28-06-2026, 11:43 PM
Nunca llegaría a imaginar, ni en sus sueños, lo que se le estaba realmente pasando por la cabeza a Sohem. Que sus ideas fueran tan lejos como la homosexualidad no estaba, en absoluto en sus planes. Sí había percibido un largo silencio una vez se habían acomodado a la mesa, su traje era... era elegante, pero obviamente era su jefe, tenía que verse así. Elevó nuevamente su copa, para dar otro trago, hasta que lo escuchó llamar su atención. El mismo objeto se quedó en el aire, a duras penas llegando a sus labios, y lo observó a los ojos amarillos, firmes y duros, cargados de una experiencia que conocía y, sin embargo, parecía que le resultaba difícil... O al menos hasta que, de forma directa, le dio un rechazo que ni esperaba. Un momento... ¿Gustar de hombres? Por un momento parpadeó ligeramente confundido y, a continuación, expulsó el aire por su nariz con un sonido. Sí, ese hombre estaba consiguiendo que contuviera su propia risa. Tuvo que descender su diestra para que la copa no le temblara tanto o se le cayera encima.
Esta vez revelaba una sonrisa, todavía conteniendo la risa de ese modo. Desde que lo conoció había mantenido firmemente su educación y su frialdad, asumiendo que cualquier tipo de mención sexual significaba que podría enterrarlo bajo tierra en cualquier momento, pero allí estaba él, diciéndolo con una naturalidad que no llegó a esperarse nunca antes. Respiró profundo, acercando un cenicero que se encontraba sobre la mesa y hasta entonces estaba a su lado, para apagar así el cigarrillo. —Tienes razón, tengo la mala costumbre de fumar hasta para ir a cagar, me disculpo por eso. — expulsó el último halo de humo que tenía en sus pulmones, esta vez intentando que no le diera de lleno a la cara al hombre.
—Tranquilo, no vengo te he invitado por ese tipo de intención. De hecho, ya tengo a alguien más para cortejar, así que estás libre. — Mismo con quien había hablado por Den-Den Mushi de camino a Arabasta hasta Jaya en su propia estancia, pero de momento eso, a menos que preguntara él, lo iba a mantener en secreto. —Puede que me gusten mujeres y hombres, pero conozco un “no” cuando lo veo y antes de que me lo digan. No te preocupes, Jefe, estás a salvo de mí... — “Por ahora...” Ah, no, esa parte ni de coña iba a decirla en voz alta. Se permitió el lujo de disfrutar de ese pensamiento para sí mismo ante la diversión de la situación que acababa de acontecer.
Carraspeó al volver a escucharlo hablar. No se había percatado de lo cargado que estaba. A ver, mentira, sí, pero había asumido que eran cosas que tuvo que llevar consigo por algo que tuviera con prisas por la repentina invitación, tratando de volverse más serio al respecto. Ahora parecía que había algo que quería comentar, y no perdió detalle en las palabras que pronunciaba. A medida que hablaba, su expresión se volvió más seria. En parte, no le sorprendió demasiado que esos jóvenes partieran, pero no había comentarios al respecto.
Sus ojos descendieron hasta la caja de madera, ahora confundido, arqueando una ceja, pero por el momento no lo abrió, ni lo tomó, solo siguió escuchando las palabras de Sohem para ver hasta dónde iba a llegar. Allí parecía que, al fin, contaba con él, y no para cualquier trabajo, sino algo más bien importante. Por el momento, imitó al Señor de la Moneda, también usando los cubiertos y comiendo la carne, cortándola y masticando mientras él hablaba. Un shichibukai, dinero y, especialmente, negocios. Dejó el tenedor a un lado, sus ojos fijos en el hombre, mirando la caja de reojo, desconociendo qué se traía entre manos. Estaba sorprendido, era inesperado, al menos para él. Lo que le decía era algo, muy posiblemente, que fuera más importante de lo que tenía en mente y, desde luego, una muestra de confianza, o así lo asumió él. Una oportunidad como ninguna.
—Jefe, puedes contar conmigo. Sé que no he podido demostrarte suficiente mis capacidades, pero soy un hombre leal y no estoy aquí solo para hacerte perder tu tiempo, ni para perder el mío. — Respiró, cerrando los ojos por unos segundos y, al volver a abrirlos, miró a su alrededor y volvió a enfocar la mirada en él. —Algún día tendrás que decirme por qué no puedes volver, pero por ahora, cumpliré lo que me pidas. ¿A quién tengo que encontrar? ¿Con quién tengo que negociar? ¿O es algo que tengo que encontrar por mí mismo y averiguarlo? — Volvió a tomar el tenedor, pinchando el pedazo de carne que tenía para volver a comer. —Y supongo que, además, querrás que participe en esos juegos, ¿no es así? — No sabía cómo podrían ser, pero sí era una muy buena oportunidad para ganarse su confianza, llegar a escalar como tanto había estado queriendo, adelantar otro paso en esas escaleras en las que no parecía encontrarle un fin. No hubo más que seguridad en su mirada.

—Pfffft... ¿Guastar de hombres? Pero Jefe...
Esta vez revelaba una sonrisa, todavía conteniendo la risa de ese modo. Desde que lo conoció había mantenido firmemente su educación y su frialdad, asumiendo que cualquier tipo de mención sexual significaba que podría enterrarlo bajo tierra en cualquier momento, pero allí estaba él, diciéndolo con una naturalidad que no llegó a esperarse nunca antes. Respiró profundo, acercando un cenicero que se encontraba sobre la mesa y hasta entonces estaba a su lado, para apagar así el cigarrillo. —Tienes razón, tengo la mala costumbre de fumar hasta para ir a cagar, me disculpo por eso. — expulsó el último halo de humo que tenía en sus pulmones, esta vez intentando que no le diera de lleno a la cara al hombre.
—Tranquilo, no vengo te he invitado por ese tipo de intención. De hecho, ya tengo a alguien más para cortejar, así que estás libre. — Mismo con quien había hablado por Den-Den Mushi de camino a Arabasta hasta Jaya en su propia estancia, pero de momento eso, a menos que preguntara él, lo iba a mantener en secreto. —Puede que me gusten mujeres y hombres, pero conozco un “no” cuando lo veo y antes de que me lo digan. No te preocupes, Jefe, estás a salvo de mí... — “Por ahora...” Ah, no, esa parte ni de coña iba a decirla en voz alta. Se permitió el lujo de disfrutar de ese pensamiento para sí mismo ante la diversión de la situación que acababa de acontecer.
Carraspeó al volver a escucharlo hablar. No se había percatado de lo cargado que estaba. A ver, mentira, sí, pero había asumido que eran cosas que tuvo que llevar consigo por algo que tuviera con prisas por la repentina invitación, tratando de volverse más serio al respecto. Ahora parecía que había algo que quería comentar, y no perdió detalle en las palabras que pronunciaba. A medida que hablaba, su expresión se volvió más seria. En parte, no le sorprendió demasiado que esos jóvenes partieran, pero no había comentarios al respecto.

—No está en mis planes irme a ninguna parte, no he llegado hasta aquí por nada, Jefe.
Sus ojos descendieron hasta la caja de madera, ahora confundido, arqueando una ceja, pero por el momento no lo abrió, ni lo tomó, solo siguió escuchando las palabras de Sohem para ver hasta dónde iba a llegar. Allí parecía que, al fin, contaba con él, y no para cualquier trabajo, sino algo más bien importante. Por el momento, imitó al Señor de la Moneda, también usando los cubiertos y comiendo la carne, cortándola y masticando mientras él hablaba. Un shichibukai, dinero y, especialmente, negocios. Dejó el tenedor a un lado, sus ojos fijos en el hombre, mirando la caja de reojo, desconociendo qué se traía entre manos. Estaba sorprendido, era inesperado, al menos para él. Lo que le decía era algo, muy posiblemente, que fuera más importante de lo que tenía en mente y, desde luego, una muestra de confianza, o así lo asumió él. Una oportunidad como ninguna.
—Jefe, puedes contar conmigo. Sé que no he podido demostrarte suficiente mis capacidades, pero soy un hombre leal y no estoy aquí solo para hacerte perder tu tiempo, ni para perder el mío. — Respiró, cerrando los ojos por unos segundos y, al volver a abrirlos, miró a su alrededor y volvió a enfocar la mirada en él. —Algún día tendrás que decirme por qué no puedes volver, pero por ahora, cumpliré lo que me pidas. ¿A quién tengo que encontrar? ¿Con quién tengo que negociar? ¿O es algo que tengo que encontrar por mí mismo y averiguarlo? — Volvió a tomar el tenedor, pinchando el pedazo de carne que tenía para volver a comer. —Y supongo que, además, querrás que participe en esos juegos, ¿no es así? — No sabía cómo podrían ser, pero sí era una muy buena oportunidad para ganarse su confianza, llegar a escalar como tanto había estado queriendo, adelantar otro paso en esas escaleras en las que no parecía encontrarle un fin. No hubo más que seguridad en su mirada.

—Haré los negocios que necesites por ti, Jefe. Solo dime qué necesitas.
Cajita De Tabaco
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