26-06-2026, 08:24 PM
(Última modificación: 26-06-2026, 08:31 PM por Bruno Calderon.)
-Un millón trescientos cincuenta y uno, un millón trescientos cincuenta y dos, un millón trescientos cincuenta y tres. —Mi voz resonaba en el interior de la celda, opacada por todos aquellos flacuchos que vitoreaban esperanzados con la cara sobre los barrotes, creyendo que algo importante estaba ocurriendo. -¿Más importante que el calentamiento matutino?- Tontos, por eso nunca van a poder alcanzar la verdadera estética.
El peso de mis cadenas funcionaba como un peso liviano, apenas aceptable, sin embargo, me las arreglaba para realizar un perfecto press de pecho con cadenas. ¿Nunca lo han hecho? Jum, no saben de estética.
No obstante, mi metódico circuito de pecho, que tan solo iniciaba. Se vio interrumpido por una mano amiga que me dejó claro el nombre de mis benefactores y fue el preludio a un gigantesco estruendo.
Vi la puerta abierta, luego mis “pesas” y amo terminar mi entrenamiento como cualquier otro, pero no soy estúpido. Solté mis cadenas, esperé a que alguno de esos flacuchos me desatara y recupere mi libertad. O al menos eso intentaría.
— Shereresherere así que Alas Negras ¿eh? — Sonreí apretando los músculos de mi pecho en agradecimiento, las lolas son inquietas.
Tras ello el variopinto grupo comenzó a unirse y debía darles más de mí, seguro ahora que me veían deseaban más, por lo que realice un perfecto doble bíceps frontal, enseñando mis ostentosos brazos, pectoral y abdomen recién bombeados. Luego me di vuelta, otorgándoles una expansión dorsal, que solo el Olimpia osease yo, podía ofrecer. — ¡Estética! — Dije con ánimo, apretando más mi pose, ese lunarian tenía con qué, pero jamás podría superar mis formas y definición. Debía respetar los rangos.
— Seas quien seas esto es una oportunidad de oro y estoy de acuerdo con el viejo — Pese a ser un maldito flacucho, el anciano mostraba sensatez, era hora para enseñarles a esos bastardos del gobierno, por lo que, tras abandonar mi pose, choque los puños con energía generando un sonido hueco que no alcanzo a opacar la explicación de la niña a mi costado. Esa cría necesitaba algo de proteína. — El Olimpia os ayudará a salir de aquí — Asegure a los presentes con la determinación de quien está en su última rep a punto de llegar al fallo.
Mis tres ojos alcanzaron a notar el momento en que el caldero fue tomado, la sorpresa invadió mi rostro ¿Qué carajos había sido eso? Escuché rumores de que en los pisos inferiores había solo monstruos, pero incluso sabiéndolo, eso logró sorprenderme.
La llegada de Strahd nubló el suceso, ya éramos varios, algunos más extraños que otros. (suske) Sin embargo, eso no amedrentó al anciano que apareció, su cuerpo reflejaba el entrenamiento de años, en su tiempo de seguro fue una bestia, pero ahora solo quedaban los recuerdos de tiempos mejores. -Lo lamento anciano, mis músculos lloran por ti.- pensé con solemnidad ofreciéndole un tríceps de perfil por sus años de servicio a la causa.
Fue entonces cuando la mano que se había revelado antes volvió a parecer, ahora eran dos, luego los brazos y finalmente una absoluta bestialidad energía del agujero emitiendo un ensordecedor rugido que me obligo a cubrir mis tímpanos. – Mierda… ese cabron es grande. – Sus músculos eran gigantes, incluso superaban por mucho a los míos, pero su definición no era en absoluto comparable, ni sus formas. Se necesitaba más que tamaño para lograr derrotar a mi estética, así que lejos de amedrentarme le respondí con la milenaria pose de Arnold.
Sonreí victorioso al ver al monstruo con mi mejor pose, nada podía ganarle a la — ¡Esta es la verdadera estética! ¡Ser grande no es suficiente, tonto! —
El peso de mis cadenas funcionaba como un peso liviano, apenas aceptable, sin embargo, me las arreglaba para realizar un perfecto press de pecho con cadenas. ¿Nunca lo han hecho? Jum, no saben de estética.
No obstante, mi metódico circuito de pecho, que tan solo iniciaba. Se vio interrumpido por una mano amiga que me dejó claro el nombre de mis benefactores y fue el preludio a un gigantesco estruendo.
Vi la puerta abierta, luego mis “pesas” y amo terminar mi entrenamiento como cualquier otro, pero no soy estúpido. Solté mis cadenas, esperé a que alguno de esos flacuchos me desatara y recupere mi libertad. O al menos eso intentaría.
— Shereresherere así que Alas Negras ¿eh? — Sonreí apretando los músculos de mi pecho en agradecimiento, las lolas son inquietas.
Tras ello el variopinto grupo comenzó a unirse y debía darles más de mí, seguro ahora que me veían deseaban más, por lo que realice un perfecto doble bíceps frontal, enseñando mis ostentosos brazos, pectoral y abdomen recién bombeados. Luego me di vuelta, otorgándoles una expansión dorsal, que solo el Olimpia osease yo, podía ofrecer. — ¡Estética! — Dije con ánimo, apretando más mi pose, ese lunarian tenía con qué, pero jamás podría superar mis formas y definición. Debía respetar los rangos.
— Seas quien seas esto es una oportunidad de oro y estoy de acuerdo con el viejo — Pese a ser un maldito flacucho, el anciano mostraba sensatez, era hora para enseñarles a esos bastardos del gobierno, por lo que, tras abandonar mi pose, choque los puños con energía generando un sonido hueco que no alcanzo a opacar la explicación de la niña a mi costado. Esa cría necesitaba algo de proteína. — El Olimpia os ayudará a salir de aquí — Asegure a los presentes con la determinación de quien está en su última rep a punto de llegar al fallo.
Mis tres ojos alcanzaron a notar el momento en que el caldero fue tomado, la sorpresa invadió mi rostro ¿Qué carajos había sido eso? Escuché rumores de que en los pisos inferiores había solo monstruos, pero incluso sabiéndolo, eso logró sorprenderme.
La llegada de Strahd nubló el suceso, ya éramos varios, algunos más extraños que otros. (suske) Sin embargo, eso no amedrentó al anciano que apareció, su cuerpo reflejaba el entrenamiento de años, en su tiempo de seguro fue una bestia, pero ahora solo quedaban los recuerdos de tiempos mejores. -Lo lamento anciano, mis músculos lloran por ti.- pensé con solemnidad ofreciéndole un tríceps de perfil por sus años de servicio a la causa.
Fue entonces cuando la mano que se había revelado antes volvió a parecer, ahora eran dos, luego los brazos y finalmente una absoluta bestialidad energía del agujero emitiendo un ensordecedor rugido que me obligo a cubrir mis tímpanos. – Mierda… ese cabron es grande. – Sus músculos eran gigantes, incluso superaban por mucho a los míos, pero su definición no era en absoluto comparable, ni sus formas. Se necesitaba más que tamaño para lograr derrotar a mi estética, así que lejos de amedrentarme le respondí con la milenaria pose de Arnold.
Sonreí victorioso al ver al monstruo con mi mejor pose, nada podía ganarle a la — ¡Esta es la verdadera estética! ¡Ser grande no es suficiente, tonto! —
Resumen
