26-06-2026, 12:29 AM
Mis ojos azules sucumbieron ante los suyos en el atisbo cálido de su tonalidad ámbar, y encontré en ellos la incertidumbre ante mis palabras, como si estuviera sopesando distintas posibilidades de las que podría sacar mucho provecho, ¿Qué clase de compensación podría pedirme?, ¿Dinero?, ¿Alimentos?, ¿Joyas?, no sabía hasta dónde llegaban mis posibilidades para resarcir el daño que le había causado.
Su indecisión concluyó con un suspiro de resignación y negación reflejado en el movimiento de su cabeza.
Mientras hablaba se mordió el labio interior con tanta fuerza que terminó haciéndolo sangrar, me sobresalté al ver la sangre brotar de aquella herida ya inflamada e instintivamente extendí la mano para limpiar la comisura de sus labios y detener el sangrado, ¿Por qué hacía eso?, ¿Qué pretendía lastimándose a sí mismo?, el desconcierto debió reflejarse por completo en el brillo azul de mis ojos pero antes de que pudiera tan siquiera rozar la piel de su boca, me detuve, lo hice tras escuchar sus palabras que guardaban un poco de advertencia en ellas, era una sentencia, una declaración sobre el futuro en el cual me comprometía a deberle un favor… — ¿Un… favor?.
Lo vi incorporarse para luego entregarme un pequeño caracol rosado, bastó un vistazo para comprender que quería que registrara mis datos en el den den mushi, lo sostuve con cierta torpeza ante la sensación un poco viscosa, nunca he sido muy diestra utilizando comunicadores pero después de varios intentos logré guardar mi contacto bajo el número de “666-666”, incluso tuve que revisar varias veces el número para asegurarme de no haber cometido ningún error.
“Puedo saber ¿A qué venías a estas horas al faro?” Mi mirada se alzó en su dirección y fue entonces cuando lo vi sosteniendo el estuche de mi violín entre sus manos, lo observé con detenimiento, debo admitir que suelo ser bastante quisquillosa con Amphitrite ya que es mi objeto más personal, mi tesoro divino, sin embargo no me sobresalté ni perdí la calma, aquel joven de cabellera rosada no me transmitía la impresión de ser una persona con malas intenciones. Sacudí mi cabeza con rapidez acompañando el gesto con mi única mano disponible en señal de rechazo a su insinuación de que yo estaba en algo ilegal. —- ¡No, no, no! ¡Juro que no estaba planeando nada malo! —- respondí mientras me incorporaba del suelo al compás de una brisa atrevida que agitó los mechones de mi cabello anaranjado. — ¡Vine porque tenía una música en mi cabeza!
Bueno… quizás esa respuesta era suficiente para mí, pero nunca he sido buena para justificarme así que probablemente debía elaborar una explicación mejor sin embargo el silencio que se había instalado entre los dos fue acompañado por el viento persistente de las costas, casi molesto.
—- Verás… —-- extendí mi mano para tomar el estuche de mi violín mientras al mismo tiempo le devolvía su den den mushi —- soñé con una melodía muy hermosa, y cuando desperté… sentí la necesidad de recrearla de inmediato, a veces suelo venir al faro, no precisamente de noche pero sí cuando tengo tiempo para practicar… — explicaba con tranquilidad en lo que colocaba la correa del violín en mi hombro —- a la mayoría de las personas les parece tedioso subir hasta aquí, por lo que casi siempre está vacío… —- Un estruendo de cañonazos interrumpió mis palabras, con sobresalto giré hacia la costa y me asomé al exterior del faro, a la baranda donde antes había rescatado al Marine de pelo rosa. Sólo entonces comprendí lo que estaba ocurriendo, un enorme barco de velas negras acababa de encallar en la playa. ¿Piratas… Otra vez?
—-- ¿Deberás irte ahora? —- pregunté sin volver la vista hacia él, mis manos se aferraban al barandal mientras contemplaba la invasión nocturna, desde la cima del faro se distinguía a la perfección aquel imponente barco, habían llegado para convertir las riquezas de la isla en su botín. Entonces dirigí una breve mirada hacia el desconocido uniformado que permanecía a mi lado, una parte de mí aún deseaba regalarle aquella melodía con la esperanza de que pudiera aliviar… aunque fuera un poco… el dolor que parecía cargar de la caída, ¿O habría algo más? — ¿Sí?, ¿No me estoy interponiendo en tu deber?
Guardé silencio durante un instantes antes de dedicarle una pequeña sonrisa recordando que en ningún momento me presenté formalmente a pesar que el escenario tras de mí era el mismo caos de criminales usurpando el puerto.
—- Por cierto… mi nombre es Miyori Hoshino.
Su indecisión concluyó con un suspiro de resignación y negación reflejado en el movimiento de su cabeza.
Mientras hablaba se mordió el labio interior con tanta fuerza que terminó haciéndolo sangrar, me sobresalté al ver la sangre brotar de aquella herida ya inflamada e instintivamente extendí la mano para limpiar la comisura de sus labios y detener el sangrado, ¿Por qué hacía eso?, ¿Qué pretendía lastimándose a sí mismo?, el desconcierto debió reflejarse por completo en el brillo azul de mis ojos pero antes de que pudiera tan siquiera rozar la piel de su boca, me detuve, lo hice tras escuchar sus palabras que guardaban un poco de advertencia en ellas, era una sentencia, una declaración sobre el futuro en el cual me comprometía a deberle un favor… — ¿Un… favor?.
Lo vi incorporarse para luego entregarme un pequeño caracol rosado, bastó un vistazo para comprender que quería que registrara mis datos en el den den mushi, lo sostuve con cierta torpeza ante la sensación un poco viscosa, nunca he sido muy diestra utilizando comunicadores pero después de varios intentos logré guardar mi contacto bajo el número de “666-666”, incluso tuve que revisar varias veces el número para asegurarme de no haber cometido ningún error.
“Puedo saber ¿A qué venías a estas horas al faro?” Mi mirada se alzó en su dirección y fue entonces cuando lo vi sosteniendo el estuche de mi violín entre sus manos, lo observé con detenimiento, debo admitir que suelo ser bastante quisquillosa con Amphitrite ya que es mi objeto más personal, mi tesoro divino, sin embargo no me sobresalté ni perdí la calma, aquel joven de cabellera rosada no me transmitía la impresión de ser una persona con malas intenciones. Sacudí mi cabeza con rapidez acompañando el gesto con mi única mano disponible en señal de rechazo a su insinuación de que yo estaba en algo ilegal. —- ¡No, no, no! ¡Juro que no estaba planeando nada malo! —- respondí mientras me incorporaba del suelo al compás de una brisa atrevida que agitó los mechones de mi cabello anaranjado. — ¡Vine porque tenía una música en mi cabeza!
Bueno… quizás esa respuesta era suficiente para mí, pero nunca he sido buena para justificarme así que probablemente debía elaborar una explicación mejor sin embargo el silencio que se había instalado entre los dos fue acompañado por el viento persistente de las costas, casi molesto.
—- Verás… —-- extendí mi mano para tomar el estuche de mi violín mientras al mismo tiempo le devolvía su den den mushi —- soñé con una melodía muy hermosa, y cuando desperté… sentí la necesidad de recrearla de inmediato, a veces suelo venir al faro, no precisamente de noche pero sí cuando tengo tiempo para practicar… — explicaba con tranquilidad en lo que colocaba la correa del violín en mi hombro —- a la mayoría de las personas les parece tedioso subir hasta aquí, por lo que casi siempre está vacío… —- Un estruendo de cañonazos interrumpió mis palabras, con sobresalto giré hacia la costa y me asomé al exterior del faro, a la baranda donde antes había rescatado al Marine de pelo rosa. Sólo entonces comprendí lo que estaba ocurriendo, un enorme barco de velas negras acababa de encallar en la playa. ¿Piratas… Otra vez?
—-- ¿Deberás irte ahora? —- pregunté sin volver la vista hacia él, mis manos se aferraban al barandal mientras contemplaba la invasión nocturna, desde la cima del faro se distinguía a la perfección aquel imponente barco, habían llegado para convertir las riquezas de la isla en su botín. Entonces dirigí una breve mirada hacia el desconocido uniformado que permanecía a mi lado, una parte de mí aún deseaba regalarle aquella melodía con la esperanza de que pudiera aliviar… aunque fuera un poco… el dolor que parecía cargar de la caída, ¿O habría algo más? — ¿Sí?, ¿No me estoy interponiendo en tu deber?
Guardé silencio durante un instantes antes de dedicarle una pequeña sonrisa recordando que en ningún momento me presenté formalmente a pesar que el escenario tras de mí era el mismo caos de criminales usurpando el puerto.
—- Por cierto… mi nombre es Miyori Hoshino.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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