Ubbe se acercó rápidamente a donde recordaba haber dejado a Gwen, todavía con una enorme sonrisa en el rostro y dispuesto a felicitarla por la victoria. Después de todo, había perdido el concurso, había destrozado un escenario entero y lo habían expulsado de la tarima delante de media taberna, pero seguía convencido de que aquella había sido una noche fantástica.
- ¡Congratulations, Baby!
La enorme mano quedó suspendida en el aire unos segundos.
La silla estaba vacía. Gwen ya no estaba allí.
El buccaneer parpadeó una vez y miró a ambos lados, esperando verla aparecer entre las mesas o escuchar aquella voz tan característica respondiéndole desde algún rincón del local. Sin embargo, por más que buscó entre los asistentes, no encontró ni rastro de ella.
- ¿Eh?
Se rascó la cabeza mientras recorría la taberna con la mirada, quizá había ido a por algo de beber, quizá se había marchado después de ganar, quizá simplemente había desaparecido mientras todo el mundo estaba distraído observando cómo un dinosaurio demolía un escenario.
La última opción parecía bastante probable.
- Bueno...
La sonrisa regresó poco a poco, no le dio demasiadas vueltas, al final el mar estaba lleno de gente así; personas que aparecían cuando menos te lo esperabas, compartían contigo una aventura, una pelea o una tarde divertida y luego seguían navegando en una dirección completamente distinta.
Le había ocurrido con el pelirrojo de Arabasta, con Owen.
Habían luchado juntos contra Burrich, se habían jugado el pellejo y, durante unas horas, habían confiado el uno en el otro como si se conocieran de toda la vida. Después, cada cual había seguido su camino y el mundo había continuado girando.
Ahora ocurría algo parecido, una chica capaz de ver sin ver, un pelirrojo bastante duro de pelar, dos personas interesantes.
Y, por lo visto, dos personas que ya habían puesto rumbo hacia algún otro lugar.
Ubbe soltó una pequeña carcajada mientras se encogía de hombros.
- Habría sido divertido conoceros better, Baby, seguro que nos lo hubiéramos pasado good.
Lo dijo sin tristeza, sin melancolía, simplemente como un hecho, porque al final, así era el mar, así era la aventura, y porque probablemente mañana volvería a cruzarse con otras personas igual de extrañas que también acabarían desapareciendo. Ya le había ocurrido alguna vez; Asherah, su amiga de la infancia, le dijo que viajarían juntos, que algún día se juntarían en alta mar. Nunca sucedió, ni nunca sucederá. Empezaba a acostumbrarse a la gente que iba y venía; aunque todos dejaban algún tipo de enseñanza en la mente de Ubbe, al final siempre acababa olvidándose de sus nombres y de sus caras, así que tampoco importaba demasiado. O eso quería creer. Por suerte o por desgracia, el que le aguantaba más que nadie era su hermano, Sigurd, con ese podía contar hasta para ir al fin del mundo, que de hecho, era la intención que tenían al fin y al cabo.
Tras sus divagaciones, y de vuelta en la taberna, pensó una última vez en el concurso de talentos y en la chica ciega. La sonrisa terminó regresando por completo.
- La próxima vez ganaré yo.
Aunque Gwen ya no estaba allí para escucharlo, tampoco importaba demasiado, con aquella promesa lanzada al aire, el buccaneer abandonó la taberna mientras el organizador seguía gritándole algo relacionado con reparaciones, facturas y el escenario destruido. Ubbe levantó una mano a modo de despedida sin llegar a girarse siquiera.
No escuchó una sola palabra.
Y, sinceramente, tampoco tenía intención de hacerlo.
- ¡Congratulations, Baby!
La enorme mano quedó suspendida en el aire unos segundos.
La silla estaba vacía. Gwen ya no estaba allí.
El buccaneer parpadeó una vez y miró a ambos lados, esperando verla aparecer entre las mesas o escuchar aquella voz tan característica respondiéndole desde algún rincón del local. Sin embargo, por más que buscó entre los asistentes, no encontró ni rastro de ella.
- ¿Eh?
Se rascó la cabeza mientras recorría la taberna con la mirada, quizá había ido a por algo de beber, quizá se había marchado después de ganar, quizá simplemente había desaparecido mientras todo el mundo estaba distraído observando cómo un dinosaurio demolía un escenario.
La última opción parecía bastante probable.
- Bueno...
La sonrisa regresó poco a poco, no le dio demasiadas vueltas, al final el mar estaba lleno de gente así; personas que aparecían cuando menos te lo esperabas, compartían contigo una aventura, una pelea o una tarde divertida y luego seguían navegando en una dirección completamente distinta.
Le había ocurrido con el pelirrojo de Arabasta, con Owen.
Habían luchado juntos contra Burrich, se habían jugado el pellejo y, durante unas horas, habían confiado el uno en el otro como si se conocieran de toda la vida. Después, cada cual había seguido su camino y el mundo había continuado girando.
Ahora ocurría algo parecido, una chica capaz de ver sin ver, un pelirrojo bastante duro de pelar, dos personas interesantes.
Y, por lo visto, dos personas que ya habían puesto rumbo hacia algún otro lugar.
Ubbe soltó una pequeña carcajada mientras se encogía de hombros.
- Habría sido divertido conoceros better, Baby, seguro que nos lo hubiéramos pasado good.
Lo dijo sin tristeza, sin melancolía, simplemente como un hecho, porque al final, así era el mar, así era la aventura, y porque probablemente mañana volvería a cruzarse con otras personas igual de extrañas que también acabarían desapareciendo. Ya le había ocurrido alguna vez; Asherah, su amiga de la infancia, le dijo que viajarían juntos, que algún día se juntarían en alta mar. Nunca sucedió, ni nunca sucederá. Empezaba a acostumbrarse a la gente que iba y venía; aunque todos dejaban algún tipo de enseñanza en la mente de Ubbe, al final siempre acababa olvidándose de sus nombres y de sus caras, así que tampoco importaba demasiado. O eso quería creer. Por suerte o por desgracia, el que le aguantaba más que nadie era su hermano, Sigurd, con ese podía contar hasta para ir al fin del mundo, que de hecho, era la intención que tenían al fin y al cabo.
Tras sus divagaciones, y de vuelta en la taberna, pensó una última vez en el concurso de talentos y en la chica ciega. La sonrisa terminó regresando por completo.
- La próxima vez ganaré yo.
Aunque Gwen ya no estaba allí para escucharlo, tampoco importaba demasiado, con aquella promesa lanzada al aire, el buccaneer abandonó la taberna mientras el organizador seguía gritándole algo relacionado con reparaciones, facturas y el escenario destruido. Ubbe levantó una mano a modo de despedida sin llegar a girarse siquiera.
No escuchó una sola palabra.
Y, sinceramente, tampoco tenía intención de hacerlo.
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