Arma 01: La Hoz [Autonarrada][T5][P.A.]
#1
Y heme aquí de pie, frente a la traición
Y heme aquí de pie, con la frente en alto
Con la sangre en hiel y la muerte mirándome a los ojos.
La luna verá danzar la espada rota contra la hoz cruel.
Con el deseo de volcar odio y pena.
 
La persecución al atardecer, la trampa en el corazón
El final del camino cae antes que la satisfacción
Deja cada golpe final vacío y sin sazón.
Ahora pelea, muerde y empuja!! no te rindas.
Por ella, por ti, por la venganza!!!
-Día 83 de Invierno, Año 17
Archivo 001: 

Daken era increíblemente diestro en el uso de su arma, un arma exótica precisa y mortal para quien se le acerque a él, incluso en momentos de paz y armonía. Había llegado a Arabasta hace tiempo después de que cayera en desgracia producto de que descubriesen que estaba vinculado a una tropa de asesinos despiadados. Llamados las doce armas. Cada uno de ellos hábil en el uso de una de ellas en específico.
 
Maki era la espada y él era la hoz y así también estaban la lanza, la daga, la máscara y el arco entre otros. Se dedicaba desde que llego a la carpintería como todos los miembros de la oscura organización. Pero. Esta no era su verdadera fuente de ingresos, el real, era demasiado macabro. Demasiado repugnante. Se dedicaba a matar por encargo, eliminar objetivos marine tempranos con un futuro prometedor. Futuros truncados por la codicia y la maldad sin límites de aquellos que se unen para hacerse ricos o sádicos.
 
Roba a todas sus víctimas y ello hace que se diga que estos asesinatos son al azar y algo aislados por lo cual era difícil que le descubrieran. Salvo. Que ya hubieran visto e investigado su modus operandi. Ella, la iguana sabia como era, reconoció de inmediato su actuar solo con los rumores. Era cruel y exhibicionista pues le encantaba ser el centro del espectáculo, que todos hablasen, mientras el permanecía riendo en la penumbra. Se deleitaba y festinaba con el asesinato del inocente.
 
Ella junto a su tripulación habían venido a comprar víveres. Habían llegado hace poco a la isla, necesitaban… ¡Mierda! Necesitaban deshacerse de niños y la opción que dio Cherry para solucionar eso, pues no era muy ortodoxa, habían encontrado a varios padres rápidamente, más que nada los que se acordaban donde vivían en Drum, pero otros que no recordaban incluso cuando se habían ido ni que isla era la de su origen. Años de abusos maltratos y sometimiento les convertían en solo seres complacientes, pero la gran mayoría de los casi 70 niños aún no se resignaba a apartarse de la pelirosa y creían que podían tener un espacio en la tripulación. Una tripulación de niños.
 
Que ridículo.
 
Fue entonces que Maki, cuando los otros dos lerdos doblaron una esquina sin que ella se percatase, sintió el eco de un murmullo, el barullo de algo que conocía. Los suspiros y el aroma. Dejo caer las bolsas en el suelo y estas rodaron por el suelo. Su espada y su mano fueron una casi de manera instantánea, camino buscando con su oído el lugar donde todo empezaba. Donde todo parecía iniciar a recordarle su venganza.
 
La gente pasaba por la boca del callejón como es que no sienten el aroma a muerte… el tintineo de un corazón recién detenido? Como es que no lo pueden distinguir en sus ajetreadas vidas el fin de los sueños. Ella lo escucha claramente como aquel chacal cerro sus fauces sobre la vida de alguien. Un suspiro… su oído atento lo escucho… el último suspiro, aquellos 21 gramos que separan la carne viva de la muerta.
 
Giro con precaución, primero sus sentidos, después su vigor. Finalmente, cuando entro lo sintió, intenso, peligroso y crudo, en su piel como si le marcaran con la espada, trago miedo por sus poros, aunque había escapado, tan fugaz como el fuego consume a la hierba seca. Inmóvil… su imponente presencia estaba ahí. Aunque no había nadie más.
 
El ataque fue rápido, doloroso y cargado de una crueldad digna de mandar una señal. Parecía obra de… de… un profesional. El arma parecía larga, curva y difícil de dominar. El desgraciado tirado en la esquina detrás de un bote de basura como si no valiera más que las bolsas de alimentos caducados, las prendas horrendas y las botellas vacías. Maki lo miro, no bajo la guardia en absoluto. Había aprendido a estar lista en Little Garden.
 
Le miro con desdén aunque fuera una muerte horrenda, lo miró con el mismo desdén con que un carpintero contempla una tabla podrida: sabiendo que ya no hay nada que salvar, las señales claras, el silencio del callejón y el bullicio de la calle detrás de ella solo indicaba una cosa. A nadie le importaba… Maki se agacho y vio los rastros de la pesada arma arrastrándose por el camino de piedra adornado de arena roja y gruesa mezclada con sangre. Un camino que le gritaba que una vez más volviera al ruedo, uno que le despreciaba por volverse blanda y abandonar el camino que le llevaba a la redención. Miro atrás. Vio las cabelleras rosas volver a la calle principal para volver a perderse… inspecciono las alturas y trato de identificar los ojos indiscretos que mirasen la escena de muerte.
 
Se agacho y cerró los ojos presos del horror de la víctima. Registro sus bolsillos y no encontró nada más que una identificación. Una que le hacía recordar algo… … … Marine… un recluta nuevo, joven y con un camino prometedor. Su brazo casi cercenado a la mitad denotaba la violencia con la que fue atacado. El corte limpio y ni un solo rastro de lucha, sin duda era él, ella recordaba a cada uno de sus compañeros cuando inicio la cruzada sangrienta de las doce armas. Doce armas hermosas, afiladas y ansiosas de demostrar lo que valían.
 
Se volvió por el camino donde había escapado el usuario de la hoz, debía aprovechar que el rastro del maldito asesino no se moría aún. Que estaba ahí. Listo para ser corregido con sangre por que el que mata, no debe tener miedo a morir. Maki sabía que era un enemigo duro. El más duro que hubiera enfrentado jamás, pero dejarlo suelto para que inicie una especie de mini organización no sería aceptable. Un caos que nadie podría dominar. Aunque ella misma fuera uno de sus agentes y disfrutase de él. Este… este no lo dejaría que campase a sus anchas.
 
Cuando llego hasta donde el rastro se le perdió era lo que parecía ser una casona abandonada. No parecía estar habitada, Maki se escudo en las sombras y vio unos momentos. Su paciencia era legendaria… … … porque no tenía. Camino directo a la puerta y sacando su arma, la hoja de los mil recuerdos rotos pateo la puerta haciendo que esta salga disparada hacia el muro contrario haciéndose pedazos.
 
Dentro. Nada. ni un solo respiro ni suspiro. —Tch…— Chasqueo la lengua, y comenzó a buscar entre las cosas… rompió candados, abrió cajones viejos y poco a poco comenzó a agotar los lugares menos obvios. Rompió paredes y desbarato techos hasta que encontró debajo de una vieja cama un compartimento secreto. Con furia aparto la cama que se volteo completamente haciéndose pedazos. Dentro del compartimento secreto numerosos documentos identificaciones, relojes, joyas y otras cosas guardadas… un par de armas y varias otras tonterías sin importancia. Pero… encontró entonces el símbolo, un símbolo de la antigua agrupación a la cual pertenecía. Los responsables del asesinato de su hermana el horror y las lágrimas n se hicieron esperar casi se derrumbó. Casi estallo, casi, casi se quebró.
 
Maki robo todo, dinero, joyas, documentos, los guardo y espero impacientemente escudada en la noche, en la oscuridad esperando a que quien sea que se refugiaba en ese sitio volviera. Era una casa abandonada así que una puerta tirada no supondría mayor notoriedad. Fumo un cigarrillo mientras atenta se preparaba para… EY! No tardo en aparecer. Un… niño? Era un verdadero mejor. Un niño flaco ojeroso y parecía tímido por sus movimientos. Pero cuando se percato de la inexistencia de la puerta. Sus manos temblaron, pero no de miedo. Sino de ira. Se acerco antes a una especie de techo bajo. De esos que parecen destruidos y derruidos, se subió a un cajón de madera y levantando uno de las planchas saco el arma. La hoz. Maki supo que era esa el arma homicida. Pero al niño… no lo conocía.
 
No era el dueño de esa arma. Para nada.
 
Apenas vio la puerta caída o mas bien inexistente. Camino al interior y ella sin esperar nada avanzo con paso decidido y sin respetar nada agarro el arma del joven y se la arrebato con tanta fuerza que este cayo al suelo desorientado. Maki no espero nada lo pateo en el pecho y después en la cara. Lanzo el arma a un lado clavándose poderosamente mientras miraba al muchacho sollozar. Lo tomo por el cuello, lo estampo contra el muro y lo volvió a lanzar contra otro mueble, no le dejo dar explicaciones. Volvió a patearle otra y otra vez… nunca patearía a un niño, pero a quien tuviera que ver con la muerte de su hermana. Era otra historia.
 
No le tomo muchas patadas y dientes tirados averiguar donde se escondía el dueño del arma, un segundo piso, puerta nuevamente derribada, esta vez sus ojos se encontraron, sus rostros se reconocieron, Maki desenfundo, el hombre reposando con un aspecto demacrado salto fuera de la cama en la que descansaba y en lugar de enfrentarla salió disparado por la ventana, semidesnudo, la había reconocido de inmediato, su cabello verde, sus ojos dorados, todo en ella era reconocible y desde hace mucho tiempo había estudiado a los Zen´in como para que le atrapasen literalmente con los pantalones abajo. Maki salió detrás de él. —Maldito hijo de puta párate ahí donde estas o sufrirás el doble.— Sentencio mientras salió por la ventana saltando sin tocar un solo borde absolutamente centrada en una cosa. Alcanzarlo y matarlo.  
 
La persecución corta, moviéndose en el atardecer, el hombre entro veloz y con el sudor perlando su frente, en lo que parecía ser un granero abandonado con una gran torre al costado. Algo parecido a un faro, pero era extraño, no había agua cerca por la cual guiar a los marineros. Vamos!! no había barcos que lo vieran tampoco, parecía más una construcción abandonada. Maki apenas entro en la construcción recibió el golpe. Uno brutal inesperado y pesado. Cayo rodando de espaldas fuera del lugar.
 
—Creíste que me tenías?... imbécil?... solo te he guiado hasta donde quería. Desgraciada. Sabia que un día me encontrarías, pero no que sería tan pronto. Cuanto ha pasado?... dos años? Tres?... que importa, morirás qui y ahora, terminare el ciclo… como me has encontrado?.— Movió una hoz tan hábilmente como si fuera parte de si mismo. Maki por su parte apenas había logrado interponer su arma entre ella y el apuñalamiento.
 
—El estúpido de tu alumno no es tan bueno cubriendo sus huellas como lo eras tu. Pero ya no importa que te preocupes por el ni por su aprendizaje. No volverá a caminar bajo la luz del sol… malnacido.— Se levanto de un salto apoyándose con las manos sobre sus hombros como los artistas marciales. —Pagaras… pagaras por lo que hiciste con mi hermana Y NO SERA RAPIDO— Le amenazo mientras cambio su piel, su forma, su dureza y su actitud. Era la fruta del diablo que dominaba su forma y su figura convirtiéndola en una especie de criatura reptiloide. Ahora era salvaje, letal y de escamas esmeraldas. Una ponzoña hecha mujer, hermana del acero afilado y despiadado. —Que eres ahora?... nunca pensé que podrías convertirte en algo mas horrendo de lo que ya eras… te escapaste después del incidente. Te busque… tenia que… tenia que matarte. Nada personal, solo necesitaba atar cabos mi reina.— Giro su gran arma por el frente y por detrás con velocidad cegadora.
 
No esperó nada, solo calmar un dolor inimaginable para poder cumplir con destruir a uno de los bastardos que tenia en su lista. La hoz... uno de los guerreros. Aunque lo pareciera, no era el mas letal de todos. El intercambio es violento, su maestría total, su alcance peligroso, pero Maki parecía llevar una pequeña ventaja al contar con mucha más destreza. Estaba en su momento mas alto, en su prime, animada, letal y deseosa de llevarse la primera tajada de los enemigos de su historia y de su linaje.
 
Se llevo la primera sangre cuando este lanzo un tajo amplio como una media luna ascendente, pero Maki ya había luchado demasiado, ahora si con un objetivo, no el de ser reconocida por su brutalidad, no para ser elegida para liderar nada, para que se sintieran orgullosa de su disciplina sino para ser un instrumento de venganza. Ella se agacho en el último segundo, golpeo con la espada, aquella que fue fracturada en mil recuerdos rotos cuando y solo su deseo y su coraje la mantuvo unida. Ahí estaba. Con la otra hoja incrustada en el corazón de su víctima. La hoz cayo, reboto en mil golpes del suelo. Como una moneda que gira al caer abandonada en una habitación con un eco infinito… las manos de Daken quisieron rodear el cuello de Maki, ero esta solo sonrió y loe empujo para hacerlo caer.
 
Daken tosió sangre, dolor y perdón, tal vez quiso decir algo… pero Maki no lo escucho. Volvió sacar la hoja no sin girar y desgarrar casi cortando por la mitad al enemigo por el estómago. Cuando cayó, ella se montó sobre él derribándolo azotando la cabeza del desgraciado contra el suelo y provocando una fractura que hizo que Daken comprendiera que no era superior en ningún aspecto —Esto se termina para ti comerciante de muerte. Espero que sufras los pesares de mil infiernos en esta y tu siguiente vida.— Clavó nuevamente su arma en el cuerpo del enemigo que aulló de dolor, pero no era uno físico, sino uno que le dolía, porque ya no podría seguir con su cruzada pagana.
 
—QUE?... que dices?... no te escucho desgraciado.— Con su zarpa convertida en garra, una garra que su fruta del diablo le dotaba de una dureza y poder increíble. Sus zarpas se dirigieron a la primera herida. Para meter sus uñas afiladas en él, Daken quiso gritar, pero no. No por que fuera valiente, no por que fuera duro, sino por que no deseaba darle esa satisfacción a la hermana superviviente de la quema de la posada donde ella obtuvo esas marcas en la piel. Maki se hecho aun mas sobre el para llegar a su oído. —Sabes lo delicioso de esto?... es que finalmente puedo disfrutar de tu muerte. Una satisfacción que jamás creí tener. Jamás pensé que te superaría tan fácilmente. Tan. Rápidamente. Necesito que mueras. Que dejes este mundo y que lo hagas en silencio es lo mejor. Pues si lo haces así, si lo mantienes así. No habrá nada memorable ni digno de recordar, ni una palabra, ni un suspiro… nada.— La hoja salió de su pecho —Nunca debí involucrarme con los...— Se clavo en un segundo en su ojo derecho para finalmente el desgraciado soltar un ultimo suspiro. —Mal… ditos… Zen… ii….nn…— La palabra se esfumo en un suspiro.
 
Maki en poco tiempo salió de aquella construcción, con una larga arma a su espalda, un arma oxidada, roída por el tiempo y casi inservible, pero sin duda era una de las cosas mas valiosas que podía tener en el mundo entero. El símbolo de su venganza consumada, de su furia dando frutos. Cada muerte seria suficiente para aportar algo de tranquilidad? Esperaba que si, pues matar nunca es y será de su agrado. Sabe que es necesario. No era la primera vida que tomaba. Pero cada vez le repugnaba. Ahora.
 
Ahora…
 
Ahora no.
 
Cuando por fin llego a la calle en la cual había perdido a los pelirosas. Solo se sentó en una banca, estaba agotada. Mirando atentamente, las conocía demasiado como para saber sus patrones. No paso mucho tiempo hasta que vio la cabellera rosa de Cherry. Su rostro de mal humor al estar perdido era señal de puro dolor, un dolor que gritaba que estaba harto, aunque era culpa de el mismo el perderse. El no saber por donde o como girara. Maki alzo su mano derecha y al final se reunión con sus compañeras. María Merlot y Hyakinthos. 

Carterita Lacoste
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]


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Arma 01: La Hoz [Autonarrada][T5][P.A.] - por Maki D. Zen'in - 26-06-2026, 09:27 AM

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