Un problema de inventario [Aventura P.R.][Enji & Juan] T3
#21
El líder cayó bajó sus garras, avasallado en parte por la combinación de golpes pero, principalmente, por el veneno que corría con ellos y se pegaba a su cuerpo como una mancha de ponzoña. Las medidas de defensa del cuerpo disparaban espasmos violentos, picos de fiebre y dolor ante la extraña y maligna sustancia, un dolor agudo, una tortura para los sentidos. Ya no tenía forma de volver a levantarse y mucho menos de recoger su arma, que había quedado a un costado, sumergida parcialmente en un charco de veneno ácido que poco a poco estaba mellando su metal. Lo carcomía. Pronto el kanabo dejaría de ser un arma útil para convertirse en un trozo de metal deformado.

Enji echó un vistazo rápido al derredor. La cueva se había convertido en un auténtico desastre. Cajas desarmadas, rotas, desparramaron su contenido por todos lados; literas cayeron sobre los cuerpos inertes de contrabandistas inconscientes; paredes melladas por el ácido; y una única, y última, persona en pie, además de los marines. El marine, hijo de dragones, chasqueó la lengua. ¿Había aguantado su Galopa y estaba consciente? Aquel no era uno más, como los tiradores que antes ocupaban las cajas de trinchera. No. Se trataba de otro peso pesado dentro del grupo, como el peleador.

—¿Sabes tú a quien hiciste enojar, idiota? —Las amenazas rebotaban en sus oídos, aunque se quedó con la mención a un supuesto “intendente”—. ¡Soy el mismísimo diablo, imbécil! ¡Lo que se esconde debajo de tu puta cama! ¡Soy el bastardo…!

¡Boom!

Una bala explosiva detonó contra su pecho. Enji no fue capaz de apreciar el momento en el que se gatilló el arma, tampoco escuchó la explosión del disparo o, mejor dicho, no pudo reaccionar a esta y apartarse antes de que la bala lo alcanzara. Una llamarada emergió y ascendió desde el punto de impacto, en el centro del torso, apenas por encima del plexo solar. Por un instante, todo lo que vió fue rojo, amarillo y naranja. Todo lo que vió… era fuego.

Su torso completo fue rodeado y abrazado por una nube negra tras la explosión. Debajo se veían sus piernas, como si el humo se estuviera convirtiendo en una persona.

Dió un paso al frente, emergió. En su mirada ya no se apreciaba la particular locura, tampoco esa arrogancia o burla. Para nada. Sus ojos parecían haberse hundido dentro de sus cuencas, abrazados por la sombra. El rojo de su iris destacaba, brillaba, y su pupila se había contraído hasta casi desaparecer. Sus dientes crujían, la mandíbula se mantenía tensa y las venas de su cuello, hinchadas, enmarcaron una mueca de rabia animal. Los lamentos de contrabandistas desdichados, repartidos por la sala como mala decoración, colaboraron a la tétrica escena.

—Sí, el hijo de puta me dio…

El odio que destilaba su mirada bien podría atravesar al tirador y perforar la pared de roca que tenía detrás. Una herida hervía en su pecho pero el dolor de la quemadura era lo último en lo que pensaba. Ya estaba acostumbrado, demasiado acostumbrado al dolor del fuego y el olor a carne quemada. Carne humana.

Demasiados malos recuerdos le nublaron la cabeza.

—Juan —llamó—. Revisa y desarma a los inconscientes, los vamos a atar. También hay que revisar las cajas y lo que traían. Busca papeles…

En un parpadeo, la distancia que lo separaba del tirador desapareció. En un suspiro lo tuvo al lado, a su alcance, en sus manos, y muchas ideas atravesaron su cabeza. La vida humana era tan delicada desde que consumió aquella Fruta del Diablo. Qué fácil era pasarse, medir mal, cometer un pequeño error y apagar una llama única, invaluable, por muy podrida que estuviera. Solo tenía que usar las dos manos.

—Aguijón… —susurró, en su lugar, y dejó caer su puño derecho contra la mandíbula del malviviente. El veneno corrió y formó en sus nudillos una punta líquida, misma que luego explotó y empapó la cabeza del hombre, arrancándole un agudo grito de dolor y desesperación mientras salía volando y colisionaba con la pared del fondo. Se arrastró en los restos del veneno y acabó en el suelo, tirado, débil, completamente neutralizado.

Enji lo miró y no se quedó contento con su obra, pero sí satisfecho.

—Me das puto asco. Quédate ahí, o no me contendré la próxima vez.

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2422 - 589 = 1833
Energia: 1390 - 462 = 928
Espiritu: 412 + 0 = 412


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RE: Un problema de inventario [Aventura P.R.][Enji & Juan] T3 - por Enji - 28-06-2026, 12:50 AM

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