¡No quiero asustarte pero debemos ir al fondo del mar! :: Privado :: Pasado
#5
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA



Seguida atada.
¿Cuánto tiempo llevaba así?
Parecieron cincuentas días.
Pero no, solo eran minutos.

Al apuesto Regaliz lo percibía distante, aturdido, incomodo. Lo comprendía por aquel nefasto golpe en la cabeza del cual brotaba mermelada de cereza. Verlo le causo ansiedad, sus formas suaves, su manera… estoica de comunicarse. ¿Por qué no grita? ¿Por qué no se altera? ¿Por qué parece una preciosa estatua sin emociones? Los orbes ámbar no dejaban de mirarlo, evaluando su condición. Un golpe en la cabeza no era para tanto, a no ser que si fuera para tanto ¡Dah! ¿Y si había perdido la memoria? ¿Y si ahora imaginaba que era su amada novia? ¿Y si quería un beso pasional, y algo más? ¿Tendría que sacrificarse por el bien del herido? Podría… Si. Estaba guapo, después de todo… pero ¡NO! No más que Hyakinthos, no más que su Malvavisco. Necesitaba llegar a la cita del arroz.

Él termino llamándola por su apodo, a lo cual le correspondió con su radiante sonrisa. La voz neutra la hizo pensar en como sonaría si le hiciera cosquillas. ¿Acaso sabía sonreír el Regaliz? ¿Por qué alguien guapo no sonreiría? Seguro se vería mucho mejor, más accesible y juvenil ¿Verdad? Ahora necesitaba verlo sonreír, porque le gustaban las cosas bonitas, y él estaba guapo. Cabellos negros, cabellos blancos, cabellos rosados, cabellos morados, cabellos castaños… le gustan los colores, pero había uno en particular que nunca había llamado su atención: amarillo. Los hombres con cabellera como el sol, a no ser que su piel hiciera contraste, le resultaban feos… le daban la sensación de estar enfermos, de necesitar una buena sopa de algún pobre animal muerto.

Iré hasta ti, pero seré yo quién te desate.

Las palabras hicieron detener el conteo de la dama. En teoría, su plan sonaba mucho mejor que el suyo. Ahora podía agregarle inteligencia al hombre — ¿Nadando? — fue lo que en su mente quedo flotando. Entrecerró los ojos, buscando algún atisbo de la raza a la cual pertenecía ella — ¿Sabes nadar? ¡Me encanta nadar! Estuve nadando esta mañana, me perdí antes de encontrar nuestro barco. Me encontré con unos corales muy bonitos, no lo imagine considerando que son los enormes arboles en el centro de la isla lo que más llaman la atención. Creo que han sido Gigantes quienes los han sembrado, son bonsáis hechos por ellos y que cada cierto tiempo vienen a cuidarlos y mutilar sus raíces cruelmente. Eso suena doloroso… ¿no lo crees? — empezó a hablar en susurros pero demostrando la emoción que le generaba hablar de nadar, implícitamente del mar, luego se distrajo pensando en los árboles que regían Isla Karate. Siempre con su encantadora voz, con su divina esencia, era después de todo una hermosa semi-sirena.

Lo vio arrastrarse hacia ella, a lo que solo pudo apretar sus propios labios para no reírse del gusanito en forma de regaliz. Sin pensarlo empezó a moverse de un lado a otro, intentando imitarlo para acompañarlo en su danza de caminata sin manos y pies — … no lo pareces pero que divertido eres Regaliz. También me gusta bailar, podríamos crear un nuevo estilo llamado “Regulizano” — le propuso entre risitas, no se burlaba de él para nada, solo le divertida la situación, que aunque fuera peligrosa, ella siempre tenía la plena confianza de que todo saldría bien, sus nakamas nunca la abandonarían, y golpearían a cualquiera que le hiciera daño, solo era cuestión de tiempo.

No espero que me perdones, MM, pero sí que ambos consigamos salir de esta, cueste lo que nos cueste.

Empezaba a sentir pena por el Regaliz. Mortificado se quedaba corto para describir lo que emanaba de él, y más aun al quedar en aquella posición tan comprometedora. María solo lo miro parpadeando para procesar si burlarse, sentirse ultrajada o buscar restarle importancia al asunto. La ultima opción iba ganando, no le gustaba hacer sentir mal a nadie, y él ya parecía haber sufrido mucho. Cuando la cabeza llena de líquido carmesí quedo a su altura, pensó en cumplir la palabra de lamerlo —… un poco más, tu puedes Regaliz. Yeah, Yeah, Yeah... — lo animo entre susurros con alegría, descarto casi por completo lo de bromear... los "yeahs" fueron necesarios. Claro, más allá de eso respetaba su esfuerzo, por eso acerco sus labios y dio un suave beso a la cabeza sangrante — … un premio para el valiente Regaliz — le comento con dulzura, dejando atrás la travesura de su voz.

Cuando el esfuerzo del hombre hizo efecto, sus manos se soltaron, era libre. Lo primero que hizo fue sostenerlo, parecía que se iba a derrumbar en cualquier momento, y dejarlo sentarse sobre su regazo. No le importar estar debajo de alguien guapo, pero sería una posición más divertida si fuera ella la que estuviera arriba, a horcajadas... ¡Los hábitos no se olvidaban tan facilmente! — … quédate así un momento, deja que te desate, luego voy por mis piernas, nadamos y después salimos de aquí. O era al revés, siempre me confunden las secuencias pero saldremos de aquí, segura estoy... — musito para que solo él la escuchará, cada frase dicha iba desbordante de encanto, le salía natural, ella además de hermosamente divina poseía un aura de chica indefensa, y quizás si lo era por eso lo exteriorizaba — … sabes, me gustan las celdas, son lugares seguros pero estar amarrada no, me hace sentir vulnerable. No me gusta que me encadenen... — empezó a decir mientras con sus manos soltaba los nudos que ataban al hombre, por suerte a él solo le marraron del tronco de su cuerpo — … un poco más, una vuelta por aquí… o era por allá… Mmmm — decía con paciencia y enfocada en la pequeña misión, aunque a veces levantaba la mirada hacia los oscuros ojos del masculino, solo para saber si seguía despierto — … y… bueno… ¿qué haces? ¿a qué te dedicas? ¿tienes novia o novio? Y no, la sangre no sabe a mermelada de frambuesa ni de fresas... sabe a metal — comentó para no dejar que los pensamientos intrusivos o los desmayos desprevenidos tuvieran lugar — ¡Lo logre! — declaró con alegría levantando dos puntas pero él seguía atado  — … Oops, aun no… pero ya por lo menos hay mas cuerdas desatadas… o ahora se ve mas atado… — lo ultimo lo susurro, aunque por la cercanía él la escucharía, igual, aunque tardará el doble en orientarse, lo lograría. Así que con más determinación continuo la labor de liberarlo… hasta que lo logró — ... creo… ahora si ¡Libertad! — mantuvo la voz baja pero la emoción fue palpable, estaba feliz porque había soltado las cuerdas. Luego subió ambas manos y sujeto cada mejilla del hombre con suavidad — ¿Puedes resistir un poco más, Regaliz? Conozco un buen médico, te llevaré con él… estarás como nuevo, no más mermelada saliendo de tu frente — hablo genuinamente preocupada, había mucha sangre y además él se veía pálido… ¿era así de blanco o estaba muy mal por la pérdida del vital líquido? No lo sabía — … se que quizás te gusta estar encima de mí, es normal… a todos les gusta pero… si te mueves un poco podre terminar de soltarme y buscaremos la entrada, digo, la salida de este lugar y la razón de estar aquí también — necesitaba saber por qué y hacía donde iban, le gustaba el cotilleo y la información.

Cuando él se quitó, ella termino de desatar sus pies. Se logro levantar, estirarse, liberarse. Se limpio los labios, que tenían la sangre fresca del beso que le dio. Luego acomodo su ropa. Hermosa como siempre… hasta que recordó que él estaba sangrando, con un suspiro de resignación, y en vez de buscar algo para tapar la hemorragia, se quito la camisa blanca, y con cuidado la doblo para colocársela a presión en su frente. Si, quedo en sostén, y revelando las preciosas escamas celestes en sus hombros y espalda. Luego, usando las mangas largas, la amarro alrededor de la cabeza — … se ve horrible pero lo importante es que deje de sangrar, y es blanca, sabremos si sigues sangrando, porque, bueno, se pondrá más roja… — pronuncio con su voz aterciopelada, luego como si apagaran su interruptor, se quedo por un momento callada. Sopesaba que hacer a continuación, tendría que usar sus puños por lo visto — … ¿sabes como reír? — le preguntó, aun tenía la duda anterior sobre como se vería sonriendo. Muy guapo, estaba convencida — … ¿tienes cosquillas? — finalizo estirando la diestra a su abdomen y haciéndole “piojitos” con las puntas de sus dedos, sino funcionaba buscaría una pluma y… ¡tenían que salir de ahí!

Dejó de molestarlo, se levantó, se coloco las manos en la cadera —… ¡Basta de juegos, Regaliz! ¡Compórtate! Debemos salir de aquí, llevarte a Algodón de Azúcar y luego podre ir a comer arroz con mi Malvavisco — declaró mirando hacia la única puerta, su vía de escape. Dio un par de pasos en esa dirección, cuando tuvo la mano en el pomo se giro a verlo — … los distraeré, cuando estén babeando por mí, tu corres y saltas al mar. Luego te rescato y te llevo con mi médico, lo prometo… — le sonrió con complicidad.

Para alguien normal, ver a una hermosa mujer en sostén… siendo una carnada en un barco lleno de malolientes hombres no parecía la idea más inteligente del mundo.

Para María Merlot, que estaba acostumbrada a las miradas lascivas y a que su cuerpo “no fuera suyo”, solo era un día mas en el mar.

Sin esperar respuesta, abrió la puerta y salió. No había sol, estaba oscuro, solo alumbrado por las mismas antorchas del interior. Camino con rapidez, alejándose de la salida, y por ende dejando libre al Regaliz de miradas — ¡Gusanos de Mar! — grito revelando que ya no estaba cautiva, eso atrajo las miradas de los tripulantes hacia ella, no eran mas de diez. Algunos, hipersexualizados empezaron a babear por la espectacular vista de la mujer mestiza — … ¿quién de ustedes fue el gusano que me secuestro? Por su culpa no se si llegaré a mi cita con un guapo Malvavisco... con quien, deben saber, si me reprodujera tendríamos a los alevines mas perfectamente hermosos del planeta azul. Estoy muy, muy, muy molesta… ¡Soy una hermosa mestiza en un planeta azul que no debería estar soportando estos maltratos! — camino hasta un barril y se sentó cruzando las piernas, necesitaba llamar toda su atención para que el hombre pudiera escapar, luego ella se encargaría también de saltar al mar. Su postura, su voz cambio de dulce y aterciopelada a seductora y malcriada, como si realmente fuera alguien importante — ¡No! No se acerquen. No se atrevan a tocarme… ¿Acaso no saben quién soy? — los señalo con carácter, por alguna razón, o porque estaban embobados por la vista, se quedaron quietos en el lugar, pensando que hacer con la hermosa chica… y con eso ultimo que había dicho — … si les tengo que decir quién es mi papi, entonces son estúpidos… — no sabía que más decir... claro, ella estaba intentando convencerlos de que se trataba de alguien importante pero sino lo lograba, mínimo los iba a confundir bastante. Solo esperaba que el Regaliz actuará más rápido porque estaba siendo una tortuga lentisima.



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RE: ¡No quiero asustarte pero debemos ir al fondo del mar! :: Privado :: Pasado - por Maria Merlot - 28-06-2026, 07:28 PM

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