27-06-2026, 11:34 AM
Cuando Ryota se destransformó, el claro quedó completamente en silencio y ni un solo marine se movió. Asimismo, ni un solo excursionista entendía qué estaba ocurriendo. ¿Acaso así de confiado estaba el pirata que había decidido dejar de fingir? ¿O quizás pensaba hacer algo más? Y las cosas quedaron relativamente claras, parecía que no iba a caer para nada en la trampa de la recompensa.
El marine que estaba a cargo iba a responder, sin embargo Ryota demostraría que tendría más control de la situación. El hombre observó al capitán pirata durante unos largos segundos. Había lidiado con piratas, bandidos y borrachos... pero jamás con alguien que quisiera resolver una captura jugando "Verdad o reto".
Finalmente, respondió con cierto entusiasmo.
—¡Me encanta ese juego!
Varios marines giraron la cabeza hacia él completamente incrédulos.
—¿Qué...?
El marine a cargo levantó una mano para pedir silencio sin apartar la vista de Ryota, quien elevaba lentamente el puño, algo que no se esperaba el hombre y que hizo que todos abrieran la boca en sorpresa y casi se les salieran los ojos.
—¡Verdad! ¡Verdad!
Como si el pirata caasi supiera lo que iba a pasar o si leyera mentes, el puño volvió a adelantarse unos centímetros y todoos gritaron con agonía gritaron el dolor que aún no sentían... todos se quedaron completamente inmóviles. Miraban el puño. Miraban a Ryota. Volvían a mirar el puño. Y entonces cayeron en cuenta, aliviados de que nada les había ocurrido y de que el moreno tan solo les había estado tomando el pelo.
—...Eso fue una trampa.
Uno de los marines dio un paso al frente, asustado y haciendo su arma a un lado. Sí, algunos levantaron sus armas contra Ryota, pero al no suceder nada, evitaron hacer alguna estupidez. Sin embargo, este marine apuntaba con el dedo a su compañero
—¡Idiota, técnicamente fuiste tu el que cambió de opción!
—¡Cállate!
Respondió el marine a cargo sin siquiera mirarlo. Otro soldado no pudo evitar murmurar entre dientes. —Yo tampoco habría sabido qué contestar...— Y mientras todos volvían a aferrarse a la realidad, el que estaba al mando se llevó una mano al rostro durante unos segundos antes de sacar una pequeña libreta del bolsillo interior de su abrigo.
—La recompensa sigue siendo tuya. Toma lo que quieras de la caja, pues los dueños de lo que hay en la bolsa están aquí—. Hizo una breve pausa—. Y, por favor... no vuelvas a proponerme ese juego.
Luego de esto, dando algo de tiempo a Ryota para que respondiera, alrededor del claro comenzaron a escucharse pequeñas risas. Incluso algunos de los excursionistas, todavía recuperándose del gas, terminaron soltando una carcajada al ver la expresión completamente agotada del oficial. La tensión, que hasta hacía unos instantes parecía capaz de desembocar en otro combate, terminó disipándose casi por completo.
Fue entonces cuando una chica, todavía sentada sobre una de las mantas utilizadas por los médicos, levantó de pronto un dedo hacia el bosque.
—...¡Miren!
Las conversaciones cesaron. Todas las miradas siguieron la dirección que señalaba. Entre los árboles, a varios metros de distancia, una pequeña figura rechoncha permanecía de pie sobre la nieve.
Pibbles.
Movía las caderas de un lado a otro. Luego dio un pequeño giro sobre sí mismo, levantando las diminutas patas delanteras como si saludara a todos los presentes. Durante unos segundos nadie fue capaz de apartar la vista de él Ni los excursionistas, ni los marines, ni siquiera Gaston, que era escoltado esposado hacia el sendero. La criatura permaneció inmóvil un instante más y después dio media vuelta y comenzó a alejarse tranquilamente entre los árboles, balanceándose con aquel ridículo baile que había dado origen a tantos rumores. Le seguían un montón de animales de por allí. Y los más grandes parecían estar muy pendientes del watón.
Uno de los marines dio un paso al frente por puro instinto. Otro excursionista hizo lo mismo. Iban a ir detrás de la criatura, pero el marine a cargo levantó la mano.
—Déjenlo.
Ante tal orden, todos se detuvieron en seco, haciendo caso. El pequeño animal desapareció lentamente entre la nieve y los árboles, perdiéndose de la vista de todos en el bosque para no ser visto nunca más en esa isla por nadie en el futuro. Nadie dijo nada durante unos segundos. Había un silencio total que duró hasta que uno de los excursionistas sonrió de oreja a oreja.
—¡...Al menos ahora nadie podrá decir que Pibbles nunca existió!
Ryota, por su parte, tendría una oportunidad de oro. Mientras sucedía todo esto, él podría tener el tiempo suficiente para llevarse lo que quisiera e incluso irse de allí antes de que ninguno reaccionara... o podría quedarse entretenido con Pibbles también. Como fuera, para los estafadores, los civiles y los merines allí, todo aquél asunto había llegado a un final.
El marine que estaba a cargo iba a responder, sin embargo Ryota demostraría que tendría más control de la situación. El hombre observó al capitán pirata durante unos largos segundos. Había lidiado con piratas, bandidos y borrachos... pero jamás con alguien que quisiera resolver una captura jugando "Verdad o reto".
Finalmente, respondió con cierto entusiasmo.
—¡Me encanta ese juego!
Varios marines giraron la cabeza hacia él completamente incrédulos.
—¿Qué...?
El marine a cargo levantó una mano para pedir silencio sin apartar la vista de Ryota, quien elevaba lentamente el puño, algo que no se esperaba el hombre y que hizo que todos abrieran la boca en sorpresa y casi se les salieran los ojos.
—¡Verdad! ¡Verdad!
Como si el pirata caasi supiera lo que iba a pasar o si leyera mentes, el puño volvió a adelantarse unos centímetros y todoos gritaron con agonía gritaron el dolor que aún no sentían... todos se quedaron completamente inmóviles. Miraban el puño. Miraban a Ryota. Volvían a mirar el puño. Y entonces cayeron en cuenta, aliviados de que nada les había ocurrido y de que el moreno tan solo les había estado tomando el pelo.
—...Eso fue una trampa.
Uno de los marines dio un paso al frente, asustado y haciendo su arma a un lado. Sí, algunos levantaron sus armas contra Ryota, pero al no suceder nada, evitaron hacer alguna estupidez. Sin embargo, este marine apuntaba con el dedo a su compañero
—¡Idiota, técnicamente fuiste tu el que cambió de opción!
—¡Cállate!
Respondió el marine a cargo sin siquiera mirarlo. Otro soldado no pudo evitar murmurar entre dientes. —Yo tampoco habría sabido qué contestar...— Y mientras todos volvían a aferrarse a la realidad, el que estaba al mando se llevó una mano al rostro durante unos segundos antes de sacar una pequeña libreta del bolsillo interior de su abrigo.
—La recompensa sigue siendo tuya. Toma lo que quieras de la caja, pues los dueños de lo que hay en la bolsa están aquí—. Hizo una breve pausa—. Y, por favor... no vuelvas a proponerme ese juego.
Luego de esto, dando algo de tiempo a Ryota para que respondiera, alrededor del claro comenzaron a escucharse pequeñas risas. Incluso algunos de los excursionistas, todavía recuperándose del gas, terminaron soltando una carcajada al ver la expresión completamente agotada del oficial. La tensión, que hasta hacía unos instantes parecía capaz de desembocar en otro combate, terminó disipándose casi por completo.
Fue entonces cuando una chica, todavía sentada sobre una de las mantas utilizadas por los médicos, levantó de pronto un dedo hacia el bosque.
—...¡Miren!
Las conversaciones cesaron. Todas las miradas siguieron la dirección que señalaba. Entre los árboles, a varios metros de distancia, una pequeña figura rechoncha permanecía de pie sobre la nieve.
Pibbles.
Movía las caderas de un lado a otro. Luego dio un pequeño giro sobre sí mismo, levantando las diminutas patas delanteras como si saludara a todos los presentes. Durante unos segundos nadie fue capaz de apartar la vista de él Ni los excursionistas, ni los marines, ni siquiera Gaston, que era escoltado esposado hacia el sendero. La criatura permaneció inmóvil un instante más y después dio media vuelta y comenzó a alejarse tranquilamente entre los árboles, balanceándose con aquel ridículo baile que había dado origen a tantos rumores. Le seguían un montón de animales de por allí. Y los más grandes parecían estar muy pendientes del watón.
Uno de los marines dio un paso al frente por puro instinto. Otro excursionista hizo lo mismo. Iban a ir detrás de la criatura, pero el marine a cargo levantó la mano.
—Déjenlo.
Ante tal orden, todos se detuvieron en seco, haciendo caso. El pequeño animal desapareció lentamente entre la nieve y los árboles, perdiéndose de la vista de todos en el bosque para no ser visto nunca más en esa isla por nadie en el futuro. Nadie dijo nada durante unos segundos. Había un silencio total que duró hasta que uno de los excursionistas sonrió de oreja a oreja.
—¡...Al menos ahora nadie podrá decir que Pibbles nunca existió!
Ryota, por su parte, tendría una oportunidad de oro. Mientras sucedía todo esto, él podría tener el tiempo suficiente para llevarse lo que quisiera e incluso irse de allí antes de que ninguno reaccionara... o podría quedarse entretenido con Pibbles también. Como fuera, para los estafadores, los civiles y los merines allí, todo aquél asunto había llegado a un final.
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