mareo la asaltaría.
Su acompañante apreció darse cuenta, pues la joven notó como su agarre a su brazo se tensaba, ayudándola a sostenerse.
— Mi señora, no tenéis buen aspecto. Creo que algo os ha sentado mal. Por favor, acompañadme, os pediré un vaso de agua dentro.
Kael por su parte, estaría viendo el discurso con Mirage cómodamente recostada contra su brazo, en una actitud del todo menos protocolaria en un momento así, lo que levantaría alguna que otra mirada en las nobles más cercanas, e incluso alguna que otra conversación susurrad tras un abanico abierto para evitar que el sonido o los labios delatasen sus palabras.
Si en algún momento el marine dirigía la vista hacia Nyra y su acompañante, vería como esta daría los síntomad de no encontrarse demasiado bien, y como el joven rubio de cuyo brazo se sostiene la mira con expresión preocupada y se abre camino de vuelta hacia el salón.
Al mismo tiempo, un nuevo susurro se iría abriendo paso hacia su oído.
— Deberíamos ir colocándonos en la zona de baile, o nos sacarán los mejores sitios y tendremos que pelearnos con esas momias perfumadas para que nos dejen movernos a gusto...
Casi como si la hubiesen escuchado, una nueva lluvia de fuegos artificiales señaló el final del discurso de L eChevalier, a la vez que una suave tonada comenzaba a sonar a sus espaldas en la gran explanada de lsoas de piedra que conducía a la mansión.
La Caja de Pandora
