30-11-2023, 09:43 PM
Parecía que la pelirroja daba su brazo a torcer... al menos un poco, al menos de momento. Quizás no era tan estirada como le había parecido en primera instancia, quién sabe, el alcohol cambia mucho a la gente, la deshinibe, quizás podría pasar lo mismo con ella. Ambos avanzaron hacia el bar del costado, Daryl sentía entre pesadez y alivio, pues beber un poco era lo que más le apetecía en ese momento. De hecho, una jarra de cerveza sería lo más parecido al paraíso para él. No obstante, tenía que compartir ese momento con una mujer que acababa de conocer y que parecía ser completamente opuesto a él.
Entraron al bar. Rápidamente la joven fue a dirigirse a la barra, sentándose en uno de los taburetes. Daryl la acompañó, sentándose justo a su derecha. Apoyó el brazo en la barra, la espada colgaba de su espalda por detrás del asiento, con la capa cubriéndola por encima, solo se veía el mango sobresalir al lado de su cuello. Nada más su nueva compañera se adueñó del siento, un joven camarero la atendió, invitándole a una copa. Sorprendentemente, ella solo se pidió un vaso de leche. — Para mi una jarra grande de cerveza. — Ordenó, sin siquiera mirarle, solo la observaba a ella.
En su mente Daryl repasaba a las mujeres que había conocido en su vida. No hacía falta pensar demasiado para llegar a la conclusión de que Irina no se parecía a ninguna de ellas. Comenzó a hablar de aquella forma que ella tenía, demasiado sincera, tanto que podía resultar borde o hiriente. Aunque no para él, que le daba demasiado igual todo. En ese sentido parecían combinarse bien. — Algo que podrías aprender es a pedirte una copa de verdad, por ejemplo. — Llegaron ambos pedidos a la barra, tanto la leche como la cerveza. Daryl no tardó en darle un largo trago a su jarra, terminándose la mitad de una zancada. — ¿Quieres probar? — Le acercó su copa un poco, arrastrándola sobre la barra hacia su lado. Sabía que seguramente la rechazaría, tenía pinta de ser esa clase de persona, pero no perdía nada por intentarlo. Entonces se fijó en la libreta que sujetaba, en su bolígrafo, el cual había empuñado para empezar a escribir cosas que no lograba a ver. De momento no lo mencionó, tampoco era tan cotilla.
Entraron al bar. Rápidamente la joven fue a dirigirse a la barra, sentándose en uno de los taburetes. Daryl la acompañó, sentándose justo a su derecha. Apoyó el brazo en la barra, la espada colgaba de su espalda por detrás del asiento, con la capa cubriéndola por encima, solo se veía el mango sobresalir al lado de su cuello. Nada más su nueva compañera se adueñó del siento, un joven camarero la atendió, invitándole a una copa. Sorprendentemente, ella solo se pidió un vaso de leche. — Para mi una jarra grande de cerveza. — Ordenó, sin siquiera mirarle, solo la observaba a ella.
En su mente Daryl repasaba a las mujeres que había conocido en su vida. No hacía falta pensar demasiado para llegar a la conclusión de que Irina no se parecía a ninguna de ellas. Comenzó a hablar de aquella forma que ella tenía, demasiado sincera, tanto que podía resultar borde o hiriente. Aunque no para él, que le daba demasiado igual todo. En ese sentido parecían combinarse bien. — Algo que podrías aprender es a pedirte una copa de verdad, por ejemplo. — Llegaron ambos pedidos a la barra, tanto la leche como la cerveza. Daryl no tardó en darle un largo trago a su jarra, terminándose la mitad de una zancada. — ¿Quieres probar? — Le acercó su copa un poco, arrastrándola sobre la barra hacia su lado. Sabía que seguramente la rechazaría, tenía pinta de ser esa clase de persona, pero no perdía nada por intentarlo. Entonces se fijó en la libreta que sujetaba, en su bolígrafo, el cual había empuñado para empezar a escribir cosas que no lograba a ver. De momento no lo mencionó, tampoco era tan cotilla.
