En su mente no se le va a quitar la imagen de aquella pasa desnuda y arrugada queriendo mostrar sus vergüenzas como si se tratara de un Adonis que podía ir por ahí luciéndose. Definitivamente esa noche va a tener pesadillas. Ya estaba internamente maldiciendo a toda su familia y a toda su generación de marines por haberla obligado a tener un pasado en la Marina.
Lo malo se pasa rápido si eres capaz de mantener los nervios de acero.
Bajo esa situación de estrés, Seraphim ve que, por suerte, estaba bien acompañada de unos compañeros que, pese a ser cómicos, han ido a salvarla sin poner ningún pero. Quizá eran peculiares, pero al menos han cumplido su trabajo. Y Seraphim puede mirarlos con esa sonrisita orgullosa pese a que el acto que hacían contra ese viejo era un poco injusto. “Bueno, él se lo ha buscado”, es la conclusión interna que sacó al ver la tremenda reprimenda que le daban a ese anciano por ir exhibiéndose.
A parte las niñas que le acompañaban también le dieron apoyo así que, con esa tranquilidad en las palabras de las jóvenes, Seraphim se calma… y también se incomoda un poco por la información de más de esa niña con su padre, pero ese no es el caso.
Tras esa sonrisa incómoda hacia la pequeña acompañada de una risotada corta, entonces recuerda lo fundamental a lo que ha venido y tiene un pequeño sobresalto.
— Ah, si, pequeñas… Hemos venido a proporcionaros comida y medicamentos. ¿Me haríais el favor de llamar a todos los niños y adultos, y vuestros papis, y hacer una fila para daros la comida? Sed buenas y enseguida os daremos lo que necesitáis porque la Marina, junto a su Ángel, siempre se preocupa por la seguridad de sus allegados. —Ella, con las manos en la cadera en jarra, sonrie con esa prepotencia y orgullo infundado por su egocentrismo. Al menos no estaba mintiendo del todo: si que es verdad que vinieron a darles comida y medicinas, solamente que no es del todo como ella comenta sobre la preocupación sino que esto es una petición más por rutina más que por preocupación.— ¡EH, VOSOTROS! —Grita a sus compañeros.— ¡Dejad a ese viejo y ayudadme a socorrer a los heridos! ¡Al viejo esposarlo y dejarlo tapado por ahi, pero le daremos comida y medicinas el ultimo! ¿Queda claro? ¡Tenemos que hacer lo que nos han pedido antes de que se acabe el día! ¡Marchando! —Con su voz intentaba marcar respeto y fuerza, pero con su tono parecía casi como si fuera un pequeño caniche ladrando a un gran lobo porque no sonaba amenazadora sino encantadora. Bueno, al menos intentó poner en marcha su petición porque sabía que si todo se seguía alargando no iban a acabar nunca.
Con el escándalo del viejo ya terminado, Seraphim iría hacia la tienda que los gemelos han montado en la entrada del pueblo para empezar a preparar su puesto para repartir la comida en lata que trajeron junto a litros de agua y muchas medicinas para dar asistencia.
Iba a ser unas horas largas donde harían esa petición, pero al menos Seraphim ha quedado como el ángel salvador de esa aldea y… Ja, ¿creen que ella hará algo? Se lo dejará todo a esos dos mientras ella sonríe y entrega las latas de comida (lo más fácil).
Lo malo se pasa rápido si eres capaz de mantener los nervios de acero.
Bajo esa situación de estrés, Seraphim ve que, por suerte, estaba bien acompañada de unos compañeros que, pese a ser cómicos, han ido a salvarla sin poner ningún pero. Quizá eran peculiares, pero al menos han cumplido su trabajo. Y Seraphim puede mirarlos con esa sonrisita orgullosa pese a que el acto que hacían contra ese viejo era un poco injusto. “Bueno, él se lo ha buscado”, es la conclusión interna que sacó al ver la tremenda reprimenda que le daban a ese anciano por ir exhibiéndose.
A parte las niñas que le acompañaban también le dieron apoyo así que, con esa tranquilidad en las palabras de las jóvenes, Seraphim se calma… y también se incomoda un poco por la información de más de esa niña con su padre, pero ese no es el caso.
Tras esa sonrisa incómoda hacia la pequeña acompañada de una risotada corta, entonces recuerda lo fundamental a lo que ha venido y tiene un pequeño sobresalto.
— Ah, si, pequeñas… Hemos venido a proporcionaros comida y medicamentos. ¿Me haríais el favor de llamar a todos los niños y adultos, y vuestros papis, y hacer una fila para daros la comida? Sed buenas y enseguida os daremos lo que necesitáis porque la Marina, junto a su Ángel, siempre se preocupa por la seguridad de sus allegados. —Ella, con las manos en la cadera en jarra, sonrie con esa prepotencia y orgullo infundado por su egocentrismo. Al menos no estaba mintiendo del todo: si que es verdad que vinieron a darles comida y medicinas, solamente que no es del todo como ella comenta sobre la preocupación sino que esto es una petición más por rutina más que por preocupación.— ¡EH, VOSOTROS! —Grita a sus compañeros.— ¡Dejad a ese viejo y ayudadme a socorrer a los heridos! ¡Al viejo esposarlo y dejarlo tapado por ahi, pero le daremos comida y medicinas el ultimo! ¿Queda claro? ¡Tenemos que hacer lo que nos han pedido antes de que se acabe el día! ¡Marchando! —Con su voz intentaba marcar respeto y fuerza, pero con su tono parecía casi como si fuera un pequeño caniche ladrando a un gran lobo porque no sonaba amenazadora sino encantadora. Bueno, al menos intentó poner en marcha su petición porque sabía que si todo se seguía alargando no iban a acabar nunca.
Con el escándalo del viejo ya terminado, Seraphim iría hacia la tienda que los gemelos han montado en la entrada del pueblo para empezar a preparar su puesto para repartir la comida en lata que trajeron junto a litros de agua y muchas medicinas para dar asistencia.
Iba a ser unas horas largas donde harían esa petición, pero al menos Seraphim ha quedado como el ángel salvador de esa aldea y… Ja, ¿creen que ella hará algo? Se lo dejará todo a esos dos mientras ella sonríe y entrega las latas de comida (lo más fácil).
Resumen y demás
