El golpe de Stroud llegó antes de que siquiera sus pies tocasen el suelo. Kibai, que estaba en proceso de aterrizar de nuevo en la arena recibió un golpe que lo despazó un metro hacia su izquierda, habiendo sido deprovisto de Raimei e incapaz de haber alcanzado a tiempo la empuñadura de Arashi para tratar de desviar el golpe de su rival. Con el comandante desplazándose en sentido contrario, el mink plantó ambos pies en la arena, aspirando profundamente el recalentado aire del desierto, rastreando su propio olor en el ambiente. Por fortuna el llevar a Raimei consigo tan a menudo tenía sus ventajas. Por el rabillo del ojo, un destello en la arena acabó por ubicar su posición.
Tras desenvianar a Arashi, apretando los dientes, infundió con el Electro sus músculos, dando un salto hacia atrás, cayendo agilmente junto a Raimei, agarrándola con la mano derecha al mismo tiempo que sus piernas volvían a impulsarse para surcar el aire, en dirección a Stroud, con la hoja de la espada lista para interceptar una posible salida al encuentro del joven rubio.
En cuanto estuvo al fin al alcance, los músculos tensos de Kibai se dispararon como un tirachinas, lanzando una poderosa estocada contra el hombro derecho de Stroud.
Tras desenvianar a Arashi, apretando los dientes, infundió con el Electro sus músculos, dando un salto hacia atrás, cayendo agilmente junto a Raimei, agarrándola con la mano derecha al mismo tiempo que sus piernas volvían a impulsarse para surcar el aire, en dirección a Stroud, con la hoja de la espada lista para interceptar una posible salida al encuentro del joven rubio.
En cuanto estuvo al fin al alcance, los músculos tensos de Kibai se dispararon como un tirachinas, lanzando una poderosa estocada contra el hombro derecho de Stroud.
¡¡¡Denkō Senshi!!!
En cuanto notó que el golpe conectaba, Kibai giró sobre la empuñadura de su espada, empleándola como punto de apoyo para asestar una patada extendiendo sus garras traseras directamente contra el rostro de Stroud, antes de, en gran parte por la propia inercia del salto que había dado, arrancar la hoja de su hombro y continuar su desplazamiento hacia la espalda del comandante, finalizando con un tirabuzón firmemente asentado en la arena, empleando su mano libre para frenar su impulso a escasos dos metros de su adversario, irguiéndose en una posición de guardia, listo para lo que le pudiese venir a continuación.
La caja de Pandora
