La partitura de un lejano recuerdo con ojos color océano :: Pasado :: Privado
#4
Las circunstancias cambiaron cuando el afamado señor ordenó al director del cuarteto interpretar una melodía más jovial, más divertida fue entonces que la música se detuvo y por primera vez aquel silencio fue un alivio, esto era una fiesta por lo que las notas debían transmitir alegría… no una calma tan artificiosa como el ambiente que ahora nos rodeaba. El director rebuscó con evidente nerviosismo entre sus partituras incapaz de encontrar una pieza acorde a la petición de su cliente, su creciente desesperación resultaba incómoda de contemplar.

Suspiré. Había tenido suficiente de tocar música planeada.

Sin pedir permiso y con toda la libertad del mundo, llevé el arco a las cuerdas de mi violín y comencé a interpretar una sonata vivaz, bastaron unas pocas notas para que el resto de los músicos me siguiera y así poder transformar aquella improvisación en una melodía única que por fin parecía dar vida a la celebración.

El delicado tintineo del metal hizo que mis ojos azules encontrarán los hermosos ámbares de aquella doncella de atuendo celeste, cubierta de joyas que relucían con cada movimiento sobre su figura despampanante, pero a pesar de lo hermosa que su apariencia mostraba era la gracia con la que danzaba lo que realmente cautivaba a cualquiera que le siguiera sus pasos, su abdomen, brazos, caderas y manos se movían con una precisión hipnótica como si la melodía que interpretabamos hubiera sido compuesta únicamente para acompañar cada uno de sus pasos.

Al fin alguien está lleno de vida.

Una tenue sonrisa se dibujó en mis labios mientras contemplaba su danza, encantada de haber encontrado por fin a alguien que parecía sentir la música tanto como yo.



Al llegar la medianoche nos fue imposible regresar a nuestros hogares puesto que una lluvia torrencial cayó sin tregua sobre la selva y aventurarse por esos senderos en tales condiciones climáticas habría sido una imprudencia, el señor Gabriel en su gesto de generosidad nos ofreció permanecer en su recinto y dispuso una habitación para cada uno de nosotros, tratándonos como si fuésemos invitados de honor. A pesar de haber cenado, tocar música, tomar una ducha y tener una cómoda habitación… No lograba conciliar el sueño, mi mente permanecía lejos de allí, me preocupaba mi familia, no tenía forma de hacerles saber que yo me encontraba bien y que regresaría al amanecer.

La tormenta caía como una inmensa cascada sobre la isla, no daba tregua y el estruendo de los truenos retumbaba como una tempestad tropical más que de una eléctrica, me acerqué a la ventana y contemplé la inmensa oscuridad que envolvía la selva, desde allí comprendí lo aislado que estaba aquel palacio perdido en medio de la nada, cualquiera podría extraviarse tanto al intentar llegar como al intentar marcharse, y al estar tan absorta en mis pensamientos que no advertí el reflejo de la doncella de cabellos celestes golpeteando con insistencia el cristal, al fijarme completamente en su presencia empapada me apresuré a abrirle la ventana.

—- ¡¿Está bie…?! — No alcancé a terminar la pregunta puesto que aquella chica ingresó por la ventana con una agilidad sorprendente, se coló por la habitación como si hubiese planeado que haría al estar dentro, dio un salto directo sobre la cama dejando un camino de agua sobre el suelo donde caminó, incluso las sábanas y el colchón terminaron mojados, y yo… permanecí inmóvil, observándola con los labios apenas entreabiertos.

Y lo que ocurrió después sólo consiguió llenar mi mente de mil preguntas a razón de su visita.

—- ¿Vivi? —- repetí en voz baja mientras la escuchaba con suma atención y poco a poco fui cerrando la ventana, caminé unos pasos hacia la cama, al parecer que ella esté empapada por la lluvia fue algo intencional de ella, incluso me hizo saber que amaba la lluvia porque era como estar en el océano en gotas, era una analogía muy hermosa a decir verdad. —- Pues… no estaba dorm… — Me senté en el borde del colchón pero antes de que pudiera terminar mi respuesta ella ya se había puesto de pie, sin detenerse comenzó de nuevo a preguntarme por la melodía melancólica que habíamos antes interpretado, me preguntó si en este momento era feliz y también me preguntó por las cosas que me hacen feliz. —- Ah eso… bueno, verás…. —

Mis ojos la seguían de un lado a otro, se movía con una gracia despreocupada y una curiosidad ferviente, como un niño que descubre el mundo entero, cada vez que intentaba responder una de sus preguntas me interrumpir, nacían inmediatamente,  hasta que desvió su atención hacia el color de Amphitrite, diciendo que le recordaba al fondo del mar y con total naturalidad prometió llevarme allí algún día. —- ¿Al fondo del océano? —- repetí incapaz de ocultar mi desconcierto.

Sus preguntas comenzaron a abarcar sobre mi vida cotidiana, sobre mi hogar, mi familia, mis amigos e incluso si tenía algún pretendiente que me estuviera cortejando en este momento, su curiosidad era tan genuina que permanecí unos instantes observándola y esperando a que terminarse de preguntar todo lo que deseaba saber. Cuando por fin encontré el momento para hablar me acerqué un poco y le dediqué una suave sonrisa.

—- Veamos… espero poder responder a todo… —- llevé una mano a mi mentón mientras intentaba recordar por dónde empezar, el orden en como comenzó.

—- La música me encanta… solo que cuando es obligada se siente vacía, el señor que me invitó a venir parecía que lo tenía todo planeado, con partituras ya seleccionadas, pero… — mis ojos se desviaron hacia mi violín — cuando la música nace con libertad es mucho más hermosa… por cierto… bailaste precioso, ¿Eres una bailarina acaso?, ¿Vives aquí?

Recordé su mención sobre lo del fondo del mar, sobre que me llevaría para conocerlo algún día— Nunca he estado en el fondo del mar, ¿De verdad es posible llegar allí?, ¿Tú has ido?, ¿No te ahogas?, ¿Puedes aguantar tanto la respiración. — Ahora era yo la chica de las preguntas. — No estás lejos de la verdad, verás… el color de mi violín es homenaje al mismo océano, mi familia son pesqueros y adoran el mar, por lo que Amphitrite, mi violín… es mi tesoro más preciado, me recuerda a mi familia de hecho, siempre suelo traerlo conmigo.

—- Sí tengo un hogar en la isla aunque debo decir que no es como este palacio… es más humilde, hecha de madera, vivo con mi padre y mis hermanos, de momento no tengo muchos amigos jejeje —-- Dije con una sonrisa apenada puesto que por mis estudios en la música no me he permitido tener muchos amigos. —-- No tengo novio… soy muy torpe para las relaciones. —--- Eso último lo dije con un pequeño sonrojo sobre mis mejillas.

—- Mi nombre es Miyori Hoshino, ¿Puedo saber el tuyo?, ¿Por qué me dices Vivi?.... —-- Me senté de nuevo en la cama mientras palmeaba el colchón para que ella se sentara. —-- ¿Te gustaría que te contase historias de la isla?, tengo anécdotas muy chistosas, puedo contarte la vez que confundí el azúcar con la sal y le di a tomar a mi papá un café muy desabrido jajaja.

La tormenta durante la noche parecía eterna pero no se sintió en cuanto pasé mi tiempo junto a la doncella de cabellos celestes esperando que el futuro tengamos la dicha de recordar este hermoso momento.
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
  Responder


Mensajes en este tema
RE: La partitura de un lejano recuerdo con ojos color océano :: Pasado :: Privado - por Miyori Hoshino - 29-06-2026, 01:07 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)