28-06-2026, 06:33 PM
(Última modificación: 28-06-2026, 06:42 PM por Nyra Kuroshiro.)
Resultaba un alivio que pudiera guiar el camino mientras yo simplemente luchaba contra el mareo y procuraba mantenerme despierta. ¿Era así como se sentía Dimitri normalmente…? No podía ni imaginármelo, debía de ser una pesadilla…
La voz de Kael me alcanzó durante el camino, pero yo no tenía la claridad mental para interpretarla. Al menos, sabía que se encontraría en la pista de baile… Intentaba mirar alrededor, pero no encontré a ninguno de mis otros compañeros de división.
Cuando nuestros pasos se detuvieron y un sonido de madera ahogó la música a nuestras espaldas, me giré para ver las puertas cerradas y percatarme al fin, demasiado tarde, de que habíamos quedado aislados de la multitud.
De inmediato, una veintena de hombres armados se presentan ante nosotros y yo me agarro un poco más fuerte del brazo de mi acompañante, alerta. ¿Estábamos en peligro?
Pronto, mi corazón se saltó un latido. Si durante aquella velada las la voz del joven resultó suave y cristalina como el murmullo de un arroyo, esas dos palabras fueron hielo acerado. Cuando, con esfuerzo, mis pupilas lo observaron de reojo, su expresión me resultó irreconocible.
Uno de los hombres ante nosotros respondió a quien sin duda era su jefe. Lo analicé como pude, a él y al resto de recién llegados. Dinero, joyas, arte, documentos… Todos en una bodega. ¿Lo que había ganado antes a aquel hombre en la partida de ajedrez, quizás? ¿Por qué estoy yo presente en una conversación de negocios como esta…?
Pensar resulta difícil, pero el mismo varón realiza en voz alta una pregunta similar a la que yo tenía en mente.
Como única respuesta, el sonido de una cinta al rasgarse y el sordo repique de la máscara sobre el pulido suelo. Con el corazón golpeando con fuerza mi pecho, mis iris se abren al máximo al tiempo que me alejo del desconocido que me había manipulado, sintiéndome traicionada y casi desnuda en aquel lugar en el que la identidad resulta una intimidad inmaterial.
Pero nada de eso importa al rico de ojos fríos cuando anuncia que me llevarán como uno más de aquellos objetos, haciendo alusión a mi apariencia. “Ser”, “hembra”, palabras que sólo se suman a la sensación de rígido metal en el cuello que evoca el fantasma de Kutsukku.
Tic, tac, tic, tac…
Pero esta vez es Carlisle quien corta la cuenta atrás del mecanismo. Su voz suena desde el piso superior y no tarda en dejarse caer, colocándose como un muro entre el esclavista y yo, ofreciéndome una espada que, a pesar de mi estado mental, no tardo en tomar.
La idea de hacer honor a la Marina y la adrenalina de la situación me mantienen lo suficientemente despierta mientras analizo al grupo alzando el arma en una posición defensiva. Escucho que quizás Carlisle pase a ser desheredado por esto, los actos deplorables del rubio y la complicidad de Le Chevalier, información que memorizo mientras me esfuerzo por mostrarme más entera de lo que realmente estoy.
El hielo se lanza con intención de sofocar el fuego, dando inicio a un duelo en el que una orden dada a aquellos soldados me impide intervenir. Sé que no puedo permitir que Carlisle se preocupe por mí o eso podría costarle caro, por lo que lucho con todas mis fuerzas para quitarme a aquellos hombres de encima. Mis movimientos son lentos, pero la orden de llevarme implica que no pueden intentar matarme, y saben que dejarme marcas permanentes influiría en el precio que pudieran pedir por mí, lo que me resulta una ventaja al combatir a pesar de su evidente superioridad numérica y lo que me subestiman por mi estado.
La actividad física y el peligro me ayudan a mantenerme despierta y lo más centrada que puedo a pesar del dolor de cabeza y el sueño, y pronto esos hombres descubren que una no llega a marine por una cara bonita. Mis movimientos, si bien no son perfectos, están lejos de ser los de una novata y queda pronto visible el fruto de años de entrenamiento. Centrándome en herirlos evitando matar, me aseguro de utilizar mi agilidad para esquivarlos y dañar brazos y piernas con tal de desarmarlos y evitar que me siguieran, dejando inconscientes de un golpe a todos los que puedo.
De algún modo, consigo vencer y dejarlos a todos en el suelo. Aun agotada y con la frente perlada por el esfuerzo, trato de avanzar un paso para llegar hasta Carlisle, pero mi cuerpo deja de responder y tropiezo. Ni siquiera siento el golpe al caer yo también.
Con los ojos entrecerrados, un último deseo de ayudarlo antes de desvanecerse con un fundido en negro en el abismo de mi mente.
Diario de princesa Nyra
