29-06-2026, 07:45 AM
Mis ojos azules conectaron de nuevo con los del chico azabache y me sentí feliz tras sus palabras, estaba de acuerdo en que aquel campo era realmente hermoso, una sonrisa de complicidad pero también de alivio se dibujó en mis labios aunque parecía ser tenue. Me alegraba no ser la única de ver tan hermoso paisaje, sin duda este momento viviría eterno en mis recuerdos.
— No, ciertamente no soy de aquí… — respondí con calma mientras permitía que el joven desconocido se acercara unos cuantos paso más, obligándome a elevar ligeramente el rostro para no perder de vista el revestimiento neutral de sus facciones y la tonalidad de su voz monótona. — Vengo de tierras muy lejanas, quizás no conozcas ese lugar…. — Hice una breve pausa para respetar la presencia de la brisa que ahora nos acompañaba, levantando y moviendo algunos mechones anaranjados sobre mi rostro antes de apartarlos con delicadeza detrás de mi oreja.
Cerré los ojos durante unos segundos mientras evocaba los recuerdos de aquella isla que me vio crecer dia a dia, fue testigo de las aventuras que tuve como también los lazos que logré desarrollar con las personas que fui conociendo en el camino, recordé las hermosas casas construidas con arena condensada, moldeada como arcilla hasta solidificarse en cimientos de un blanco inmaculado, los tejidos rojizos que coronaba cada edificio, la bulliciosa zona mercantil, el muelle y por supuesto que recordé los navíos que anunciaban sus llegadas y partidas cada vez que rozaban con suavidad el puerto de aquellas costas tranquilas, lo recordé todo como si se trata del lugar más perfecto del mundo.
— Baterilla, una isla tan maravillosa, no tiene campos tan hermosos como estos pero sin duda posee una belleza muy propia… — Levanté de nuevo la mirada y asentí levemente antes sus palabras sobre aquel campo de flores blancas. — Sí, parece un lugar que solo existe en los libros, ¿verdad?, aunque a decir verdad esta isla también alberga rincones realmente preciosos.
Sin embargo, su siguiente pregunta encontró un ancla capaz de arrastrarme de vuelta a mi precaria situación.
—- ¿Es realmente inusual? —- incliné ligeramente la cabeza mientras la brisa hacía lo suyo de nuevo, meciendo las telas de nuestras ropas y arrastrando consigo algunos pétalos desprendidos, al mismo tiempo, el inminente anochecer envolvía el lugar en una atmósfera más fría y apacible — Creo que lo inusual sería no venir a contemplarlas, al menos eso creo.
Un breve silencio se instaló entre los dos, concediéndole al joven desconocido el tiempo para asimilar mis palabras, aunque suponía que su verdadera duda no era aquella que formuló con cautela, sino el motivo por el que me encontraba en un lugar como este… sola.
—- No puedo dormir… — suspiré con cierta resignación mientras una de mis manos ascendían hasta mi nunca para acariciarla con suavidad, un gesto que delataba el nerviosismo que sentía en ese momento. — He tenido pesadillas últimamente… — recordé aquellas escenas que se repetían una y otra vez en mi cabeza como un bucle interminable del que era incapaz de escapar, me robaba el sueño y me ahogaba en la ansiedad de mi soledad, como una persona perdida en su barco. El cansancio se hacía evidente en mi rostro como en mi cuerpo que se balanceaba con sutileza de un lado a otro, incapaz de ocultar el peso de tantas noches sin un verdadero descanso… — Vine para despejar la mente por un momento…
Elevé la vista hacia él una vez más procurando dejar atrás aquella sombra que amenazaba con reflejarse en mi rostro, no quería ser irrespetuosa, tenía mi atención como también sentía que mi cuerpo caería pronto contra él pero mantuve mis pies firmes. Mi manos se fue a mi rostro mientras tocaba el puente de mi nariz y presionaba mis ojos cual jaqueca que amenazaba con pronto aparecer.
—*¿Qué hay de ti?, ¿Qué te ha traído por aquí?*
Lo cierto es que eso último fue solamente pronunciado en mi cabeza porque efectivamente había caído en los brazos de morfeo, siendo empujada hacia el frente donde bien podría impactar contra el chico o contra una cama de flores blancas, cualquiera de las dos… lo siento tanto.
— No, ciertamente no soy de aquí… — respondí con calma mientras permitía que el joven desconocido se acercara unos cuantos paso más, obligándome a elevar ligeramente el rostro para no perder de vista el revestimiento neutral de sus facciones y la tonalidad de su voz monótona. — Vengo de tierras muy lejanas, quizás no conozcas ese lugar…. — Hice una breve pausa para respetar la presencia de la brisa que ahora nos acompañaba, levantando y moviendo algunos mechones anaranjados sobre mi rostro antes de apartarlos con delicadeza detrás de mi oreja.
Cerré los ojos durante unos segundos mientras evocaba los recuerdos de aquella isla que me vio crecer dia a dia, fue testigo de las aventuras que tuve como también los lazos que logré desarrollar con las personas que fui conociendo en el camino, recordé las hermosas casas construidas con arena condensada, moldeada como arcilla hasta solidificarse en cimientos de un blanco inmaculado, los tejidos rojizos que coronaba cada edificio, la bulliciosa zona mercantil, el muelle y por supuesto que recordé los navíos que anunciaban sus llegadas y partidas cada vez que rozaban con suavidad el puerto de aquellas costas tranquilas, lo recordé todo como si se trata del lugar más perfecto del mundo.
— Baterilla, una isla tan maravillosa, no tiene campos tan hermosos como estos pero sin duda posee una belleza muy propia… — Levanté de nuevo la mirada y asentí levemente antes sus palabras sobre aquel campo de flores blancas. — Sí, parece un lugar que solo existe en los libros, ¿verdad?, aunque a decir verdad esta isla también alberga rincones realmente preciosos.
Sin embargo, su siguiente pregunta encontró un ancla capaz de arrastrarme de vuelta a mi precaria situación.
—- ¿Es realmente inusual? —- incliné ligeramente la cabeza mientras la brisa hacía lo suyo de nuevo, meciendo las telas de nuestras ropas y arrastrando consigo algunos pétalos desprendidos, al mismo tiempo, el inminente anochecer envolvía el lugar en una atmósfera más fría y apacible — Creo que lo inusual sería no venir a contemplarlas, al menos eso creo.
Un breve silencio se instaló entre los dos, concediéndole al joven desconocido el tiempo para asimilar mis palabras, aunque suponía que su verdadera duda no era aquella que formuló con cautela, sino el motivo por el que me encontraba en un lugar como este… sola.
—- No puedo dormir… — suspiré con cierta resignación mientras una de mis manos ascendían hasta mi nunca para acariciarla con suavidad, un gesto que delataba el nerviosismo que sentía en ese momento. — He tenido pesadillas últimamente… — recordé aquellas escenas que se repetían una y otra vez en mi cabeza como un bucle interminable del que era incapaz de escapar, me robaba el sueño y me ahogaba en la ansiedad de mi soledad, como una persona perdida en su barco. El cansancio se hacía evidente en mi rostro como en mi cuerpo que se balanceaba con sutileza de un lado a otro, incapaz de ocultar el peso de tantas noches sin un verdadero descanso… — Vine para despejar la mente por un momento…
Elevé la vista hacia él una vez más procurando dejar atrás aquella sombra que amenazaba con reflejarse en mi rostro, no quería ser irrespetuosa, tenía mi atención como también sentía que mi cuerpo caería pronto contra él pero mantuve mis pies firmes. Mi manos se fue a mi rostro mientras tocaba el puente de mi nariz y presionaba mis ojos cual jaqueca que amenazaba con pronto aparecer.
—*¿Qué hay de ti?, ¿Qué te ha traído por aquí?*
Lo cierto es que eso último fue solamente pronunciado en mi cabeza porque efectivamente había caído en los brazos de morfeo, siendo empujada hacia el frente donde bien podría impactar contra el chico o contra una cama de flores blancas, cualquiera de las dos… lo siento tanto.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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