Con ustedes: ¡Mara! [Priv. Valar] [Pasado]
#3
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA




Día 83 de Invierno, año 17
4:17 a.m.
Habitación de las chicas, Costas de Arabasta, Paradise.

Se sentía inquieta.
Le costaba dormir, de siempre, pero ahora más.
Antes sabía dulce.
Ahora estaba agrio.
¿Qué le pasaba?
Se sentía tan ajena así misma.

María Merlot, su nombre desde que despertó en aquella celda maloliente del barco del Capitán Borracho. Siempre se había sentido como una “María Merlot”, otras veces fue obligada a sentirse como una “Kassandra”… pero ahora, en ese preludio de una decisión infernal, no se sentía como nada ni nadie que pudiese encajar con ella. A veces no quería sonreír, otras veces quería llorar, la mayor parte de las veces sentía asfixia en su pecho como si una mano invisible intentará matarla lenta y dolorosamente, y luego decidiera que siempre era mejor dejarla vivir en el caos miserable de los grillos. ¿Grillos? ¡No! Ya no eran grillos, eran pequeñas cebras relinchando, atormentándola, se estaba volviendo loca por dentro… el único lugar que siempre la mantuvo a salvo.

Se abrazo así misma, en busca de un consuelo silencioso mientras cerraba los ojos con fuerza buscando borrar cualquier pensamiento en “blanco y negro”. Su respiración se agito, los orbes se abrieron, el abrazo se convirtió en castigo porque clavo las uñas en su delicada piel, el dolor le recordó que aún estaba viva. Se levantó del asiento, dio dos pasos, y regresó al sitio. ¡Deseaba correr a la borda y saltar! Hundirse y nadar, dejar que su amado mar la acunará y alejará las pesadillas y confusiones. No podía, ya no, estaba maldita, no había otra forma de llamarlo. Y esa maldición la estaba carcomiendo por dentro. ¿Sus nakamas se darían cuenta? Ella no lo sabía pero no quería preocuparlos, por eso mantenía una fachada, la misma de siempre: alegre y jovial, tonta e ignorante.

Con su mente en caos total, decidió enfocarse en algo más. Saco los libros de navegación, las cartas y demás instrumentos, los esparció en su lado de la habitación, y con una vela continúo estudiando. En su libreta realizaba las observaciones más relevantes, no importaba que no lo recordará, con tan solo leer sus notas vendrían a ella las instrucciones. ¿Por qué no podía recordar cosas tan simples? Aunque no lo pareciera, era inteligente y astuta, podía ver cosas que nadie más veía… pero el estudio en sí, el científico, no el empírico, se le resistía, a pesar de que lo entendía… una vez su mente pasaba a otra cosa… lo olvidaba, como si nunca hubiera existido. ¡Frustrante! Muy frustrante si le preguntaban, y eso generaba en ella más ansias de aprender, en algún momento aquella barrera se rompería, el conocimiento fluiría… y podría ser de mayor utilidad… al final del día, el poder residía en quien podía mover hilos sin tener que mover ejércitos. Su Unnie podría destruir ciudades con su espada pero ella… ella podría destruir ciudades con su hermosa presencia, con su astucia e inteligencia.



Día 83 de Invierno, año 17
9:05 a.m.
Cubierta Flush Royal, Costas de Arabasta, Paradise.

Cuando el sol se dignó a salir por el horizonte, la mujer continuaba estudiado sobre navegación. El comercio y los chismes quedaron a un lado, esos días solo pudo sumergirse entre las páginas de los libros pertinentes y las enseñanzas de Thrym. El gigante siempre fue paciente cuando lo acompañaba en los largos días y noches llevando el barco a buen puerto. A María le gustaba escuchar y observar, aunque también le fascinaba hablar.

La isla a la que llegaron resulto ser lo opuesto a Drum, se llamaba Arabasta y el clima cambio por completo. No había blanca nieve ni frio, ahora todo era beige y caliente. Sus nakamas estaban felices, y con eso ya será más que suficiente para ella, aunque no iba a negar que le encantaba el paisaje nevado y los arboles de flores de cerezos. Algún día regresaría, y quizás, solo quizás, conquistaría esas tierras. Un sueño tonto, pero un regalo maravilloso para el objeto de su adoración: Reinar sobre la tierra rosada.

Sirena, linda, de verdad espero que la práctica sirva…

La voz de masculino la hizo prestarle toda su atención, levantó la mirada de sus notas. Debajo de su brazo otro libro. Asintió a cada vocablo, no dormiría hasta lograrlo… aunque, una vocecita, un relinche de cebra, se abrió paso en su cabeza “¿No se da cuenta? ¡Te estas esforzando por él, por ella, por todos! ¡Te está juzgando! ¿Te odia por ser estúpida? Yo creo que si… ¡Hi-hi-hi-ja!”. No, él jamás haría eso. La dama mordió la mejilla interior, el sabor metálico acompañado del dolor la hizo recapacitar y olvidar ese comentario. ¡SU ALGODÓN DE AZÚCAR JAMÁS LA SEÑALARÍA! Él era el hombre más paciente, amable y adorable que hubiera conocido, incapaz de dañarla, o dañar a alguien que no se lo mereciera.

no te culpo, sigo culpando al gigante pelirrojo…

Si, ahí estaba ella no era culpable de nada. Ella solo estaba hormonal. ¿Tal vez debería decirle como se sentía? Fue desde que comió aquella fruta, su exterior seguía igual pero su interior… era incoherente y atormentante. Respiro, sonrió, asintió… y caminó hasta el timón, ahí empezó a prácticar, mirando sus notas, a recordar los consejos del navegante anterior… solo debía verlo como una nueva forma de nadar, estaba en el mar, era lo más importante.

quiero practicar una receta que me dejó el cocinero…eh…Uker…sí ¡Wow! Recordé su nombre…

María bajó la mirada, quiso vomitar. Arcadas vinieron a su boca pero se obligó a hacerlas retroceder, solo saldría bilis. ¿Por qué? Porque pensar en comida la hizo recordar la fruta y la maldición que cargaba encima. Ella que era vegana, una fruta la condenó al ostracismo del mar. ¿Cómo no odiar ahora la comida? Ni siquiera las suculentas sopas del cocinero de antaño, podría hacerla recuperar el apetito. ¿Qué pensaría Hyakinthos si supiera que apenas y había probado bocado? No quería comer más frutas, sentía cierto resentimiento hacia ellas. Por suerte, su cuerpo aun no parecía enflaquecer. Tal vez pensaran que era porque estuvo ejercitándose con sus armas de filo.

La mirada ámbar fue hacia la Valkiria Besada por el Sol. Su buena vista le permitió observar su reacción. Aun no le contaba que había sucedido con el mentiroso pelirrojo y el cocinero. Algún día indagaría en esa historia, y en el de las quemaduras de su cuerpo, ese día, no sería hoy.



Día 83 de Invierno, año 17
10:30 a.m.
Cubierta Flush Royal, Costas de Arabasta, Paradise.

Navegar por aguas tranquilas y cálidas fue mucho más sencillo que sortear icebergs en las costas del Reino de Drum. Así que la práctica estaba yendo de las mil maravillas, tanto que se permitió perderse en la lectura, aunque… no pudo evitar pensar, en el infarto al miocardio que casi le dió cuando vio a su hermana calva… ¡CALVA! Su hermoso cabello rosado terminó… inexistente. Sin embargo, y contra todo pronóstico, la hacía ver aún más ruda y sexy. ¿Le quedaría a ella también el look de bola de boliche?

¡Barco a la vista!

Que pasa Medico… es aliado? Enemigo?

La voz de sus nakamas la hicieron levantarse, dejando el libro y sus notas a un lado. ¡Era cierto! A lo lejos se veía el naufragio. Todos parecían emocionados con la idea de acercarse así que sin preámbulos, tomo el timón, giro órdenes a los pequeños grumetes para que hicieran los suyos con las velas, dos veces porque las dio al revés. En pocos minutos el Flush Royal estaba cerca del navío, lo suficiente para abordarlo.

Cuando el barco se estabilizado al lado del naufragio, se acerco a la borda mirando el desastre que alguien o algo había hecho. No dijo nada, solo arrugo el entrecejo, uno que a pesar de la expresión no perdía su encanto natural. Había humo, no veía a nadie… sin esperar más, puso un pie sobre la baranda y se impulso para saltar, o más bien, para abordar sin permiso aquel navío misterioso.



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RE: Con ustedes: ¡Mara! [Priv. Valar] [Pasado] - por Maria Merlot - 28-06-2026, 04:07 PM

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