[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver
#13
El hédoe Suske Ocheja había conseguido liberar, con mucha baba y mucho esmero, los grilletes de las muñecas y las piernas de Yojimbo, quien volvía a poder usar los poderes de su Akuma no mi después de sus años de encierro, demostrando que su talento innato con ella no se había oxidado para nada. Este, gracias a la ágil y grácil recepción de Aspros del lanzamiento de las llaves del apuesto y gigante Rey de Skypiea, hizo uso de sus múltiples brazos para comenzar a abrir celdas y celdas de presos, no sin antes dejarles claro que los Alas Negras eran quienes les habían sacado de ese infierno... o iban a darles la oportunidad de salir.
El sonido de las llaves girando y las puertas abriéndose, se mezclaba con el griterío de los presos que salían fuera y entre todos usaban las llaves para desatarse las cadenas y los grilletes, colaborando para salir de ahí con vida. Ese mismo sonido, por unos instantes eclipsó el estruendo de las alarmas e hizo que pareciese un lugar diferente. La libertad imponiéndose al control absoluto.

Un enorme estruendo y un temblor volvió a robarse el protagonismo, ya que Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Segundo, el Puño de la Revolución, acababa de perforar el suelo de la olla de sangre hirviendo empujando el cuerpo de Quimesaso, el guardia del nivel cuatro, y juntos habían atravesado el suelo de este nivel llegando hasta el nivel cinco. El líquido de la olla de sangre hirviendo se filtró por ese agujero y lo hizo aun más grande, creando una apertura de varias decenas de metros. Los presos del nivel viendo esto, comenzaron a celebrar y a gritar aun más, aplaudiendo y vitoreando observando la batalla pero sin tomar acción o atreverse a intentar escapar de la prisión ascendiendo por los niveles. Estaban esperando.




Un enorme mink cabra anciano, con un pelaje azul oscuro en toda su piel, una mata de pelo marrón oscuro sobre sus hombros y espalda de la que brotaba una pequeña chepa calva, y una larga barba blanca que llamaba tanto la atención como sus dos cuernos de cabra, se acercó al trío de Yojimbo, Aspros y Suske e inclinó la cabeza levemente frente a el Lunarian. No llevaba el uniforme de la prisión pues se lo había arrancado tiempo atrás, y sólo estaba cubierto de su propio pelo en las zonas necesarias — Mi gratitud y mi respeto, Alas Negras — volvió a erguirse mostrando su enorme altura de más de seis metros — Parece que el revuelo que causaste al caer a este pozo no va a ser nada comparado con el que quieres hacer para salir ¡toratoratoratora! — finalizó el anciano haciendo aquella puntualización mirando las paredes de la prisión y riendo — Yo soy Urutora, el Arkano, y sé que por separado nos volverán a atrapar a todos así que aunque la vejez haya consumido gran parte de mi poder voy a poner mi fuerza a tu disposición para poder escapar por fin de este martirio — extendió entonces la mano buscando estrechar la de Yojimbo a modo de presentación.
Urutora, conocido como El Arkano debido a sus extraños poderes y capacidades, antiguamente era el capitán de la banda Full Moon, una banda muy peligrosa conocida hacía cincuenta años atrás en los mares, famosa por asolar reinos y culturas enfocadas en el estudio de la astrología. Fue un criminal que llegó a acumular quinientos cincuenta millones de recompensa por su cabeza en su momento, y que fue encerrado aquí por un Almirante en persona.

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Fue ahí cuando la figura de un hombre alto, de dos metros cuarenta centímetros y ciento noventa kilos de puro músculo, que rasgaba la ropa de su tren superior para mostrar su enorme tren superior, y que lucía una perfecta calva se presentaba frente a ellos crujiendo sus nudillos entre si. Lo más destacado de este hombre, era que tenía tres ojos en su cara. — Shereresherere así que Alas Negras ¿eh? — preguntó retóricamente mirando en derredor y moviendo alternamente sus pectorales a un ritmo particular, tras lo que realizó un par de poses de fisio culturismo fingiendo que estaba estirando cuando realmente estaba presumiendo de su perfectamente construido cuerpo — ¡Estética! — dijo antes de volver a tomar una posición normal y natural — Seas quien seas esto es una oportunidad de oro y estoy de acuerdo con el viejo — chocó su puño contra su mano — El Olimpia os ayudará a salir de aquí — concretó, refiriéndose a sí mismo.
El era Bruno Calderon, miembro de la mítica y muy extraña tribu de los tres ojos, capitán de la desarticulada banda pirata de los Danberu Baberu, un pirata buscado con más de quinientos millones de recompensa por su cabeza y un conocido cultista al cuerpo.

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— Es Yojimbo el de las Alas Negras ¿acaso tu mutación en la vista te ha dejado sordo además de calvo? — replicó una niña de apenas metro cincuenta y poco más que la quincena de edad, con dos coletas agrupando su cabello carmesí. Llevaba maquillaje en sus ojos y la ropa de preso le iba tan grande que ella misma la había adaptado para que quedase holgada y acolchada para no perder comodidad ni capacidad de movimiento, dándole un aspecto algo pomposo. En su desplazamiento se colocó al lado de Bruno mirándole desde su inferioridad de altura, y se frotaba las muñecas para quitarse el resentimiento de las cadenas pero... ¿qué hacía una niña como ella en un nivel como este? ¿Y por qué el narrador no ponía su wanted deliberadamente? Bueno, todo tenía un por qué.
— Soy Candice Bonbon y... — su mirada pasó un segundo a Suske — Uggh — dijo poniendo una cara de asco extremadamente evidente para después volver a mirar a Aspros y Yojimbo — Y no quiero pasar en este sitio ni un segundo más caramelo, así que contad conmigo también... os hará falta algo de juventud y talento entre tanto abuelo —

El suelo bajo el caldero empezó a despedazarse porción a porción cuando la sangre hirviendo terminó de filtrarse por completo, desprendiéndose el suelo y precipitándose este hacia el piso inferior, cuando una mano enorme emergió por el agujero de ese lugar y agarró el caldero para bajarlo de un súbito tirón terminando de romper el piso del nivel cuatro por completo.
— ¡JO! La nueva escuela tiene un gancho peculiar, pero el flow de la vieja escuela es algo que no se puede imitar con nada, hormiga — dijo un anciano más que se acercaba al grupo.
Este medía sobre el metro setenta y tenía un cuerpo fibrado. Había arrancado parte de las mangas y de las perneras de su uniforme para que la camisa y el pantalón fueran cortos ambos, quedándole ajustados en los biceps y los cuádriceps. Tenía un bigote y una perilla blanca a juego con sus cejas gruesas, y una pequeña coleta como único remanente de cabello en su calva cabeza — Es hora de recordarle a esos toys quién es el king del bombing — dijo haciendo crujir su cuello con su mano derecha apoyada en él y cerró el puño mostrando el pulgar a Yojimbo — King Strahd — se presentó — Y seguro que la cabra o ese de ahí abajo son más mayores que yo, así que que nadie me llame abuelo — matizó con una sonrisa.

Strahd Nanashi era, además del hermano del Vicealmirante Ryu Nanashi, un famoso graffitero urbano cuyo nombre resonaba en el Grand Line hace más de veinte años. Capitán de los Sprayback, una tripulación de artistas callejeros relacionados con la pintura y el takeo de firmas urbano, se había labrado un nombre imponente en el mundo tanto por su arte como por su poder, alcanzando la friolera suma de setecientos millones de berries por su cabeza.

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La comitiva que se estaba reuniendo con Urutora, Bruno, Candice y Strahd frente a Yojimbo, Aspros y Suske, se vio interrumpida por un instante por un bravísimo rugido que hizo temblar todo el nivel cuatro y sacudió a todos los presentes como si fueran hojas de papel. Dos enormes manos se introdujeron en el agujero que se había creado a cuenta del impacto de El Puño, y a estos les siguieron dos enormes brazos, una enorme cabeza cornuda, un enorme torso... hasta que finalmente emergió trepando y mostrando sólo su cuerpo de cintura para arriba, el prisionero más grande de todo Impel Down, el poderoso Giogio Giant.
Un gigante ancestral de ochenta y un metros de alto, con un peso de casi veinte toneladas, y con una apariencia salvaje y grotesca. No dijo nada, simplemente se limitó a emitir aquel rugido ensordecedor mientras emergía en escena y sacudía un poco la cabeza para quitarse los restos de escombros y de nieve fruto del nivel cinco, ya que las partes congeladas se estaban derritiendo por el calor residual en el nivel cuatro.

Giogio Giant, apodado con la redundancia como "The Giant" era un gigante ancestral enorme hasta para los de su raza. Con más de trescientos años de vida, llevaba al menos la mitad en esta prisión infernal.
Era el capitán de una banda de gigantes llamada Gigantomachia, y había conseguido un wanted por su cabeza de seiscientos cincuenta millones de berries. Las historias que aun se contaban sobre él y su tripulación era que era capaz de aplastar un pueblo entero con solo un pisotón.

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— ¡JO! — volvió a reir el anciano humano — The Giant nada menos — la sonrisa estaba en su rostro sin disimulos — Ahí tenemos un billete de salida, equipo hormiga — añadí haciendo un gesto con la cabeza referenciando el cuerpo enorme de Giogio revelando también que lo conocía o que había escuchado hablar de él lo suficiente.
Era el momento de esta improvisada alianza de escape de decidir qué hacer, mientras las alarmas no dejaban de sonar y la Marina y la seguridad de Impel Down se aproximaban cada vez más para interceptar a estos prófugos y delincuentes con todo el peso de la ley y la justicia.





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RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - por Voz Seductora - 26-06-2026, 03:48 PM

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