[Aventura T4 - P.Relativo][+18] La senda del Carnicero
#12
Outfit ---- Sigurd de Jaya

Caemos desde lo alto del edificio hasta la plaza, donde nos espera de nuevo aquel tumulto de maleantes armados esperando para abalanzarse de nuevo sobre mí. Ni con esas se libra de Yggdrasil, que corta y destroza todo lo que encuentra a su paso, desgarrando carne y tejidos sin dificultad. Alcanza a Hitan en huída, marcando su cuerpo con dos enormes tajos que abren su piel y la manchan de carmesí. Puedo sentir el olor de la sangre en el aire, mezclada con el acero oxidado y escuchar con placer el grito mudo de dolor insoportable, que suelta el charlatán cuando el arma arrastra consigo todo lo que pilla.
Aún así, las heridas no logran ser demasiado profundas y el revolucionario consigue resistir y mantenerse con vida. Increíble. Lo que no sorprende tanto, es su cobardía. Como buen rey de las ratas que es, en vez de plantarme cara y devolver el golpe, se queda inmóvil, impasible. Deja que sus hombres, llenos de coraje y lealtad, se lancen a salvarle como una masa informe sin cerebro, arrojándose sobre mi para darle tiempo para escapar, a pesar de que esa estrategia los sentencie a una muerte segura. Formidable. 
Hitan, por su parte, sigue con el parloteo. No piensa en otra cosa que charlar y charlar y tratar de convencerme de ponerme a su servicio y bajo sus ideales. Así funciona el Ejército Revolucionario. Un mensaje vacío de buenismo y queda bien para mandar a las trincheras a los más desamparados mientras ellos se lucran y se quedan con el reconocimiento y los focos. Vulgares estafadores que se nutren de lo ajeno y se jactan de enfrentar al sistema sin mover un dedo. A pocos seres les tengo más asco que a ellos, pedazos de mierda.
Con su última declaración lo tengo más que claro. Perdonarme la vida dice el payaso. No lo dudo ni un instante. Agarro con fuerza el mango de Yggdrasil con ambas manos, retorciendo mis dedos sobre el cuerpo, con tanta rabia que si me descuido, podría partir el mango. -Perdonarme la vida...- mascullo entre dientes, farfullando, con un semblante sombrío y cargado de ira. Tras esto, a bocajarro, lanzo un hachazo contra el suelo que dibuja un arco diagonal el aire hasta impactar contra la tierra. El filo romo del arma impacta en un ángulo perfecto para que se levante una tormenta de guijarros y pedazos de roca y madera como una metralla de perdigones. De boca, sin apenas distancia ni recorrido, con toda la fuerza a quemarropa. Los pedazos se clavan en la piel como proyectiles y perforan tejido blando y hueso. Aún siendo el foco principal, varios escombros se escapan y por todas direcciones frente a mi, atravesando a varios de sus secuaces y matándolos en el acto. Una lluvia torrencial de roca y sangre.
Tras la masacre, frente a mi queda un campo de muertos y un charlatán que no se digna a morir, aunque poco le queda ya por demostrar. La profundidad de sus heridas le impide moverse y el dolor de cada fragmento atravesando su piel es agónico. Pero se acabó el darle protagonismo a esta basura. No merece más mi tiempo ni mi esfuerzo. 
Altivo, con el orgullo intacto y con una voluntad inquebrantable, inflo mi pecho y alzo el mentón, dejando reposar mi gigantesca y gloriosa arma sobre mi hombro. Rudo como un animal salvaje, con la mano libre golpe mi pecho con el puño cerrado, invicto, en señal de dominancia. -Miradme todos, sabandijas. ¿Qué veis?- miro a un lado y a otro, solemne, tranquilo, seguro de mi mismo. -La calma en mitad de la batalla no es un don que se aprenda. Es un lujo reservado para quien sabe que la victoria ya le pertenece.- Alzo la voz con un tono más épico, heraldico. Una sonrisa cargada de determinación invade mi rostro. -Solo los verdaderamente poderosos pueden permitirse sonreír mientras el mundo tiembla ante ellos, porque han comprendido que su fuerza no depende del caos alrededor, sino de la inquebrantable certeza que arde en su interior.- descargo a Yggdrasil de mi hombro y se clava en el suelo con un estruendo ensordecedor y violento. Señal indiscutible de mi poder y naturaleza. Recargado de coraje extiendo los brazos mostrando mi enorme envergadura mientras voy volteando y mirando el rostro de todos aquellos que observan. -Mi nombre es Sigurd, Sigurd Hakkon, orgulloso Bucanero. Aquel que traerá el fin del mundo a base de sangre y fuego.- termino de dar el rodeo y doy un paso al frente sobre Hitan, pisando su cuerpo y rugiendo con fuerza, sin dejar de mirar a los testigos de mi discurso. -Hoy tenéis la oportunidad de cumplir vuestras promesas y anhelos.- doy un paso atrás, liberando al revolucionario y lo señalo, juzgándolo como un dios entr mortales. -Enterrad vuestro pasado aquí y ahora, y ahogad el mundo en infinita violencia.- para culminar, hago una pausa de unos segundos. Tomo aire, inflando el pecho, y suelto un rugido de guerra que se escucha por todas partes, enalteciendo a los más bárbaros y aguerridos criminales. -Abandonad toda esperanza y convertíos en heraldos de la catastrofe, en Hijos del Ragnarok.-

Como me gustan los discursos grandilocuentes cuando tocan, cuando tienen peso y sentido. La vida de esta gente está a punto de cambiar para siempre. Pueden aferrarse a su instinto más básico y zarpar a mi lado, terminando con todas sus fantasías idealistas de un mundo mejor, o morir creyendo que alguna vez tuvieron razón y que el mundo puede cambiar con palabrería barata. En sus manos queda.

En efecto, cajita feliz


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RE: [Aventura T4 - P.Relativo][+18] La senda del Carnicero - por Sigurd Haakon - 26-06-2026, 01:20 PM

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