28-06-2026, 05:01 AM
Yggdrasil se hunde en la carne del estafador y lo destroza brutalmente. Cada corte lo acerca más a una muerte segura hasta que sus filos lo seccionan de lado a lado y lo convierten en un amasijo informe de sangre y vísceras desparramadas por el suelo. La imagen es grotesca, quizás en exceso. Donde antes había una persona, ya no queda más que un charco y podredumbre.
La gente mira confundida la escena. Nadie de los aquí presentes hubiera apostado esta mañana que a media tarde se encontrarían con este panorama desolador, con el final de su secta y sus creencias. Pues con la muerte de Hitan, no solo se perdía un hombre, sino todo su imperio de mentiras y todas esas esperanzas vacías que había instalado en las frágiles mentes de sus adoradores. Una vez más, víctimas de un ejército pacífico que alinea a los más débiles, los Revolucionarios.
Pero hay coraje en algunos de ellos. Pocos que con la caída del desgraciado este, ven una oportunidad. Que encuentran en mi figura un ejemplo, una opción. Y no porque mis palabras los hayan convencido, sino porque mis actos respaldan cada promesa que suelto por la boca. No hay cambios sin acción. No hay beneficio sin poder. Y esto ha quedado grabado en las mentes de aquellos que me aceptan y aquellos que me temen.
Mi propuesta queda sostenida en el aire. Los cobardes no tardan en desaparecer, en escabullirse por los callejones. Miserables que prefieren ocultarse en las sombras antes de desafiar al Sol. Los que se quedan, pocos, valientes maleantes y criminales dispuestos a dar su vida por conseguir lo que se merecen, respaldados una bandera que los apoya y los define.
No tardan en arremolinarse a mi alrededor como hijos que se acercan a un padre. Llevan lo justo, ropas sucias, escaso alimento y sobre todo armas bien afiladas y listas para dar muerte. Con eso es más que suficiente. Rodeado por la multitud, alzo el puño y grito un rugido de guerra que hace temblar los cimientos de alrededor y recorre la plaza hasta elevarse a los cielos. Mis hombres, lejos de amedrentarse, se suman y gritan conmigo en un alarido terrorífico.
Los Hijos del Ragnarok rugen por primera vez, unidos por la violencia y la promesa de doblegar el mundo a la voluntad del acero y la pólvora. Marchamos juntos hacia el barco, buscando a Ubbe para partir juntos de esta isla.
La gente mira confundida la escena. Nadie de los aquí presentes hubiera apostado esta mañana que a media tarde se encontrarían con este panorama desolador, con el final de su secta y sus creencias. Pues con la muerte de Hitan, no solo se perdía un hombre, sino todo su imperio de mentiras y todas esas esperanzas vacías que había instalado en las frágiles mentes de sus adoradores. Una vez más, víctimas de un ejército pacífico que alinea a los más débiles, los Revolucionarios.
Pero hay coraje en algunos de ellos. Pocos que con la caída del desgraciado este, ven una oportunidad. Que encuentran en mi figura un ejemplo, una opción. Y no porque mis palabras los hayan convencido, sino porque mis actos respaldan cada promesa que suelto por la boca. No hay cambios sin acción. No hay beneficio sin poder. Y esto ha quedado grabado en las mentes de aquellos que me aceptan y aquellos que me temen.
Mi propuesta queda sostenida en el aire. Los cobardes no tardan en desaparecer, en escabullirse por los callejones. Miserables que prefieren ocultarse en las sombras antes de desafiar al Sol. Los que se quedan, pocos, valientes maleantes y criminales dispuestos a dar su vida por conseguir lo que se merecen, respaldados una bandera que los apoya y los define.
No tardan en arremolinarse a mi alrededor como hijos que se acercan a un padre. Llevan lo justo, ropas sucias, escaso alimento y sobre todo armas bien afiladas y listas para dar muerte. Con eso es más que suficiente. Rodeado por la multitud, alzo el puño y grito un rugido de guerra que hace temblar los cimientos de alrededor y recorre la plaza hasta elevarse a los cielos. Mis hombres, lejos de amedrentarse, se suman y gritan conmigo en un alarido terrorífico.
Los Hijos del Ragnarok rugen por primera vez, unidos por la violencia y la promesa de doblegar el mundo a la voluntad del acero y la pólvora. Marchamos juntos hacia el barco, buscando a Ubbe para partir juntos de esta isla.
Continuará...
